A su paso ciertos gobernantes inclinan la cabeza, otros doblan el torso hasta parecer monigotes y, los más atrevidos y menos amantes de su propio terruño, le institucionalizan legalidades que faciliten la instalación de su empresa y brinden cobertura legal a sus actividades.
Ese es el caso argentino.
Nuestro suelo, que también cobija un pueblo (cuando así se constituye) y una patria que aún conserva mayores que menores galas históricas de dignidad, aunque hoy cueste expresarlas en movimiento (y en Movimiento), asiste a la llegada casi vecinal de Peter Thiel y su nada moderno concepto del capitalismo sin democracia y la avidez por hallar en este país el lugar de impulso para “su” IA, que no es la abstracta y científica inteligencia construida desde algoritmos, robótica y procesadores múltiples y potentes, sino la que le sirve a él, sus intereses y tal vez los de quienes lo cobijan amablemente y con rentabilidad asegurada.
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Para dar un solo ejemplo que no nace de las entrañas del régimen coreano del Sur ni de gobiernos autoritarios, represivos e intolerantes, en estos días la Unión Europea estudia multar fuertemente a Instagram y a Facebook por incumplir normas comunitarias. Las redes fueron investigadas durante dos años y según informa France 24 incumplen la Ley de Servicios digitales donde apuntan a Meta como matriz de esas plataformas y la acusan de no evaluar adecuadamente los riesgos de adicción que hilvanan.
La investigación toca concretamente herramientas como el scroll infinito, las reproducciones automáticas de videos, las notificaciones y el altamente personalizado sistema de recomendaciones que utilizan. Dejo claro: No es la IA la que está en penitencia, aunque Thiel es inversor en esa empresa, pero vale el modo en que una entidad supra estatal toma en sus manos la autoridad regulatoria frente a poderosos empresarios.
Polvo en el viento
En Argentina y con este gobierno, se marcha a la inversa, se desregula, se quitan protecciones a los pactos democráticos de las sociedades que indefectiblemente se verán agredidos por una IA libre de hacer lo que quiera. No existe una idea de soberanía tecnológica (cosa nada extraña ya que tampoco existe ese concepto tan valioso para el alma nacional, en ningún otro espacio de la gestión libertaria) que muestre como se limita, desde intereses propios la voracidad privada.
Y los anuncios de RIGI y SUPER RIGI siguen la senda de la alharaca pomposa en la verborragia mileista donde todo lo que se dice hay que dividirlo por cien para encontrar, en ese mínimo lugar del fondo de la verdad, algo concreto. Existe la pasión en el gobierno por el énfasis de la nada y darle pomposidad a un lenguaje devaluado.
En el RIGI, aún no hay aprobado ningún proyecto tecnológico y el onirismo de Milei acerca de una Argentina eje de la IA flota en un viento, que cada vez lo lleva más lejos del país (a pesar de Thiel). No hay apoyo alguno, en estos momentos, de inversiones en la materia. Lo cual tampoco traería un beneficio real en dos aspectos, en lo tributario y en lo ambiental ya que ambos espacios, alejados del control público se convierten en arietes peligrosos para la estabilidad económica y ecológica del pais.
Veamos que estos proyectos solo tributarían la mitad del 1% en Ingr.brutos, cero % en Ganancias y sin obligación certera de contratar mano de obra local y empresas Pymes proveedoras locales, mientras el Estado Nacional se retira, por ley, de actuar durante veinte o treinta años contra cualquier situación desfavorable para Argentina que acaezca en ese periodo.
Y claro, pueden ocurrir fuertes desbalances (¡imaginemos todo lo que puede ocurrir en 30 años!) en la utilización de recursos naturales, como para abastecer la infraestructura de alguna inversión de IA (en caso que las hubiera) en el campo del aprovechamiento excesivo de gas, energía en general, agua y minerales estratégicos).
No es perniciosa la inversión privada, y en el caso de las extranjeras es correcto alentarlas pues pueden colocar en el pais importantes recursos económicos que dinamicen nuestra economía. Pero con regulaciones normales como se hace en cualquier pais, menos el nuestro donde el RIGI y el Súper RIGI conforman un manual de “baratura” ética nacional y sometimiento humillante ante el capital que llega, como está ocurriendo hoy con las inversiones en hidrocarburos y explotación minera.
Retornando a la IA destacamos que gran parte del mundo está tomando distancia del “optimismo-tecnológico-conservador” al estilo de Palantir y de nuestro casi vecino Peter Thiel, y buscan la defensa de espacios profesionales, productivos, industriales, comerciales que se verían afectados y reemplazados por una IA desregulada.
También evitan y debemos imitar, el dejar en manos privadas ciertas decisiones que pueden pasar por el dominio de quien maneje el algoritmo en áreas de fuerte sensibilidad poblacional y social como los datos que derivan de centrales hidroeléctricas, centros de salud, transporte, sistema bancario y redes energéticas de todo tipo. Asegurar ésta provisión básica de calidades de vida “es más viejo que el viento” y debe seguir soplando.
Comienza a haber resistencia, en otros lados claro, en otros países, a la anomia, esa descripción que Durkehim y luego Robert Merton hacen del “estado de desorientación, falta de cohesión y perdida de normas que sufre una sociedad debido a crisis económicas y cambios rápidos” y más temprano que tarde llegará a Argentina. Y ese camino lo alumbrará con destellos brillantes la gran encíclica del Papa León XIV Magnifica Humanitas.