El Hospital Garrahan vuelve a ser una caldera a punto de estallar. Lo que empezó como un fuerte reclamo en las áreas de infraestructura por sanciones que los empleados consideran arbitrarias, destapó rápidamente una olla a presión que mezcla denuncias de vaciamiento, persecución gremial y falta de insumos críticos. Frente a un escenario que amenaza con quebrar la operatividad del centro pediátrico más importante del país, las distintas agrupaciones sindicales convocaron a una asamblea general para este jueves 28 a las 13, donde definirán un plan de lucha unificado contra la dirección.
El Hospital Garrahan vuelve a ser una caldera a punto de estallar. Lo que empezó como un fuerte reclamo en las áreas de infraestructura por sanciones que los empleados consideran arbitrarias, destapó rápidamente una olla a presión que mezcla denuncias de vaciamiento, persecución gremial y falta de insumos críticos. Frente a un escenario que amenaza con quebrar la operatividad del centro pediátrico más importante del país, las distintas agrupaciones sindicales convocaron a una asamblea general para este jueves 28 a las 13, donde definirán un plan de lucha unificado contra la dirección.

La chispa que encendió este nuevo foco de conflicto saltó en el área de mantenimiento. Los operarios de ese sector se declararon en estado de asamblea permanente luego de que las autoridades suspendieran por 30 días, y sin goce de sueldo, al trabajador Marcelo Silva. La dirección lo responsabilizó por una inundación en el servicio de Patología ocurrida a principios de mayo, pero la sanción se aplicó sin investigación ni derecho a defensa. Para los empleados, esta maniobra busca imponer un "terror laboral" diseñado para forzar renuncias, achicar la planta y aplicar la nueva reforma laboral en sintonía con el recorte nacional.
Pero el malestar excede a los tableros eléctricos y las cañerías, dejando al descubierto una crisis que abarca a toda la institución. Alejandro Lipcovich, secretario general de la Junta Interna de ATE en el hospital, fue categórico al describir el hundimiento operativo. "Queremos enfrentar un vaciamiento que sigue en curso: prácticamente no ingresa personal hace más de dos años", denunció el dirigente. Además, detalló que las renuncias y jubilaciones previas al último aumento salarial jamás fueron cubiertas, a lo que ahora se suma un inminente recorte en el sistema de becas y la negativa a contratar enfermeras.

A la falta de recursos humanos se le suman las sospechas sobre el manejo de la caja y la transparencia institucional. Lipcovich apuntó directamente contra la gestión por ocultar las resoluciones oficiales y avalar el ingreso de asesores VIP vinculados a funcionarios nacionales. "¿Por qué tanta gente piensa que hay corrupción en el Garrahan?", disparó el gremialista, pintando un panorama desolador sobre el día a día en los pasillos: "En el Garrahan no publican los números, baja la calidad de los insumos y en muchos sectores hay incluso faltantes. Las goteras se multiplican. Exigimos rendición de cuentas".
La Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT), la Junta Interna de ATE y los operarios de mantenimiento prometen unirse tanto dentro del edificio (sumando a las familias de los pacientes) como en las calles con otros sectores en conflicto. Los reclamos exigen el fin de los sumarios armados, el freno a la censura en las actividades científicas y el cese inmediato del desplazamiento de personal concursado.
Garrahan, donde aún late la esperanza
Revancha política, precarización y ultimátum
Para los líderes sindicales, esta escalada de tensiones y sanciones no es un error de gestión, sino una represalia directa por las conquistas del año pasado. Gerardo Oroz, secretario adjunto de ATE Garrahan, enmarcó los aprietes dentro de una movida institucional. "Esta gestión vaciadora lanzó una contraofensiva tras haber sido derrotada por la lucha de 2025, cuando conquistamos un aumento salarial histórico", afirmó el dirigente. Según su lectura, las autoridades inventan causas truchas para intentar despedir a las cabezas de aquel histórico reclamo.
La ofensiva oficial también golpea la estabilidad de los contratos más frágiles. Desde el frente combativo denunciaron maniobras de extorsión sistemática contra los suplentes de guardia, a quienes las autoridades presuntamente presionan para que facturen como monotributistas, profundizando al extremo su precarización laboral. Todo esto ocurre, advierten los trabajadores, mientras el hospital y el Ejecutivo nacional siguen incumpliendo de manera constante la ley de emergencia pediátrica.
Frente a la sordera oficial, el personal de mantenimiento ya avisó que endurecerá las medidas de fuerza si no se abre una mesa de negociación real e inmediata. La consigna que unifica a los pasillos es clara: resulta imposible sostener una salud pública de calidad si quienes mantienen en pie la infraestructura están perseguidos y cobrando salarios de miseria. Con la asamblea como punto de inflexión, los gremios plantaron bandera y unificaron su demanda máxima: la salida definitiva de la intervención del hospital.
TC