"Yo estoy para lo que haga falta, pero hay que recordar que fui electa senadora por seis años. Este proyecto necesita más años para consolidarse. Quizá me quedo donde estoy." Con esa frase que Patricia Bullrich dijo a LN+, volvió a dejar en el aire la pregunta que atraviesa al oficialismo desde hace meses: qué lugar va a ocupar en 2027. Pero mientras esa incógnita sigue abierta, la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado ya empezó a moverse con una lógica propia, que combina el respaldo público a la gestión de Javier Milei con una serie de diferenciaciones cada vez más visibles puertas adentro del Gobierno.
El terreno en el que se despliega esa estrategia no es menor. Una encuesta de la Universidad de San Andrés a la que accedió PERFIL mostró un escenario electoral todavía abierto de cara a 2027: el peronismo mide 25% y La Libertad Avanza 24%, dentro del margen de error, con Milei en el tercer lugar de imagen positiva (33%) detrás de la propia Bullrich, que lidera ese ranking con 36%. Es, además, la dirigente con mejor imagen de todo el arco político, por encima de Axel Kicillof y Myriam Bregman, que crecieron tres puntos en el último mes.
Otra diferencia con Karina: las colectoras
El primer frente de tensión pasa por la reforma electoral. Karina Milei y los Menem están decididos a insistir con las listas colectoras como mecanismo para eliminar las PASO, aun con el rechazo explícito de Bullrich. "Deforman el sistema electoral", dijo la semana pasada. Esta semana, deslizó a La Nación que tampoco encuentran "un sistema mejor" en el oficialismo. Fue un giro discursivo en apenas 24 horas aunque sin resignar el fondo de su crítica: para Bullrich, "la colectora como tal no es una buena herramienta" porque el sistema "está planteado como si fuera bipartidista y no lo es", según declaró a Clarín. Su propuesta es que una coalición pueda tener candidatos propios, pero "dentro de un frente", con una lista oficial y otra de partidos afines.
El segundo frente es más silencioso pero igual de elocuente: el manejo de los tiempos legislativos. Bullrich fue quien le arrancó al resto de los bloques dialoguistas el compromiso de convocar a sesión para este jueves, con el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada como centro del temario. El desafío no es menor: la mayoría de las provincias ya está de vacaciones de invierno y el Mundial complica el quórum.
La gira que preocupa a la Casa Rosada
El tercer movimiento, y el más estructural, es que Bullrich prepara una gira nacional que arrancará en agosto por Santa Fe y continuará por el interior del país, En LLA sospechan que la senadora quiera competir por la Presidencia o instalarse para la vicepresidencia. Ya rechazó en diciembre pasado una oferta de los Milei para competir por la Ciudad.
Esa gira se monta sobre una relación de desconfianza mutua con Casa Rosada que se arrastra desde que asumió como jefa del bloque libertario en el Senado. En ese contexto, retomó el vínculo personal con Diego Santilli, con quien había tenido fricciones desde las PASO de 2023, y que hoy encabeza un gabinete donde, además de ambos, hay otros cinco ministros con pasado en el gobierno de Mauricio Macri.
La convergencia, puertas afuera
Puertas afuera, sin embargo, Bullrich sostiene la construcción de una épica compartida con Milei. Reivindicó la oferta presidencial de la Casa Rosada a la Selección para un eventual festejo y cuestionó a la oposición por mezclar el rendimiento futbolístico con la evaluación de la gestión: "Los argentinos sabemos separar las cosas", dijo a LN+. En la misma línea, defendió el balance económico del Gobierno pese a reconocer que persisten los bajos salarios: "Los argentinos están mejor. ¿Están como queremos? No. Un sueldo fijo hoy en Argentina cuesta", admitió.
Es esa misma lógica de "convergencia con matices" la que usó para explicar sus propias diferencias con Milei ante Clarín: "El nuestro es un electorado que se unió y tiene matices. Nosotros tenemos que representar eso, por eso tomar una distancia en algunos temas es totalmente sano." La pregunta que empieza a instalarse en el oficialismo es hasta qué punto esa distancia declarada como "sana" convive con una construcción de poder cada vez más autónoma.
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