La madrugada del martes en González Catán se transformó en un escenario de supervivencia extrema. Un suboficial de la Policía Federal, que se desempeña como custodio directo en el Ministerio de Seguridad de la Nación, fue víctima de una brutal emboscada armada mientras circulaba con su vehículo por las calles del partido de La Matanza.
La secuencia de terror se desató sobre la calle Gallardo al 800. Según la reconstrucción que maneja la Policía Bonaerense, el efectivo de 61 años manejaba su Toyota Etios cuando fue interceptado sorpresivamente por dos motochorros a bordo de una Yamaha. La agresividad fue letal: sin mediar una sola palabra ni exigir la entrega del rodado, los delincuentes abrieron fuego directamente contra la ventanilla del conductor.

Lejos de paralizarse ante el ataque, el policía sacó su arma reglamentaria y repelió la agresión a los tiros desde el interior de la camioneta. El saldo del enfrentamiento fue de extrema violencia. El custodio terminó con un impacto de bala en el hombro, aunque afortunadamente se encuentra fuera de peligro. Los atacantes, en cambio, se llevaron la peor parte: uno huyó con un tiro en la espalda, mientras que el segundo quedó grave y debió ser ingresado de urgencia por sus familiares al hospital Simplemente Evita con cinco balazos en el cuerpo.
La víctima del asalto no es un agente de calle convencional. Pertenece a la División Seguridad y Custodia de la PFA y tiene asignada puntualmente la protección de la funcionaria Alejandra Monteoliva en la cartera nacional. El caso quedó sobre el escritorio del fiscal Adrián Arribas, titular de la UFI Descentralizada N°2, quien trabaja a contrarreloj con la comisaría local para intentar atar los cabos sueltos del ataque y dar con el asaltante prófugo.
Este violento episodio volvió a encender las alarmas sobre la vulnerabilidad de los efectivos en el conurbano bonaerense, un territorio donde la chapa policial y el arma reglamentaria parecen haber dejado de ser un escudo protector para convertirse en un imán para las balas.
Uniformados al volante: la trampa de las aplicaciones
El tiroteo en González Catán expone un drama paralelo que golpea a las fuerzas de seguridad: la necesidad de buscar un segundo ingreso y el riesgo de salir a la calle desprotegidos. Apenas el jueves pasado, otro efectivo de la Federal vivió una cacería similar en las inmediaciones de Villa Palito, en San Justo, cuando manejaba un auto alquilado para una aplicación de viajes. El dato financiero detrás de la tragedia es duro: el joven subinspector de 27 años, del área de Narcotráfico, arrastraba deudas por más de 13 millones de pesos según los registros del Banco Central.
Durante ese viaje que terminó siendo una trampa, el agente intentó resistirse al robo y los delincuentes no dudaron en jalar el gatillo. Recibió dos disparos en la espalda y un tercer impacto en una pierna. Mientras los asaltantes lograron escapar sin dejar rastro, el policía sobrevivió de milagro y hoy continúa su lenta recuperación en una sala del Hospital Churruca.
La estadística sangrienta suma un tercer capítulo reciente a pocos kilómetros. Días antes de la balacera en San Justo, otro efectivo de la PFA que estaba de franco y también buscaba hacerse un sueldo extra manejando para una aplicación, tuvo que enfrentarse a los tiros con delincuentes en Avellaneda. En esa oportunidad, el cruce armado ocurrió en los pasillos de Villa Tranquila y terminó con un ladrón de 17 años baleado.
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