El hombre que logró sacar de sus casillas a Javier Milei en pleno microcentro porteño decidió no quedarse callado. Lejos de amedrentarse por los gritos presidenciales y la exposición pública frente a 1400 ejecutivos, el “ingeniero Castellanos” (el socio vitalicio de la Bolsa de Comercio que interrumpió el discurso oficial) salió a responder. Apoyado en sus más de tres décadas de pertenencia a la entidad y en sus 80 años de vida, el jubilado desarmó la retórica libertaria con un crudo diagnóstico de la realidad y acusó al jefe de Estado de vivir en una fantasía desconectada del sufrimiento social.
La principal crítica del experimentado socio apuntó directamente a las consecuencias del plan de ajuste. En un breve pero contundente diálogo con La Nación, Castellanos fue lapidario respecto a las palabras que el mandatario brindó en la institución financiera. "Miente continuamente. La pobreza ha aumentado, las fábricas cierran, se quedan sin laburo… Y este viene a hablar con teorías de mierda", disparó, dejando en claro su absoluto rechazo a la charla que buscó impartir el líder de La Libertad Avanza.
El enojo del hombre no se limitó únicamente a los números de la macroeconomía, sino que también abarcó el trato que recibió tras el cortocircuito. Castellanos denunció que sufrió presiones directas para abandonar el salón y evitar que el papelón institucional escalara a mayores. "Me han mandado a que me calle la boca, porque si no acá se arma un quilombo que no te podés dar una idea", reveló, exponiendo el nerviosismo que se apoderó de los organizadores y de la comitiva oficial ante la inesperada rebeldía.
En esa misma línea, el ingeniero cuestionó con ironía el desproporcionado operativo de seguridad que rodeó la visita del Presidente. Lejos de sentirse intimidado, el veterano espectador se burló de la paranoia oficial y del exceso de agentes destinados a custodiar el recinto. Tras advertir una "terrible cantidad de custodios, policías encubiertos, otros no encubiertos y tipos de civil", remató la escena asegurando con sarcasmo que "lo único que faltaba era que viniera el FBI".
La fallida expulsión de Castellanos dejó, además, un fuerte roce entre la Casa Rosada y la entidad anfitriona. Según trascendió, el personal de Ceremonial de la Presidencia exigió que las propias autoridades de la Bolsa echaran al jubilado, pero los directivos se negaron rotundamente a expulsar a un miembro vitalicio, obligando a los funcionarios a reubicarlo en otra sala. Antes de dar por terminada su exposición ante los medios, el ingeniero tiró una última bomba política que explica la génesis de su enfrentamiento con Milei: "El mejor presidente en 50 años, cuando estaba vivo, fue Néstor Kirchner. No hablo más".
El origen de la furia y la defensa de la propiedad privada
El enérgico descargo de Castellanos fue la consecuencia directa de un cruce inédito que rompió la monotonía del acto por el 172° aniversario de la entidad. Todo comenzó cuando el ingeniero le retrucó a viva voz al Presidente que el déficit fiscal es un problema de la actualidad y no “una herencia”. La intervención irritó a Milei, quien lo tildó de "kuka" y le recomendó que se fuera a vivir a Cuba si no le gustaban las bases liberales que piensa aplicar en sus supuestos ocho años de mandato.
Previo a que la situación se desbordara por completo, el discurso presidencial estaba íntegramente enfocado en apoyar el rumbo económico y enviar mensajes de presión al Congreso. El mandatario aprovechó el escenario para quejarse de las demoras parlamentarias en el tratamiento de la ley de tierras y lanzó un duro dardo hacia los bloques de la oposición. "Está claro que aquellos que se opongan a la defensa férrea del derecho de propiedad son la decadencia argentina", marcó frente al auditorio.
En su exposición, el jefe de Estado señaló que los gobiernos anteriores se dedicaron históricamente a "robarle a los argentinos". A su vez justificó el plan de reformas argumentando que la única manera de fomentar la inversión real es garantizar que el sector privado pueda capturar los beneficios de su propio esfuerzo “sin la intervención asfixiante del Estado”.