El agronegocio parece haber dejado el centro del escenario económico argentino: hoy, las luces enfocan a otros segmentos que, por su importancia estratégica en el desarrollo mundial y por el volumen de las inversiones prometidas, se consolidan como los grandes protagonistas.
Esto incluye desde la energía y el petróleo, con particular énfasis en el yacimiento de Vaca Muerta en Neuquén hasta la minería, en particular el litio. Sin embargo, cuando se pone especial atención en los números o cuando se analiza el enfoque predominante en la última edición de Expoagro, se confirma que la agroindustria continúa siendo parte central del futuro de nuestro país.
En efecto, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía confirma que el sector viene de un 2025 que fue récord, tanto en producción (sólo el trigo reportó 27,8 millones de toneladas, 26% por encima del máximo anterior alcanzado en 2021/22) como en exportaciones, donde las ventas externas superaron los US$53.000 millones.
En el caso de Expoagro, un verdadero termómetro de lo que ocurrirá en la industria en los siguientes doce meses y más allá, quedó en claro que el agronegocio está en plena transformación.
Esta revolución se sintetiza en tres ejes. El primero, el salto tecnológico: la irrupción de la inteligencia artificial (IA) y el uso integrado de datos para la toma de decisiones en tiempo real empiezan a redefinir la lógica productiva. En particular, en el segmento AgTech, Argentina cuenta con unas 400 startups que operan en todas las cadenas de valor agroalimentaria y en todas las etapas productivas. Esto la posiciona como líder regional.
Expoagro 2026: “La realidad es que notamos muchas más consultas que los otros años”
El segundo es la sostenibilidad, entendida como producir más con menos recursos, con avances en biotecnología que apuntan a mejorar rendimientos con menor impacto ambiental. El fenómeno es global: Precedence Research estima que el tamaño de mercado de la biotecnología fue de US$1,77 billones en 2025 y que ascenderá a US$6,34 billones en 2035. Sin embargo, la oportunidad es particular para nuestro país: un reporte de 2023 ubica a la Argentina en el top ten del ranking mundial en este segmento.
El tercero es el financiamiento: más de US$ 10.000 millones en solicitudes de crédito durante la mencionada exposición reflejan una fuerte expectativa de inversión y renovación de capital.
Matriz productiva argentina
El agronegocio se caracteriza por su capacidad de adaptación. A lo largo de su historia, supo reinventarse frente a contextos adversos y capitalizar oportunidades. Por eso, no es de extrañar que hoy el campo argentino sea, además de aquello que lo define por tradición, software, datos, biotecnología, logística y finanzas. Entre los nuevos desafíos, se cuenta la necesidad de dialogar con los nuevos vectores de la matriz productiva. La energía y la minería no son competencia: son complemento. La clave está en construir una matriz diversificada, donde el agronegocio aporte su capacidad exportadora, su innovación constante y su arraigo territorial.
También hay un cambio cultural en marcha. Las nuevas generaciones ya no llegan solo por herencia, sino por elección. Ven en el agronegocio un espacio dinámico, con impacto real y proyección profesional.
En este escenario, uno de los principales desafíos es el talento. Se necesitan perfiles capaces de moverse en entornos híbridos, donde conviven la tradición productiva con herramientas digitales y modelos de negocio innovadores.
Las carreras vinculadas al sector tienen un rol central: ya no alcanza con una formación técnica tradicional. Se necesitan profesionales que integren conocimientos de agronomía con analítica de datos, gestión de procesos, sostenibilidad, tecnología aplicada y visión de negocio con mirada estratégica.
Deben ser capaces de interpretar sistemas complejos, tomar decisiones basadas en datos y entender al agronegocio como parte de una cadena de valor más amplia, conectada con la industria, la tecnología y los mercados globales. Al mismo tiempo, necesitan desarrollar habilidades blandas: adaptabilidad, pensamiento crítico y capacidad de innovación, atributos cada vez más determinantes en contextos de alta incertidumbre.
Apostando a un nuevo talento para el agronegocio, la Argentina puede entrar en un territorio win-win: aquel en el que amplía su matriz productiva sin subestimar al campo, uno de sus sectores más competitivos.