Detrás de la cámara que registra a Javier Milei en un plano picado permanente, Santiago Oría debió ensayar esta semana un movimiento atípico: atajar los penales de una descarnada interna palaciega. El realizador audiovisual del oficialismo, consolidado como Director de Realizaciones Audiovisuales de la Presidencia, quedó en el centro de las miradas tras una serie de cortocircuitos institucionales generados por bots mal programados que dejaron expuesta una discusión liberal en X.
Los trascendidos sobre una supuesta reformulación de la matriz comunicacional del Gobierno ganaron espacio, exponiendo las tensiones que cruzarían el anillo de máxima confianza de la Jefatura de Estado.

El escenario cobró relevancia luego de que PERFIL reveló este 26 de agosto la denominada "fatiga digital" del Poder Ejecutivo, un fenómeno de desgaste métrico expresado en la caída del impacto de las cuentas oficiales. En los pasillos de la Casa Rosada se especula con un presunto avance de la terminal de Karina Milei, orientada a dotar de un sesgo más doctrinario al relato gubernamental.
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Esta hipótesis ubicaría a Oría como una pieza clave para disputar el control de la narrativa pública, un territorio asociado a Santiago Caputo. Sin embargo, el desembarco del cineasta en las plataformas digitales habría expuesto las fricciones de una incipiente guerra de guerrillas comunicacional.
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Al barro de las desmentidas institucionales se sumó un tropiezo técnico que expuso las costuras de la infantería digital del karinismo. En su afán por potenciar mensajes favorables a la gestión, el equipo del realizador audiovisual habría incurrido en un error de programación al desplegar una presunta red de cuentas automatizadas.
La maniobra, destinada a generar un falso clima de consenso en las redes, terminó convirtiéndose en un búmeran de burlas y suspicacias políticas por parte de la oposición y de los analistas del sector tecnológico.
Según la revista Noticias, la urgencia por copar la agenda pública dejó al descubierto el funcionamiento de una "granja de bots" deficientemente configurada. El detalle de la filtración reportó la irrupción de perfiles extranjeros con denominaciones como “oxhusk” y “glyphrot”.
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El error informático crucial radicó en que los mensajes de apoyo incluyeron el comando técnico "Reply", delatando la matriz artificial de la interacción y quebrando la pátina de organicidad que el relato oficial suele pregonar.

El furcio de Ravier sobre la comunicación oficial
La trama palaciega sumó confusión administrativa durante la habitual conferencia de prensa en la Casa de Gobierno. Ante la consulta sobre las atribuciones de Oría en las redes oficiales, el vocero Adrián Ravier ensayó una respuesta ambigua: "Entiendo que sí".
La confirmación informal actuó como un detonante inmediato en el ecosistema de medios y encendió las alarmas operativas. El impacto obligó a la Jefatura de Presidencia a activar un rápido operativo de contención de daños para relativizar las versiones de un desplazamiento interno.
Horas después, Ravier debió utilizar su cuenta oficial en X para emitir una desmentida, asegurando que no se habría producido ningún cambio en el organigrama formal del Estado. De manera casi simultánea, Oría replicó el mensaje del vocero en un intento coordinado por disipar los trascendidos de una fractura expuesta dentro del denominado Triángulo de Hierro de Olivos.

El accidentado video del cineasta de Milei, Santiago Oría, tropezando en un acto
En el círculo rojo, la desmentida oficial fue leída como un síntoma de improvisación y recelo táctico que imperaría entre las facciones que se disputan el pulso diario de la comunicación gubernamental.
Oría, al contraataque de las segundas líneas libertarias
La respuesta del cineasta frente a las críticas no tardó en exacerbar los ánimos de la interna libertaria. Lejos de apelar a la prudencia, Oría arremetió en sus redes con un posteo deliberadamente hostil que incluyó una frase tajante dirigida a sus detractores: "Larguen la merca".
El exabrupto profundizó el malestar y habría generado un fuerte pase de facturas puertas adentro de la militancia oficialista, donde conviven visiones contrarias sobre el profesionalismo de la comunicación estatal.

La transmutación de Oría de realizador estético a divulgador ideológico —a través de los cuadernillos que distribuye desde su Círculo de Pensamiento Liberal— chocaría con el pragmatismo de las segundas líneas.
La interna de Olivos, la brecha Milei-Caputo y el delirio del ecosistema mediático
De acuerdo con versiones del entorno de los influencers libertarios, las huestes alineadas con Santiago Caputo habrían iniciado un apagón digital. En un gesto de sutil venganza palaciega, estos sectores comenzaron a deslizar mensajes irónicos reclamando el retorno de técnicos como Fernando Cerimedo para ordenar los servidores, evidenciando el recelo que despierta el apuro por controlar el relato y la agenda.
Las vueltas de la vida suelen jugar pasadas incómodas en la arena pública. Mientras el cineasta oficial de Javier Milei intenta calibrar el código informático de sus plataformas de contención, las redes sociales reflotaron un viejo blooper de la campaña de 2023, donde se observa al realizador sufrir un aparatoso tropezón físico durante un acto partidario.
En los pasillos de Balcarce 50, donde el misticismo del algoritmo parece ceder ante la fatiga de la gestión, la anécdota opera como una metáfora flotante sobre los riesgos de perder el equilibrio en la primera línea del poder. Con las redes sociales en disputa y los manuales de doctrina listos para el combate, el destino de la narrativa oficial permanece abierto en Olivos.
NG