OPINIóN
Reclamo de Soberanía

Milei no va a recuperar Malvinas a los besos con Trump

La cadena nacional de este jueves fue una respuesta algo obvia y tardía. No es por el interés real en Malvinas, sino por preocupación sobre la propia supervivencia política.

Milei & Trump
Milei & Trump | CEDOC

Javier Milei se acordó de que las Malvinas son argentinas y de que es su deber constitucional sostener el reclamo de soberanía. Solo le llevó 32 meses de su mandato. Igual se celebra.

La cadena nacional de este jueves fue una respuesta algo obvia y tardía. No es por el interés real en Malvinas, sino por preocupación sobre la propia supervivencia política. Llega después de semanas de caída en las encuestas. Y aparece un mes y medio después de que el reclamo de soberanía se reinstalara en la agenda por la bandera del Mundial. Esa misma bandera había dejado al oficialismo en offside: el propio Milei pidió no politizar el fútbol y mantener la cuestión por vías diplomáticas, inertes hace décadas.

Milei busca sobre todo cambiar de conversación. Desde que terminó el Mundial y empezó a precalentar la campaña para las próximas elecciones, el tema excluyente fue económico. Deuda, morosos, ingresos, la micro que no arranca, la macro que no alcanza. El oficialismo perdió la pelea discursiva en la materia: después de prometer los mejores 18 meses de la historia, sus periodistas militantes terminaron argumentando que está bien que un médico sea mesero o remisero para llegar a fin de mes. El presidente prometió una inflación minorista que empezara con cero en agosto y celebró (mintió) la baja de la mayorista. Buscó copar la conversación sobre las deudas con un largo análisis a favor de Marcos Galperín. No anduvo. Lo de que nadie le puso una pistola en la cabeza a los morosos tampoco. Lilia Lemoine dijo que peor sería que te rompan las piernas. No se entendió si era a favor o en contra.

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La cadena nacional de 15 minutos, mal encuadrada por el flamante especialista en comunicación Santiago Oría, no aportó grandes novedades. Toda la normativa anunciada ya existía. La base naval que prometió Milei en Ushuaia empezó a construirse en 2022 y quedó frenada por la obra pública cero del credo libertario. La novedad es que sería compartida con Estados Unidos, porque hay soberanías y soberanías. Las sanciones a empresas que participen del proyecto de explotación petrolera en Malvinas puede llegar a generar alguna reacción, pero parece difícil creer que derive en algún avance real en el reclamo.

Todo parece mucho menos creíble cuando se recuerda que el presidente se declaró fan de Margaret Thatcher y que en su discurso del 2 de abril de 2025 aludió a la autodeterminación de los kelpers. “Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros”, dijo. El aumento en gasto militar, si se produce, será por material desactualizado de la propia OTAN. El gobierno argentino no protestó, o lo hizo poco y muy tarde, ante el inicio de las operaciones en Sea Lion y ante las incursiones británicas en Mar Argentino. El presidente ni siquiera habló del estrecho de Magallanes el jueves cuando fue a visitar a Kast en Chile. O sea, digamos, principio de revelación.

Milei nacionalista: aún no hemos visto todo

La única novedad del tema es el supuesto cambio de postura de Estados Unidos, que no es tal. Donald Trump está presionando al Reino Unido para que aumente su gasto en defensa en la OTAN y lo apoye en la guerra con Irán. Y los británicos están negociando mientras intentan ganar tiempo. Listo, no hay mucho más. Que el republicano diga que está “pensando”, que está “todo sobre la mesa” es parte de esa negociación, no un cambio de política exterior real. Hay que ser incapaz o malintencionado para ilusionarse con eso.

El mundo ya es bipolar. China amenaza a Estados Unidos. Donald Trump busca replegarse de regiones donde el dominio estadounidense decayó y consolidar el control sobre la región que domina desde principios del siglo XX: el continente americano, de Alaska a Ushuaia y la Antártida. China se coló en su “patio trasero” mediante su poder de comercio mientras EE. UU. se embarraba en Irak y Afganistán. Ahora quiere recuperar terreno y expulsar al rival. Esas tensiones las vimos en Argentina en las últimas semanas y todo indica que crecerán. Estamos poco preparados.

Estados Unidos necesita controlar el Atlántico Sur porque es clave para su operación naval y militar. ¿Quién es más confiable para esa tarea? ¿Un país aliado estratégico y hermano cultural con el que mantiene un vínculo de hace más de 200 años? ¿O una nación antagonista y rebelde con intereses en conflicto? Milei puede ser muy amigo de Trump, pero hay elecciones en 13 meses y el amigo puede ser otro. Estados Unidos no tiene aliados permanentes, sino intereses permanentes.

Recuperar Malvinas no depende de una cadena nacional y un par de tuits. Es un camino largo que va a requerir el desarrollo continuo y prolongado de la Argentina, materia en la que fracasaron todos los gobiernos de los últimos 50 años. Hace falta infraestructura, desarrollo nuclear, crecimiento poblacional, recuperación del aparato militar. Y el gobierno libertario a duras penas puede sostener un superávit. El alineamiento automático con Estados Unidos puede ser necesario en el mediano plazo, pero no va a alcanzar. Milei no va a recuperar Malvinas a los besos con Trump. De otra forma tampoco.