La economía argentina ya no se mueve en bloque, ahora viaja a dos velocidades completamente distintas. Así lo advierte un exhaustivo informe publicado por la Fundación Pensar, el think tank o usina de ideas del PRO, que detalla cómo el giro radical hacia un modelo apoyado en las exportaciones, el agro, la energía y la minería partió el mapa. Según el estudio, el crecimiento actual tiene código postal: premia sin filtros a los territorios sentados sobre recursos naturales y castiga a los distritos atados al consumo masivo, la industria tradicional y el empleo público.
La prueba más cruda de esta fractura que plantea la fundación está en el mercado laboral. Los datos recopilados en el documento marcan que, para mayo de 2026, Argentina había perdido unos 241.000 puestos de trabajo privado registrado. En medio de esa sangría general que representa una caída del 3,8%, el informe resalta que apenas tres provincias lograron nadar contra la corriente y sumar empleados formales netos: Neuquén, Río Negro y San Juan.

El motor indiscutido de esta nueva era, según el análisis, tiene acento patagónico. Sostenido y generado por Vaca Muerta, la Fundación Pensar ubica a Neuquén como el gran ganador de la temporada, con un despegue productivo arrollador que se tradujo en un crecimiento del 11,3% de su economía durante 2024. Lejos de esos números, el estudio subraya que sólo otras cuatro jurisdicciones cerraron ese año en verde: Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Entre Ríos.
Este "club de ganadores" detectado por los analistas de PensarLab es también el imán que absorbe casi todos los dólares. El reporte señala que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aceleró a fondo esta grieta, contabilizando para agosto de 2026 unos 21 megaproyectos aprobados. Toda esta inyección de capital está hiperconcentrada en iniciativas petroleras, gasíferas y mineras.
Ante este escenario de contrastes, el documento de la Fundación Pensar elaboró una hoja de ruta clara para las diversas gestiones. Los expertos del organismo advierten que ya no alcanza solamente con mirar la recaudación; para progresar de verdad, las provincias están obligadas a combinar tres factores clave: "crecer" atrayendo inversión privada, "ordenarse" limpiando las cuentas públicas y "convertir" esa riqueza macroeconómica en calidad de vida.
Las paradojas de la gestión y los gigantes dormidos
Cuando se cruzan los números de crecimiento, finanzas y calidad de vida, el mapa que dibuja la Fundación Pensar deja varias sorpresas. CABA sigue pisando fuerte como el gran bastión estructural de la Argentina: encabeza los rankings productivos y sociales, y pelea de cerca el podio fiscal. Aunque su actividad comercial frenó en 2024, el trabajo destaca que la Ciudad logró llevar su pobreza urbana por debajo del 10% y mantiene la mayor concentración de empresas del país. En paralelo, el estudio posiciona a Córdoba como el modelo más equilibrado y armónico de todo el interior.

Pero tener las cuentas en orden no garantiza la prosperidad. El informe pone la lupa sobre los casos de San Luis y Formosa, dos provincias que lograron un prolijo equilibrio fiscal pero que sufren una complicada creación de empleo privado. Para los técnicos de la Fundación, ambos distritos demuestran que es posible tener los números en verde sin depender del petróleo, pero también dejan en claro que usar la tijera en el Estado no alcanza por sí solo para encender los motores del sector productivo.
Del otro lado están los gigantes que no logran transformar su tamaño en calidad de vida. La provincia de Buenos Aires aparece como el ejemplo más claro: ostenta una escala productiva enorme, pero le cuesta muchísimo convertir esa potencia en bienestar social real. Un poco más al sur, bastiones históricos como Tierra del Fuego y Santa Cruz todavía muestran buenos indicadores generales, aunque el reporte enciende las alertas rojas por una preocupante caída en su actividad privada y en los niveles de seguridad.
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El termómetro social y el riesgo de la desigualdad
Aunque la Fundación reconoce que el freno a la inflación y la mejora de los sueldos empujaron una caída de la pobreza urbana a principios de 2026, la brecha estructural entre las provincias sigue siendo brutal. Mientras en las zonas más prósperas la tasa de pobreza perfora hacia abajo el piso de los dos dígitos, los números del Norte siguen asfixiando: Chaco encabeza el drama con un 50% de su población en niveles precarios.
A contramano de la "motosierra" que aplicó la Casa Rosada, los gobernadores eligieron un camino bastante más conservador a la hora de achicar el Estado. Mientras el Gobierno nacional recortó más del 11% de su personal, PensarLab calculó que el promedio de empleados públicos provinciales en realidad creció un 0,4% durante 2024. Salvo excepciones fuertes como Río Negro y Corrientes, el análisis marca que la vieja dependencia del sueldo estatal sigue funcionando como un salvavidas de plomo para el interior.

La conclusión del informe es contundente. Argentina está lista para volver a crecer, pero corre el riesgo de volverse mucho más desigual en su propio territorio. Si los beneficios millonarios de los recursos naturales no derraman de forma inteligente para crear nuevas empresas locales que den trabajo genuino, la riqueza corre el peligro de quedar encapsulada. Un escenario que, según advierte el documento, terminaría dejando a media Argentina mirando el progreso desde la tribuna.
TC/MSS