El proyecto de reforma laboral, tratado en el Senado el día de ayer, se presentó como controversial desde el comienzo. Pero también fue un caballito de batalla para el Gobierno, que buscó, por todos los medios, su aprobación.

Tal es así que hasta aceptó cambiar su modus operandi. Ante un gobierno que nos tiene acostumbrados a la confrontación y al “todo o nada”, la última sesión del Senado demostró un inusual pragmatismo. Los ministros de Milei participaron de incontables mesas de discusión, tuvieron reuniones con gobernadores, sindicatos y opositores y hasta última hora se mostraron abiertos a debatir para lograr su objetivo.
Fue recién el martes 10 que la senadora Patricia Bullrich confirmó que el acuerdo estaba “100% cerrado”, aunque luego recibió algunos cambios más. Los gobernadores se mostraron siempre como los ejes fundamentales para que el proyecto progrese y los sindicatos fueron otro bastión usado a favor.
En este sentido, el gobierno de Javier Milei parece haber entendido, tarde, una lógica que resulta obvia, es mejor tener una ley aprobada que una ley perfecta. Tal estrategia no había sido interpretada durante los debates de la famosa “Ley Bases”, que combinaba reformas económicas, fiscales, administrativas, previsionales, laborales y regulatorias bajo un único proyecto y era presentada por el gobierno como intocable, lo que los llevó a ganarse muchos enemigos y perder votos que podrían haberse consensuado.

Este 2026, el bloque encabezado por Patricia Bullrich, se presenta por primera vez bajo un lema de negociaciones técnicas y acuerdos silenciosos, en detrimento de aquel que ejercía presiones públicas y trataba de convencer con el discurso. Asimismo, esto abre la teoría de despersonalización de la imagen del presidente, quien siempre se cargó las campañas al hombro, pero esta vez cedió el control.
Las negociaciones
La Libertad Avanza, sin aliados, cuenta, en el Senado, con un total de 20 bancas contra 28 de Fuerza Patria. Por ese motivo, necesitó juntar fuerzas de todos los frentes para que el poroteo saliera a su favor.
Teniendo eso en cuenta, los sindicatos se encargaron de cuestionar aspectos que los perjudicaban directamente, como las reducciones de los “aportes solidarios” a los gremios, que lograron mantener por dos años con apenas una baja de un 0,2%, y la continuidad de cargas destinadas a obras sociales, que seguirán siendo del 6%.
Sus negociaciones fueron implícitas, sobre todo a través de senadores peronistas, gobernadores aliados y presión pública, pero igualmente lograron el objetivo.
Los gobernadores hicieron lo propio y aprovecharon para plantar sus exigencias. Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca), fueron los principales gobernadores dialoguistas. Si bien respaldaron públicamente la idea de la reforma, pusieron como condición negociada que se compense a las provincias por la pérdida de recursos coparticipables, sobre todo por cambios en ganancias vinculados al proyecto, que tenían un impacto estimado en más de 2 billones de pesos. Juan Pablo Valdés (Corrientes) también se mostró abierto a la negociación haciendo hincapié en la modificación de puntos fiscales.

Sumado a ello, el Senado se presenta como la cámara de la representación de las provincias y eso es lo que el gobierno, esta vez, supo leer. Los gobernadores se conformaron como garantes de la gobernabilidad y, ante una cámara alta sin mayoría, como la pieza fundamental para lograr los objetivos proyectados.
Además, los senadores provinciales actuaron en línea con sus intereses provinciales, solicitaron garantías fiscales, protección de sus economías regionales y límites a cambios que impactaran en el empleo local. Dejaron la ideología de lado y es por ello que se explican las concesiones del gobierno.
Vacaciones y despidos: los puntos clave de la reforma laboral aprobada por los senadores
De ahora en más, queda pendiente la cuestión de si fue un acuerdo de una única vez o si los representantes provinciales regresan como árbitros del sistema político. Lo que es un hecho es que el debate por la reforma laboral funcionó en una lógica de nación-provincias y no de oficialismo-oposición.
Análisis final
Aunque esto pueda generar incertidumbre en un ala más radical del grupo libertario, la postura del Gobierno el miércoles 11, y todos los días previos, demuestra un gobierno institucionalizado, abierto a la negociación y dispuesto a ceder. Esto genera un aumento de gobernabilidad, ya que, en base a la mejora de las relaciones, se pueden proyectar nuevos consensos. Además, tiene un impacto positivo en los mercados, que dan el visto bueno al diálogo de representantes nacionales y provinciales.
La creencia de que estamos frente a un “nuevo Milei” sería ingenua y también apresurada. Lo que es certero es que el debate por un proyecto trascendental como la “Modernización Laboral” se concretó, en el Senado, priorizando la institucionalidad como camino a conseguir votos.
El Senado fue el recordatorio de que gobernar exige convicciones, pero también votos, sin los que avanzar parecería imposible. El presidente combativo no desapareció, pero al menos por ahora convive con un presidente dialoguista al que no estábamos acostumbrados.
RG