OPINIóN
Perdidos en la modernidad

Imaginando un país para nuestros nietos

La justicia, educación, salud y economía son “caóticamente disfuncionales”, no responden a un plan estratégico, con objetivos a largo plazo y para el bien común. “Muchas leyes y reformas propuestas se preocupan por mejorar negocios particulares, antes que resolver graves problemas sociales”.

Rosas y Sarmiento 30042026
Rosas y Sarmiento. | Collage

La estrategia es el arte de planificar y aplicar—medios y métodos— para alcanzar objetivos o fines. Es un conjunto de decisiones y un plan detallado, diseñado para alcanzar logros a mediano y largo plazo en las condiciones siempre prevalentes de incertidumbre.

Conecta la teoría con la acción mediante la gestión de recursos, y la determinación del uso óptimo de los elementos disponibles o alcanzables. Implica priorizar recursos y definir una dirección que implique sólidas ventajas competitivas.

Se diferencia de la táctica e implica una planificación de nivel superior para imaginar un puerto de destino. Toda estrategia debe equilibrar operacionalmente los objetivos (fines deseables y alcanzables), con los métodos (táctica) y los recursos (o medios) disponibles.

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La estrategia de Juan Manuel de Rosas (1829-1852) se basó en el centralismo porteño, el control férreo de la aduana y los ingresos, y la total eliminación de la oposición mediante ejecuciones y el terror político.

Su enfoque consolidó el poder bajo la fachada de un federalismo, mientras lideraba dictatorialmente la Confederación. El uso de la aduana protegía industrias locales, pero principalmente aseguraba el manejo del comercio exterior, la apropiación de los recursos y el freno a cualquier desarrollo económico fuera de su control personal.

Frente a Rosas, la estrategia de Domingo Faustino Sarmiento fue catapultada hacia la modernización y transformación de la Argentina, bajo el lema de "civilización o barbarie" la cual se consolidó principalmente durante su propia presidencia entre 1868 y 1874.

19 ideas de Sarmiento que le cambiaron la vida a los argentinos y que todavía están vigentes

Esta dicotomía civilización o barbarie, apuntaba a desterrar y eliminar el caudillismo (la barbarie) y reemplazarlo con el orden, la educación y la cultura europea (la civilización). Fomentaba también la organización territorial con la creación de municipios, como sustento a una democracia directa y la inversión en infraestructura para conectar el territorio y la circulación de bienes y servicios.

La escritura era su herramienta más poderosa, utilizando sus obras como un catalizador para la acción y para influir en la opinión pública mediante la crítica comparativa -consecuentemente destructiva - a todo lo anteriormente implementado por Rosas.

Cabe recordar que durante el largo gobierno de Rosas la educación se caracterizó por la ideologización, el control y la total desinversión en la enseñanza pública. Se abandonó la educación pública gratuita y la obligatoriedad escolar, que fueran promovidas por Bernardino Rivadavia entre 1810 y 1827 (una política educativa inspirada en la Ilustración europea, la creación de la UBA, el método lancasteriano y el impulso a la educación femenina).

Frente a esto, Rosas impuso una educación excluyente, privada y paga (mayormente religiosa). Se exigía en las escuelas una adhesión a la ideología de la divisa punzó y el total control de los materiales docentes (esto último en similitud a lo impulsado por los gobiernos peronistas y el kirchnerismo).

Según Sarmiento, la clave estratégica para derrocar ese oscurantismo era nuevamente la educación popular, sentando así bases para la prosperidad y una verdadera democracia esencial para formar ciudadanos y combatir ignorancias impuestas.

Para ello citaba a Adam Smith quien un siglo antes defendió la educación pública y obligatoria; basándose en esa concepción del escocés, Sarmiento sostenía también que la educación era la única actividad que no seguía las reglas del mercado de oferta y demanda.

Para Smith era vital una financiación de su mayor parte por parte del Estado, pero también por la aplicación de pequeñas cuotas estudiantiles con el objeto de fomentar la adhesión comunitaria de padres y alumnos.

Rosas impuso una educación excluyente, privada y paga (mayormente religiosa); para Sarmiento, derrocar el oscurantismo era la educación popular, base de la prosperidad y una verdadera democracia"

Según él, era el único modo de prevenir el estancamiento intelectual de los trabajadores causado por la división del trabajo; siendo esto no solo una necesidad moral, sino ante todo un componente crucial para fomentar una sociedad más inteligente y ordenada.


La modernidad del país

La modernidad argentina de los siglos XX y XXI desperdició muchas de estas valiosas enseñanzas (no obstante, la formación de miles de buenos profesionales); todo prevaleció bajo el control de las autocracias corporativas de turno, las cuales fueron ejercidas tanto por militares, sindicalistas, empresarios y muchos… muchos políticos de invisible formación ética (seguidores todos de un solo fin… el poder hegemónico que siempre justificó todos los medios).

Smith sostenía que ningún mercado puede funcionar sin una base de justicia, confianza y sensibilidad moral (como argumenta en toda su otra obra). Por ello criticó duramente los monopolios y la colusión empresarial, afirmando que las empresas rara vez se reúnen sin intentar idear planes para aumentar sus precios en detrimento del interés público.

Él también argumentó que la justicia es la virtud fundamental necesaria para la supervivencia de la sociedad, afirmando que “la sociedad no puede subsistir a menos que las leyes de la justicia se observen de manera tolerable”.

Adam Smith sostenía que ningún mercado puede funcionar sin una base de justicia, confianza y sensibilidad moral; Sarmiento lo citaba"

Describió la justicia como el “pilar principal que sostiene todo el edificio de la interacción humana”, argumentando que, si bien la sociedad puede funcionar sin caridad (benevolencia), se destruirá ante la prevalencia de la injusticia.

Sintetizando el punto, podríamos afirmar que la modernidad argentina nos ha legado sistemas institucionales centrales (justicia, educación, salud y economía) caóticamente disfuncionales. Careciendo de una planificación estratégica de nivel superior, no hemos podido imaginar para ellos un sendero conducente a un buen puerto de destino (“el interés general”), sino una ocasional maximización de diferentes intereses particulares.

Aun hoy vemos muchas leyes existentes y aun reformas propuestas (tal la Ley de Salud de Mental a la que nos referiremos en subsecuentes trabajos), más preocupadas por mejorar negocios particulares, antes que resolver graves problemas sociales. Ni que hablar de la falta de “fallos judiciales” que permitan trazar un límite claro a la injusticia.

Sin dudas en este entorno destructivo en el que hemos estado viviendo, Rosas (el “antiimperialista patriótico” que vivió en la opulencia y se refugió en Inglaterra) se hubiera sentido realizado; mientras que Sarmiento que vivió y murió en la austeridad, continuaría hoy refunfuñando a diestra y siniestra con la esperanza de que alguna vez logremos cambiar.

Estrategia de futuro

Una estrategia de futuro (pensar un país para nuestros nietos) debiera imaginarse con los cuatro aspectos que equilibran operacionalmente los objetivos, los métodos y los recursos que continúan y continuaran caracterizando la mayor competitividad de los países.

Un Sistema judicial éticamente capaz (dejemos a otros definirlo), un sistema educativo centrado primero en eliminar de raíz todo foco de agnotología inducida con énfasis primario para repotenciar “inclusivamente” una sólida educación primaria y secundaria así como también la capacidad de estimular el “hambre de aprender y hacer “en la educación superior.

En Salud se debe reconocer el reiterado fracaso, aceptando la necesidad de aplicar las enriquecedoras experiencias exitosas de los Sistemas de cobertura universal y no insistiendo con nuestros múltiples curros imperantes (dicho esto con el significado argentino y no el español).

Asimiladas las tres precondiciones señaladas (justicia, educación y salud) la economía y producción de un país como la Argentina, debiera focalizarse siempre competitivamente en bioindustrías (alimentación, salud y materiales estratégicos), minerales críticos y energía, semiconductores, computación cuántica e IA, así como también en robótica, drones y medios de transporte (trenes de levitación magnética (MagLev), vehículos eléctricos autónomos, y cápsulas aéreas urbanas, etc.).

¿Pueden imaginar a nuestros actuales sindicalistas, empresarios y políticos inmersos en ese necesario entorno productivo futurista? Realmente resulta difícil poder considerarlo.