sábado 25 de junio de 2022
OPINIóN Huellas de una Belle Époque

Patrimonio, una excusa para hablar de otros valores capitales

El anecdotario que hay alrededor de las edificaciones históricas nos ponen a pensar en si hoy sería posible recrear los principios morales de la sociedad argentina de aquellos tiempos. 

05-11-2021 12:32

Poner la lupa en la calidad edilicia del acervo arquitectónico del período comprendido entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX suena tentador para evocar las huellas de una Belle Époque importada del Viejo Continente. Pero mejor es hurgar en el anecdotario que hay alrededor de las edificaciones históricas pues nos ponen a pensar en si hoy sería posible recrear los principios morales de la sociedad argentina de aquellos tiempos

Para ello, será preciso dejar de lado cierto prejuicio real o arbitrario sobre el hecho de que la aristocracia porteña encargaba la construcción de residencias lujosas por pura vanidad, y que acordemos  previamente que los hacedores de la metrópolis moderna -decisores políticos, propietarios y desarrolladores- depositaron en cada ladrillo su mas íntimo orgullo patriótico.

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Para sostener esta teoría, citaré un ejemplo: El Palacio Errázuriz de Av. del Libertador al 1900. Se trata de una de las mansiones mas elegantes de la ciudad y fue encargada por el diplomático chileno Matías Errázuriz y su esposa Josefina de Alvear.  

Tras la muerte de Josefina, la propiedad fue vendida junto con todas las obras de arte al estado nacional por un precio irrisorio porque desde el primer día fue proyectada con el noble propósito de que se co4nvirtiera en museo. Así es que hoy alberga a la Academia Argentina de las Letras, la Academia Nacional de Bellas Artes, al Museo Nacional de Arte Decorativo y al Museo Nacional de Arte Oriental. 

 

Palacio Barolo - Errázuriz 20211105
El Palacio Errázuriz, ubicado en Av. del Libertador al 1900, hoy alberga a la Academia Argentina de las Letras, la Academia Nacional de Bellas Artes, al Museo Nacional de Arte Decorativo y al Museo Nacional de Arte Oriental. 

 

Podría citar páginas enteras con actos encomiables del pasado no siempre por parte de las familias influyentes de entonces sino también de obreros de la construcción que extendían su jornada laboral haciendo algunas horas "ad honorem" por la mera satisfacción de formar parte del legado patrimonial que estaban levantando con su manos.

Confieso que más de una vez me he preguntado si en el actual contexto socioeconómico podría haber algún espacio para nuevas epopeyas vernáculas de tono altruista. 

La respuesta es un sí categórico, y a las pruebas me remito. En Defensa 755, hay un sitio conocido como el Zanjón de Granados que exhibe bajo tierra reliquias de la Buenos Aires colonial. Su historia comienza en 1985 de la mano de Don Jorge Eckstein, químico y empresario de raíces húngaras que, con buen tino, puso al descubierto casi cuatro siglos de vida porteña cuando desestimó un muy redituable emprendimiento comercial en pos de una aventura a las mismísimas entrañas de Buenos Aires. 

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Don Jorge halló túneles construidos hacia el 1780 por familias adineradas que pudieron entubar por cuenta propia el arroyo que pasaba por el lugar, conocido con el nombre “El Tercero del Sur”. 

El lugar es algo así como un templo, un calendario vivo que muestra las cicatrices de los cursos de agua y hasta del conventillo que hubo allí en 1830.   

Así como Don Jorge supo frenar a tiempo la piqueta, el arquitecto Fernando Carral, con el apoyo de la Embajada de Italia, el gobierno porteño y el aporte de empresas privadas, hizo una pausa en su trabajo habitual y se propuso encender otra vez y para siempre el faro del Barolo e iluminar Buenos Aires desde la cúpula del palacio de 22 pisos inspirado en la Divina Comedia.

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Lo logró en octubre de 2009, pero no fue fácil y no faltaron los traspiés. Según cuenta la leyenda, a la hora señalada y ante la mirada ansiosa de los presentes, saltó una térmica y el faro ícono del Bicentenario no hizo su gracia.  

Como si Dante Alighieri hubiera estado con ganas de hacer un inoportuno chascarrillo, hubo que esperar unos minutos para que se iluminara el cielo porteño. La luz no se apaga desde entonces y ya hay un plan para que el faro ubicado a 100 metros de altura sobre la Avenida de Mayo al 1300 anuncie el fin de la pandemia, así como en 1945 marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

Es esperanzador saber que existen estos quijotes autóctonos y contemporáneos, muchas veces invisibles que, sin hacer ruido, logran perforar el túnel de la tiranía mercantil para que veamos un rebrote de los principios éticos que creíamos extraviados.  

Cúpula del Palacio Barolo 20211105
El faro del Palacio Barolo ilumina Buenos Aires desde la cúpula del palacio de 22 pisos inspirado en la Divina Comedia.
Foto: Ivan Buenosaires.

 

Carral sigue usando su gorra de lana con visera "Made in China", su morral marrón de cuero y unos mocasines añosos bien lustrados pero, como ya sabemos, hay acciones que no tienen precio