La muerte de Carlos Alberto "El Indio" Solari deja al descubierto no solo su enorme legado musical, sino también la historia de amor y sociedad profesional que sostuvo durante cinco décadas con Carmen Virginia "La Negra" Poli Castro.
El cantante, vocalista de la legendaria banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, murió este viernes a los 77 años. Sufría la enfermedad de Parkinson al menos desde 2016 y falleció el viernes de madrugada en su residencia de Parque Leloir.
Al frente de los "Redondos", Solari lanzó diez discos entre el final de la década de 1970 y el 2001, cuando la banda se separó. Con su grupo solista, Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, produjo cinco discos entre 2004 y 2018.
A lo largo de toda su carrera, el vocalista mantuvo una estabilidad afectiva absoluta con Carmen, convirtiéndola en la administradora de su carrera y en la guardiana de su intimidad.


El vínculo entre ambos se inició a mediados de la década de 1970 en La Plata, en pleno auge de la bohemia contracultural que dio origen a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Desde aquellos primeros años de clandestinidad y recitales en sótanos, Poli asumió el rol de mánager de la agrupación, estableciendo las bases del modelo de autogestión independiente que caracterizó al grupo.
La relación amorosa se consolidó en paralelo al crecimiento del fenómeno musical, bajo una regla inquebrantable: el aislamiento mediático.
Mientras la figura del Indio Solari se transformaba en un mito viviente para cientos de miles de fanáticos, la pareja diseñó un esquema de vida que los mantuvo a resguardo de las cámaras y de la prensa de espectáculos.
En el plano profesional, Solari delegó de manera total el control logístico y financiero de sus proyectos en su compañera.


Junto al guitarrista Skay Beilinson, Poli Castro se encargó personalmente de negociar los contratos, supervisar la seguridad y rechazar sistemáticamente las ofertas de las multinacionales discográficas.
A finales de la década de 1980, la pareja decidió trasladar su residencia hacia el oeste del Conurbano bonaerense, buscando mayor tranquilidad. Se instalaron definitivamente en una propiedad en Parque Leloir, partido de Ituzaingó, que con los años se transformaría en el refugio definitivo del cantante y en el centro de operaciones de sus trabajos de estudio.
Cuando el Indio Solari llamó a Javier Milei “el enano de la motosierra”
El nacimiento de su único hijo, Bruno Solari, a finales de la década de 1990, coincidió con los años de mayor masividad de la banda y las posteriores tensiones que derivaron en la disolución de la mítica formación en 2001.
Tras la separación de Los Redondos, Poli continuó siendo el soporte principal en la transición de Solari hacia su etapa solista con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. A pesar de la envergadura que adquirieron los conciertos en el interior del país, la gestión de los mismos siguió centralizada bajo la estricta mirada de su esposa.


El rol de Castro adquirió un carácter aún más central a partir de 2016, cuando el vocalista hizo público su diagnóstico de mal de Parkinson.
A partir de ese momento, la quinta de Parque Leloir, bautizada popularmente por los seguidores como "Luzbola", se transformó en un búnker médico y artístico coordinado de forma exclusiva por Poli.
Durante los últimos años de reclusión del músico, su esposa se encargó de filtrar las visitas de colegas, supervisar las terapias de rehabilitación y coordinar los canales oficiales de comunicación digital. Todo esto permitió que Solari continuara produciendo música de manera remota a pesar del avanzado deterioro físico que le provocaba la afección neurológica.
ds