El fervor mundialista por el inminente cruce decisivo entre Argentina e Inglaterra no logró pausar la conflictividad en las calles porteñas, pero sí alteró los horarios. Para no superponerse con el partido de la Selección, los jubilados decidieron adelantar su habitual protesta de los miércoles frente al Congreso de la Nación. Sin embargo, la mañana terminó de la peor manera: lejos de encontrar un espacio para visibilizar el drama que viven día a día por sus ingresos, los adultos mayores se chocaron contra un cordón de la Gendarmería Nacional que no dudó en usar gas pimienta, empujones y golpes para desarmar la manifestación pacífica.
Los momentos de mayor tensión se vivieron sobre la avenida Rivadavia, justo cuando la columna intentaba aproximarse a las puertas del anexo del Senado. El operativo, que sumó a la Policía Federal y de la Ciudad, escaló rápidamente hacia el contacto físico directo contra personas de la tercera edad que cortaban el tránsito cuando el semáforo se ponía en rojo. "Ellos empezaron a pegar primero. Pegaron piñas, trompadas y tiraron gas pimienta. A mí me golpearon en la espalda y me tiraron de la escalera", denunció Delia en diálogo con El Destape, una mujer de 72 años que sufrió en carne propia el accionar de los uniformados.
En el epicentro de los incidentes quedó envuelto el sacerdote Francisco "Paco" Olveira, quien intentaba acompañar el reclamo. El referente del Grupo de Curas en Opción Por Los Pobres fue derribado a la fuerza en medio del tumulto y los forcejeos. "En la entrada empezaron a reprimir de una. Me pegaron una piña de atrás y me tiraron al piso", relató el religioso a El Destape. A su lado, la escena cobraba un tono aún más dramático por la presencia de "Los 12 apóstoles", una agrupación de abuelos integrada por veteranos de la Guerra de Malvinas.
Detrás de las imágenes de escudos y bastonazos que rápidamente inundaron las redes sociales, existe una crisis económica que los asfixia de forma directa. Los números oficiales exponen la crudeza del escenario: en junio, la jubilación mínima alcanzó apenas los 473.327 pesos, cifra que incluye un bono de 70 mil pesos que permanece congelado desde marzo de 2024. Ese monto choca de frente contra los cálculos de la Defensoría del Pueblo porteña, que ya en marzo estipulaba que una pareja de personas mayores requería más de un millón y medio de pesos para cubrir una canasta digna, obligando a miles a recortar la compra de medicamentos o a endeudarse para poder sobrevivir.
Desde comienzos de 2024, las concentraciones de los miércoles dejaron de ser exclusivas de los jubilados para sumar el respaldo de sindicatos, estudiantes y organismos de derechos humanos. En paralelo, la respuesta gubernamental también se volvió una constante: el Ministerio de Seguridad despliega semanalmente un cerco policial bajo el protocolo antipiquetes que, en nombre del orden público, termina ejerciendo un nivel de fuerza que múltiples veedores califican como absolutamente desproporcionado frente a la vulnerabilidad de los manifestantes.
El 70% de los jubilados inquilinos no llega a ingerir cuatro comidas diarias
La fractura social y un mensaje directo al Arzobispado
Más allá de los golpes recibidos frente al Congreso, el padre Olveira aprovechó la jornada para exponer el mapa de la urgencia alimentaria que atraviesa el Gran Buenos Aires. El sacerdote aseguró que la realidad en los barrios periféricos es desesperante y que el actual esquema económico está cortando los últimos hilos de contención. "A veces te golpea fuerte porque no podés responder a tantas necesidades y a lo que están viviendo muchos de nuestros vecinos", lamentó durante una entrevista radial, dejando en claro que los aumentos de tarifas complican severamente a los comedores comunitarios.
La postal de la pobreza llegó a un punto donde ni siquiera la supervivencia informal es una opción viable para los más postergados. Olveira describió que el encarecimiento del transporte público anuló una de las vías de escape más duras a las que recurrían los sectores vulnerables del conurbano bonaerense. "Hay que gastar mucho dinero para viajar, aunque sea para ir a revolver en los tachos de basura en la Capital. Ya no se hace porque no te lo permite el bolsillo pagar los pasajes", detalló con crudeza.
A su vez, el cura villero no dejó pasar la oportunidad para marcarle la cancha al arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y cuestionar el tono conciliador que la máxima autoridad local adoptó durante el último Tedeum. Frente a la postura de la cúpula de señalar que la crisis social arrastra fallas de arrastre, Olveira trazó una línea divisoria. "La verdad que en la época de Néstor y Cristina no se les pegaba a los jubilados, ni siquiera en la época de Alberto", remarcó. Para cerrar, el religioso recordó la figura del histórico monseñor Angelelli, quien, según sus palabras, pagó con su vida el atrevimiento de señalar las injusticias siempre "con nombre y apellido".
TC/MSS