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OPINIóN / Pandemia
lunes 6 abril, 2020

Salud Pública: el ejemplo irlandés frente al Covid-19

La dirigente de izquierda, que es enfermera, realza la medida irlandesa de unificar el sistema de salud, absorbiendo a los privados. "Acá se lo descartó en 24 horas, por presión", dice.

Vilma Ripoll y Celeste Fierro*

Guardia en el Hospital Fernandez coronavirus Foto: Pablo Cuarterolo
lunes 6 abril, 2020

“Este desastre pudo haberse evitado”, dicen en una estremecedora carta médicos de Bérgamo, centro de la pandemia en Italia. Resulta que, tras años de planes de austeridad, fragmentación, privatización y maltrato hacia la salud pública y sus profesionales, los sistemas de salud mundiales colapsaron o están en camino a ello frente al COVID-19.
Irlanda ha sido noticia estas semanas por anunciar una medida inédita en medio de la pandemia: unificó transitoriamente el sistema de salud, poniendo a disposición del Estado la capacidad instalada del sector privado. El ministro Ginés había esbozado una medida que era muy inferior, pero los grandes empresarios de la salud protestaron y el gobierno retrocedió en menos de 24 hs. Estas corporaciones en tiempos de crisis demuestran su verdadera naturaleza, muy diferente a la que difunden en costosas publicidades.

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La incorporación de 2.000 camas al sistema de salud irlandés, aumentando en un 17% la disponibilidad, no fue producto de la cuantiosa donación de Connor McGregor, sino de la medida antedicha. Con las diferencias obvias que hay en cada país, algunas de las medidas adoptadas son un ejemplo, cuando se necesita incorporar las mejores experiencias del resto de los países, a tomar. De la misma forma los testeos masivos: son necesarios para chequear la población infectada y tener datos más fehacientes sobre la situación actual. La OMS lo recomienda no como solución mágica, sino como parte de un plan integral, como lo ha hecho Corea del Sur con 8.152 testeos cada millón de habitantes, o la misma Irlanda, con 6.345, entre otros.

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En nuestro país, luego de la reciente descentralización, los testeos se realizan a razón de 157 cada millón de habitantes y se limita a los casos definidos como sospechosos 1. Estos países con gobiernos conservadores que nada tienen que ver con la izquierda, la necesidad que la realidad les impuso tomar algunas medidas progresivas, reconociendo el fracaso de los sistemas privatizados.
Para centralizar el combate contra la pandemia, ampliar y optimizar los recursos, no se puede ceder a las presiones de un puñado de lobbystas, ni depender de las decisiones de las patronales de la salud: de 8.444 camas disponibles para terapia intensiva en Argentina, 5.928 pertenecen al sector privado. ¿Quién garantiza que serán cedidas cuando aumente el número de casos? Si nos guiamos por la supuesta lógica de beneficencia de Claudio Belacopitt estamos perdidos: en una entrevista con Luis Novaresio dijo estar “a disposición de lo que se necesite”, pero “licenció” a 300 trabajadoras de Swiss Medical sin goce de sueldo en medio de la cuarentena, mientras sigue cobrando cuotas altísimas a sus afiliados. Una solidaridad poco compresible, ¿no?

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La capacidad del Sistema de Salud debe depender del Estado y debe estar controlada por las y los trabajadores de la salud, la primera línea frente a la pandemia, y no por quienes amasaron fortunas mercantilizando la salud.
Hoy más que nunca debe plantearse una política ofensiva de testeos a los jubilados, población de riesgo que estuvo expuesta de forma inhumana al contagio, haciendo extensas horas de fila en los bancos al tener que elegir entre comer o vivir. Un claro quiebre de la cuarentena por responsabilidad del gobierno. A los trabajadores de la salud expuestos al contagio y con magros elementos de bioseguridad.

Pandemia…y después

Desde la izquierda planteamos la necesidad de declarar de utilidad pública los insumos y la capacidad instalada del sector privado, y la producción pública de los medicamentos y elementos de protección para responder a las necesidades inmediatas. Con la perspectiva de unificar todo el sistema de salud, nacionalizando el sector privado para romper esta fragmentación que transforma a salud en un negocio para pocos. Hemos visto el colapso del sistema sanitario, y las medidas que han llevado a esta situación. Es hora de cambiar la lógica de la salud, y dejar de pensarla como mercancía y volver a ponerla como lo que es: un derecho humano universal. Estas medidas nos orientan a ese objetivo. Durante años desde el poder de turno las tildaron como imposibles. Hoy resultan urgentes e imprescindibles.

 

 


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