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OPINIóN / Crisis económica
martes 29 octubre, 2019

Las opciones económicas de Alberto Fernández

Es inútil prohibir la compra de dólares. Lo que hay que hacer es ofrecer al público una alternativa mejor: la indexación de los depósitos bancarios a plazo fijo y un interés del 2%.

por Eduardo Conesa

Alberto Fernández. Foto: Agencia Na
martes 29 octubre, 2019

El presidente electo Alberto Fernández tiene a la vista cuatro opciones históricas de planes económicos alternativos que se aplicaron en la Argentina durante su vida y sobre los cuales puede recordar sus resultados. Primero, el Plan de Gelbard de 1973 y segundo, el Plan Austral de Sourrouille de 1985, ambos fundados principalmente en la congelación de precios. Es sabido que cuando cae abruptamente la inflación, la recaudación fiscal aumenta en términos reales y ello permite reducir fuertemente el déficit fiscal: es la magia beneficiosa pero muy transitoria conocida en la macroeconomía como “efecto Olivera-Tanzi”. Pero a pesar del éxito inicial, vía Olivera-Tanzi, ambos planes terminaron muy mal y el recuerdo de su fracaso estrepitoso persiste en los operadores de nuestra economía al presente, por lo cual estas dos opciones debieran descartarse. 

Una tercera alternativa disponible para Alberto Fernández es lanzar un Plan de Convertibilidad similar al de Domingo Cavallo que terminara en otra catástrofe a fines del 2001, con la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, con una desocupación del 20%, con el corralito, con el default de la deuda externa y la fuerte depreciación del peso en medio de una crisis política de primera magnitud.

Queda la cuarta alternativa relativa al Plan de 2002- 2006, que fue relativamente exitoso en un comienzo, gracias al gran superávit fiscal, al tipo de cambio muy competitivo inicial y a las retenciones sobre las exportaciones con poca elaboración, pero cuando el economista Guillermo Moreno trató de frenar la inflación remanente falsificando los índices, el Plan cayó en un gran desprestigio y finalmente el tipo de cambio real se atrasó fuertemente y el país se estancó. Parece que la fijación del tipo de cambio en términos nominales,cuando los precios y salarios están sujetos a la inercia de las fuerzas inflacionarias, termina por hacer fracasar todos los planes económicos.

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Lo mismo ocurrió con los planes de todos los ministros de Mauricio Macri desde 2015 hasta la fecha. El ministro actual anunció que el propósito central de su política económica era mantener el ancla nominal del tipo de cambio en alrededor de 60 pesos por dólar, y luego 65, para lo cual el Banco Central debía mantener alta la tasa de interés para las LELIQ en el nivel del 75% anual, o superior, hasta el 10 de diciembre para evitar que el público se lance a comprar dólares. Pero la inflación descontrolada de los próximos meses tornará rápidamente poco competitivo al tipo de cambio nominal de 65 pesos por dólar y el público continuará comprando dólares. Todo plan económico que no extirpe de raíz la manía del público argentino de comprar dólares, está destinado al fracaso.

Lo importante es fijar el tipo de cambio en términos reales, no nominales. En otras palabras, la clave del éxito del eventual plan económico de Alberto Fernández será indexar un tipo de cambio originalmente competitivo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para promover las exportaciones y sobre todo promover la inversión de largo plazo para exportar. Esto es lo que necesita la Argentina: exportar más para crear más y más empleos productivos. En los primeros 40 años del siglo XX la Argentina exportaba el 2,5% de las exportaciones mundiales. Ahora exporta el 2,5 por mil, es decir diez veces menos.

El instrumento elegido por el gobierno de Macri en el último año para mantener el tipo de cambio nominal bajo control fue, y continúa siendo, la altísima tasa de interés de las LELIQ, que son simples pagarés del Banco Central a favor de los bancos. Su plazo es de una semana y sus tasas de interés operan como las tasas mínimas de referencia del mercado monetario. En lugar de utilizar los depósitos bancarios del público para re- prestar ese mismo dinero a las empresas productivas privadas, los bancos utilizan los depósitos del dinero de la gente para prestarlo al Banco Central suscribiendo las LELIQ, y dejando así a las empresas privadas productivas sin crédito.

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Las LELIQ generan el ridículo de que, en lugar de ser el Banco Central el que presta dinero a los bancos, sean los bancos los que prestan dinero al Central. El presidente electo debiera terminar con este desatino y rescatar las LELIQ con bonos indexados en pesos con el IPC.

Ante la escasez de crédito bancario, cuando una PyME se ve obligada a descontar un cheque en el banco con el cual opera, le debe abonar tasas de interés del orden del 120% anual para inducir al banco a que sacrifique la renta segura del interés de las LELIQ del 75% anual que le cobra al Banco Central, para prestarle con grandes riesgos a esa PyME. Los riesgos provienen precisamente de la recesión que causan las propias tasas de interés usurarias de las LELIQ. A esas tasas, todas las empresas corren riesgo de ir a la quiebra, a menos que tengan acceso al crédito internacional. Pero solamente las empresas muy grandes y las transnacionales tienen ese acceso. Por eso, al presente, vemos cierres de comercios y de pequeñas empresas todos los días en nuestro país, con importantes aumentos del desempleo. Las altas tasas de interés fueron el factor principal de las victorias electorales del Frente de Todos el 11 de agosto y el 27 de octubre. Las altas tasas de interés de las LELIQ fueron un inmenso regalo electoral de Mauricio Macri a Alberto Fernández. Pero el país no aguanta más esta errónea política de tasas de interés muy superiores a las tasas de inflación.

¿Qué Plan distinto de los fallidos planes anteriores debiera lanzar el presidente electo cuando asuma el 10 de diciembre? Simplemente inaugurar una economía desarrollista anti-timba. Para ello es esencial poner el tipo de cambio en su nivel de equilibrio de largo plazo indexado con el Índice de Precios al Consumidor (IPC), como establecimos antes. Ese tipo de cambio debe ser el consistente con un crecimiento anual del PBI y del empleo del orden de un 8% anual en nuestro país. ¿Cual es actualmente ese tipo de cambio? Todo indica que fue el vigente en 2003- 2007 en términos reales, cuando el mismo Alberto Fernández era Jefe de Gabinete. Según el FMI, ese tipo de cambio, a los precios de diciembre próximo, sería de aproximadamente 80 pesos por dólar. Pero habría que indexarlo con IPC, para que no corra la suerte de ser devorado por la inflación interna, como ocurrió con todos los planes anteriores. Con un tipo de cambio real constante a ese nivel, la tasa de interés real activa de la economía argentina tendría que bajar al 5% real anual.

Con respecto al tipo de cambio real vigente cuando Alberto Fernández era Jefe de Gabinete, ver el gráfico que sigue sobre el tipo de cambio real. Es copia fiel del que está inserto en la página 28 del informe del FMI del 15 de julio de 2019. Para interpretar ese gráfico téngase presente que los economistas del FMI miran el tipo de cambio al revés nuestro: el peso sobrevaluado significa para ellos dólar alto, y peso subvaluado, dólar bajo.

 

Gráfico Conesa

Reitero, para asegurar la baja de tasas de interés y eliminar la timba financiera, Fernández tendría que rescatar las LELIQ transformándolas en títulos a mediano plazo en pesos indexados del gobierno nacional, con una tasa del 2% anual. También tendrían que bajar encajes bancarios e indexar con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) los depósitos a plazo fijo en el sistema bancario nacional para inducir a los ahorristas argentinos a no comprar dólares y además para ello ofrecerles un interés real del 2% anual.

La enfermedad central de la economía argentina actual es la manía del público de comprar dólares para defenderse de la inflación. Con los depósitos a plazo fijo indexados con el Índice de Precios al Consumidor, el que compra dólares se convierte en un tonto porque el dólar mismo está sujeto a una inflación del 2% anual, o sea que el que atesora dólares pierde valor, poco por año, pero pierde. En cambio, con depósitos a plazo fijo indexados se mantiene el valor de los ahorros y se gana un interés real del 2%. Es decir que se le gana al dólar cuatro a cero.

Es inútil prohibir al público que compre dólares con cepos o controles de cambio. Los comprará igual, o en mayor medida todavía. Lo que hay que hacer es ofrecer al público una alternativa mejor: la indexación de los depósitos bancarios a plazo fijo y encima de ello un interés del 2%.

Alguno objetará que la indexación de toda la economía realimentará a la inflación. Pero no es así, por dos razones. La primera consiste en que la indexación de los plazos fijos es el mejor estímulo para que el público ahorre, y el ahorro, por otra parte, es el mejor antídoto contra la inflación. Además, si merced a la aplicación de derechos de exportación, con tipo de cambio competitivo como en 2002- 2006, se genera ahorro público y superávit fiscal. De esa manera la inflación finalmente cederá. La estabilización de la economía será gradual, y se conseguirá en cuatro años, pero se conseguirá.  

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La indexación de la economía debería beneficiar también a los trabajadores en cuyos convenios colectivos de trabajo también podrían introducirse cláusulas de indexación con el IPC, sujetos a otras clausulas de aumento de la productividad. Con salarios indexados, los titulares de créditos hipotecarios indexados con el mismo índice, no se perjudicarán, pero los plazos de los créditos podrán extenderse a 30 años o más.

Además, para poner el broche de oro que consolide de manera permanente la baja en las tasas de interés en nuestro país, el Poder Ejecutivo debería enviar al Congreso un proyecto de ley para invitar a la repatriación de los capitales argentinos fugados al exterior, que suman más de 300 mil millones de dólares, a condición de que se destinen a depósitos a plazo fijo en pesos indexados en el sistema bancario nacional, o también a la compra de acciones de empresas que coticen en las bolsas de comercio del país, en pesos, todo ello sujeto al pago de un impuesto del 1%. Los capitales del narcotráfico y la corrupción deberían quedar excluidos. ¿Qué diputado o senador, sea “albertista” o “macrista”, se opondría a que la tasa de interés interna y el riesgo país bajen radicalmente para que la economía y el empleo se reactiven como por arte de magia?

Con estas medidas y veinte más que he propuesto en mi libro PROPUESTAS SUPERADORAS PARA EL DESARROLLO ECONÓMICO, Prosa Editores, 2018, las exportaciones podrían crecer al 15% anual y el PBI al 8% por varios años. En menos de tres años se alcanzaría el pleno empleo. En ese libro se proponen medidas concretas para mejorar los salarios reales y la productividad de la economía nacional. Así el gobierno que las implemente y las siga constantemente se cubriría de gloria ganando fácilmente todas las ruedas electorales hasta el 2040. 


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