POLICIA
“Maté a papá, estamos en casa”

El parricidio de General Rodríguez y una historia familiar atravesada por la violencia

El hecho ocurrió entre la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1° de enero en una vivienda de la calle Balcarce al 500. Rubén Darío Bellavigna, de 35 años, está detenido acusado de asesinar a palazos a su padre, Luis Darío Bellavigna, de 64, teniente primero retirado de la Policía Bonaerense. El crimen se descubrió más de 30 horas después, cuando otro de los hijos llegó al domicilio tras no poder comunicarse con la víctima. Otro de los hijos de la víctima se encuentra detenido desde 2022 por un homicidio ocurrido en la misma ciudad.

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Balcarce 531. La casa donde ocurrió el parricidio, la víctima Luis Bellavigna (izq.), policía retirado de la Bonaerense, y su hijo Rubén (centro). | cedoc

El cuerpo de Luis Darío Bellavigna fue encontrado en la cama de su casa del partido de General Rodríguez más de un día después de haber sido asesinado. Tenía 64 años y había sido teniente primero de la Policía Bonaerense. De acuerdo con la investigación, fue atacado mientras dormía con un objeto contundente. En la vivienda estaba su hijo Rubén Darío Bellavigna, hoy detenido como principal acusado del crimen.

La vivienda donde ocurrió el parricidio quedó bajo custodia policial durante varias horas mientras se realizaban las primeras pericias. Personal de la Policía Bonaerense trabajó en el lugar junto a efectivos de Policía Científica, que relevaron la escena, tomaron registros fotográficos y recogieron distintos elementos de interés para la causa. El domicilio fue preservado para evitar alteraciones hasta la finalización de todas las tareas periciales.

El caso salió a la luz cuando otro de los hijos de la víctima intentó comunicarse con su padre sin obtener respuesta y decidió llamar a su hermano Rubén. En esa conversación telefónica, el acusado le dijo: “Maté a papá, estamos en casa”. Tras ese intercambio, el familiar se dirigió al domicilio, donde encontró el cuerpo en la cama y dio aviso al sistema de emergencias 911.

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En el lugar se constató que no había signos de ingreso forzado ni indicios de participación de terceros, un elemento que desde el inicio orientó la investigación hacia el entorno familiar. El acusado fue reducido sin oponer resistencia y quedó a disposición de la Justicia en el mismo procedimiento.

Uno de los aspectos centrales de la causa es el tiempo transcurrido entre el homicidio y el hallazgo del cuerpo. Según la reconstrucción preliminar, el ataque ocurrió durante la madrugada del 1° de enero y no fue advertido hasta pasadas más de 30 horas. Durante ese lapso, el acusado permaneció en la vivienda, un dato que los investigadores consideran clave para reconstruir la dinámica posterior al hecho. ¿Por qué no pidió ayuda? ¿Estaba bajo los efectos de alguna droga?

Ese intervalo refuerza, para la fiscalía, la hipótesis de un ataque sorpresivo y sin posibilidad de defensa. La autopsia será determinante para precisar la data de muerte y confirmar la mecánica del ataque, así como para consolidar la línea temporal que surge de los primeros testimonios y del trabajo en la escena.

En el interior de la casa, los investigadores secuestraron el arma presuntamente utilizada en el ataque: un palo con clavos en los extremos que estaba junto al cuerpo. Durante el procedimiento también se incautaron pequeñas cantidades de estupefacientes para consumo personal y bebidas alcohólicas, elementos que quedaron incorporados al expediente.

Tras la detención, la fiscal Alejandra Rodríguez dispuso una serie de medidas procesales inmediatas, entre ellas el traslado del imputado y el secuestro de objetos hallados en la vivienda. También se ordenó la toma de testimonios a familiares, vecinos y personas del entorno, con el objetivo de reconstruir las horas previas y posteriores al homicidio.

De acuerdo a los voceros, Rubén Darío Bellavigna fue trasladado a sede policial y se negó a declarar ante la fiscalía. Quedó imputado por homicidio agravado por el vínculo y por alevosía, una calificación que prevé como única pena la prisión perpetua.

Asesinos. El caso volvió a poner bajo la lupa a una familia que ya había quedado asociada a un hecho de extrema violencia en General Rodríguez. Otro de los hijos de la víctima, Federico Bellavigna, conocido en el ambiente de la cumbia 420 como “El Más Ladrón”, se encuentra detenido desde 2022 acusado de haber participado en el asesinato de Andrés Federico Costa, un peón rural cuyo cuerpo fue hallado en un campo de la zona con un disparo en la cabeza. Los restos habían sido arrojados a una chanchería y fueron recuperados antes de que los animales los destruyeran por completo.

La investigación de ese homicidio determinó que se trató de un ajuste de cuentas vinculado a actividades delictivas en la zona. Federico fue capturado en la provincia de Salta tras permanecer prófugo durante varios días y quedó procesado con prisión preventiva por homicidio agravado por alevosía y por el uso de arma de fuego, en concurso real con privación ilegítima de la libertad. La causa aún se encuentra a la espera de juicio.

En ese contexto, el nuevo crimen en la familia Bellavigna no es leído por los investigadores como un episodio aislado. Sin formar parte de la imputación actual, la reiteración de ataques violentos aparece como un dato de contexto que atraviesa el análisis del caso y vuelve a situar a la familia en el centro de una investigación por violencia extrema en la misma ciudad.

Un delito poco frecuente, pero extremo

R.P.

Los homicidios cometidos por hijos contra sus padres representan una proporción mínima dentro de las estadísticas criminales en la Argentina. Se trata de un delito excepcional que, cuando ocurre, genera un fuerte impacto público.

El antecedente más emblemático es el de Sergio Schoklender, quien junto a su hermano asesinó a sus padres en 1981 en un departamento del barrio porteño de Belgrano. Ambos fueron condenados a prisión perpetua en 1985, en una causa que marcó un hito judicial y permaneció durante décadas en la memoria colectiva.

Otro expediente resonante fue el de los hermanos Da Bouza, condenados por el homicidio de su padre en la Ciudad de Buenos Aires, ocurrido en marzo de 1998. El caso expuso una convivencia familiar atravesada por conflictos prolongados y fue seguido de cerca por su desarrollo judicial.

Más recientemente, la Justicia condenó a Leandro Acosta y Karen Klein por el doble homicidio ocurrido en Pilar, donde fueron asesinados el padre de Acosta y la madre de Klein. El crimen, cometido en el ámbito familiar y con planificación previa, derivó en penas de prisión perpetua.