SOCIEDAD
Escuela de Yoga en Villa Crespo

Andrea Salum, sobre la causa contra la Escuela de Yoga: "Si hubiera habido alguna imposición, me hubiera ido"

Andrea es enfermera, vive en Estados Unidos y tacha como "fantasías" el relato de su hermano, el influencer antisectas Pablo Salum. Contra la hipótesis del juez Ariel Lijo, a cargo de la causa que tiene procesadas a 17 personas por trata, se niega a aceptar tener el cerebro lavado y dice que juzgan a la EYBA "por asuntos de la esfera íntima".

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Andrea Salum y la causa contra la Escuela de Yoga de Buenos Aires | Gentileza Andrea Salum/ Cedoc

En el centro de una de las causas judiciales más controvertidas de los últimos años, Andrea Salum decidió romper el silencio. Hermana mayor de Pablo Salum -referente del activismo antisectas y principal denunciante en la causa contra la Escuela de Yoga de Buenos Aires (EYBA)-, cuestiona de manera frontal el relato que sostiene la acusación y apunta contra él, acusándolo de haber construido una narrativa pública y judicial basada en “fantasías”, intereses personales y un conflicto familiar nunca resuelto.

Hoy enfermera graduada con honores en Estados Unidos y miembro de la EYBA desde fines de los años ’80, Andrea es una de las voces que los medios casi no escucharon. La causa federal que tramita el juez Ariel Lijo -iniciada a partir de la denuncia presentada en 2021 por Pablo Salum y otros cuatro testigos de identidad reservada- acusa a directivos de la Escuela de Yoga de "asociación ilícita, trata de personas con fines de explotación sexual y lavado de activos de una organización criminal”. Tras idas y vueltas, en abril del año pasado se confirmaron los procesamientos de los acusados, incluido su fundador, Juan Percowicz.

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Sin embargo, el juez tropezó con varias trabas desde que las pericias realizadas por el Cuerpo Médico Forense descartaron que las supuestas víctimas hayan sido sometidas a coerción, manipulación o explotación. Para Andrea, la reapertura del expediente no es más que la reedición de una historia conocida. La causa ya había sido investigada en los años ’90 y cerrada con un sobreseimiento firme en el año 2000, que benefició, entre otros, a su madre, Graciela Alarcón.

La mujer expone que, en su opinión, el conflicto se origina en un caso de violencia familiar y que el punto de quiebre no fue “la fuga de Pablo de una secta”, sino un episodio de agresión física y robo de su hermano hacia su mamá. Ahora, la acompaña en el proceso por “calumnias e injurias” contra él, que iba a comenzar en diciembre y fue postergado hasta el 10 de febrero próximo, en el Tribunal Oral N°13 de la Ciudad de Buenos Aires.

En esta entrevista, Andrea reconstruye su historia personal, describe su vínculo con la Escuela y ofrece una versión distinta sobre el rol de Pablo, a quien acusa de haber pasado de presentarse como “víctima” a señalar a su propia familia como “victimaria”, con consecuencias judiciales y mediáticas.

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Pablo Salum, hermano de Andre e impulsor de la "Ley Antisectas".

El influencer antisectas los ha vinculado con una “organización tratante y pederasta” y les llegó a desear la muerte: “Sinceramente, muchas veces yo he deseado: qué bueno hubiera sido que a mi familia la maten”, dijo el 8 de mayo de 2022 en su canal de Youtube. También recordó que, en 1995, uno de los denunciantes contra la EYBA fue su padre, Héctor Salum.

Entrevista a Andrea Salum

–¿Cómo fue tu infancia?

Mis padres eran de muy pocos recursos económicos. En sus vidas todo era trabajar. Yo soy la mayor de los tres y la única mujer. Fui niñera, hermana y segunda madre de mis dos hermanos. Con Germán yo tenía solo un año de diferencia y con Pablo ocho. Mis padres se iban y yo me quedaba a cargo. Nunca tuve la sensación de ser chica y siempre tuve una gran responsabilidad de cuidado. Tenía que prepararles la comida, lavarles la ropita. No estaba el juego con la muñeca o con amiguitas. A mi madre la trajo del Chaco su padre alcohólico a trabajar como sirvienta a los diez años. Mi mamá tenía ocho hermanos. Mi papá tres y uno de ellos tenía quince hijos. Y mucha, mucha pobreza.

–¿Cómo se llevaban?

Había muchas discusiones. Mi papá era unos quince años mayor que mi mamá, que quedó embarazada de mí a los quince años. Me tuvo a los dieciséis. Nunca vi un acto de violencia de mi papá a mi mamá. Pero sí que ella trabajaba con él todas las horas que él quisiera. Mi papá tenía sus dobles vidas por ahí, o se iba. Él tenía boliches bailables en Lanús. Después tuvo verdulería. Ahí ya estábamos mejor.

–¿Cómo era la relación entre ustedes?

Nos llevábamos bien. Pablo tenía sus mini ataques. Siempre iba un poco en contra de cualquier cosa que se le dijera. Pero era chico. Mi hermano y yo, que veníamos de vivir en pensiones en Avellaneda, teníamos una carrera hecha. Pablo vivía como un rey, no padeció el nivel de hambre que pasamos nosotros. Literalmente, porque a veces no había qué comer. Tirábamos el mantel en ferias para vender chucherías. Pablo no pasó por nada de eso. Eso lo vivimos Germán y yo.Papá le paga a Pablo un colegio privado. Su vida fue muy distinta. Si alguno tenía excusas para salir torcidos, jodidos y enojados con la vida, éramos Germán y yo. Pero había que salir adelante.

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Andrea Salum junto a su hermano, Germán, y su madre, Graciela Alarcón.

–En 1987 tu mamá empezó a ir a la Escuela. ¿Cómo llegaron?

Mamá tenía ataques de pánico. Lamentablemente ahora los tiene de vuelta, con todo esto. Pero en aquella época no se lo tenía tan ubicado como una enfermedad. Ella se quedaba sin aire, o decía que se quedaba sin aire. La llevábamos al hospital y le decían: “usted señora no tiene nada”. Después de todas las que pasó, la salud le empezó a pasar factura. Empezamos a visitar curanderos. Pero no la ayudaron. Una clienta de la verdulería le contó: “Conozco este grupo de yoga, ¿por qué no probás?”. En esa época no era la Escuela de Yoga, no había un café en Estado de Israel. Cada asistente a las clases ofrecía su departamento y rotaban. Algo muy informal. Juan daba estas clases de filosofía.

Era un grupo de diez personas, no más. Ahí entra lo de Pablo: “Yo entré en la Escuela cuando tenía ocho años….” No, él no entró a la Escuela. Mamá lo llevaba porque no tenía con quién dejarlo. Y jugaba con los hijos de otras personas. Nos mudamos a Capital no porque éramos ricos. Teníamos una verdulería. Ubiquémonos. No había niñera. Esa fue toda la historia. No hay más que eso en todos los relatos fantasiosos de Pablito.

–¿Vos cuándo entraste en la Escuela?

Al principio fui con mamá a un par de clases, como cuando la acompañaba a la bruja del barrio. Ella empezó a estar mejor, a equilibrarse. Cuando vi que se ponía mejor, me dije: “Esta gente es muy grande para mí, mejor me voy”. Y me fui. Entré después, al año. La Escuela siempre fue muy libre, nunca hubo una imposición. Es más, si hubiera habido alguna imposición, me hubiera ido. Siempre fui muy libre, desde que empecé a crecer me gustó tomar mis propias decisiones. Entonces, cuando vi que nadie me obligaba a nada, me dije: “Bueno, ahora quiero probar y ver, estudiar un poco más de qué se trata”.

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El juicio por la denuncia que le inició su madre por "injurias y calumnias" pasó para febrero de 2026.

–¿Qué te atrajo?

Me impactó ver cómo mi mamá empezaba a mejorar sin medicación. Empezó a estar más alegre, más tranquila, con cosas para hacer y reuniones que organizar, libros y lecturas. Quizás hasta entré por curiosidad. Y dije: “Bueno, a ver”. Eran clases de lo más aburridas para el público de Pablito. Se leía y se elaboraba una frase de un libro…

–Tu papá organizó un bar en la Escuela. ¿Por qué se acerca?

Más que empezar a ir a la Escuela, él abrió ese bar que la Escuela alquilaba dos veces por semana para dar clases. Tenía consumiciones, comida y cafés cuando había clases especiales. Mi papá habrá estado un año, él ya tenía otra familia y nos seguía viendo. Pero no armó el bar para acercarse a nosotros.

–Según tu hermano Pablo, tu papá estaba tratando de reconquistar a tu mamá.

No, eso es un verso chino. Mi papá estaba con su nueva esposa. Es más, ella trabajaba en la barra. Esa es otra fantasía de mi hermano. Son historias que arma, vende y parecen sacadas de Hollywood. Tuvo esa confitería, yo iba a las clases y él estaba ahí porque era socio. Él no participaba de las clases, solo atendía el bar. Por el contrario, su socio, Carlos Mannina, fue activo por muchos años en su trabajo filosófico. Y él declaró varias veces en la causa de los noventa a favor de todo. El de papá era un tema comercial.

–¿Por qué tu papá declara en contra de la EYBA en 1995?

-Mi respuesta no solo es la mía, sino la legal: él dijo que la Escuela nos lavaba el cerebro. Cuando empieza la causa, yo solía ver a mi papá. Nos juntábamos a comer los cuatro: Germán, Pablo, mi papá y yo. En cierto momento, mi papá me hizo firmar un documento por una casa que había comprado en Mar del Plata. Por unas matufias legales que tenía, no la podía poner a su nombre y me hizo firmar a mí. Yo no tenía idea, ni me acordaba. Al juez Mariano Bergés le dijo, entre otros inventos estilo Pablo Salum, que lo de su casa le preocupaba porque “Germán y yo teníamos el cerebro lavado” y que como yo la tenía a mi nombre, la Escuela me la iba a hacer vender para darles la plata a ellos. Otra vez, un tema económico. Yo no lo sabía.

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Causa EYBA: Una psicóloga del programa de Rescate de Víctimas confirmó que nadie quedó a resguardo.

–A comienzos de los 90, ¿la Escuela te invitó a alguna práctica que otros percibieran extraña? No necesariamente de índole sexual.

No, nada. Bueno, sí: algunos compañeros nos saludábamos dándonos un piquito. En Europa también muchos se saludan dándose un piquito. ¿Eso escandalizó a mucha gente? Sí. Pero no era un delito. Ningún “acto sexual”. Si a vos no te molesta, ¿cuál es el problema? Esa fue una de las cosas muy juzgadas. ¡No me jodan!

–¿Quiénes juzgaban negativamente estos hechos?

Mi padre. Y una peluquera que perdió al marido porque él se quiso divorciar. Decía que las mujeres “se le tiraban”. ¿Y yo qué sé? Los matrimonios son complicados ¿por qué echarle la culpa a toda la gente de alrededor? La peluquera estuvo en la Escuela en los 90. ¿Por qué dijo eso? Quizá porque el marido se fue, la dejó y él se quedó. Entonces, ella se volvió denunciante. Y después resulta que la Escuela tuvo la culpa. La Escuela es usada como excusa para hacerla cargo de cosas en las que no tiene nada que ver. Lo más escandaloso que puede tener la Escuela son esos benditos picos. De gente mayor, que decide darse un pico cuando saluda. ¡Es así!

¿Qué hace la gente mayor en su privacidad? ¡Se llama privacidad! Las fotos, lo que se llevaron en los allanamientos… Y sí, si allanás mi casa vas a encontrar mi ropita, fotos, quizá no videos porno, a esta altura. Como están en mi casa, se llama “mi privacidad”. Si te llevás todo eso de 50 domicilios ¡te van a armar la película que quieran! Y lo juntan todo para la foto. Si choreás de abajo de los colchones los ahorros de la gente de toda su vida, vas a juntar un montón de plata.

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Clase de Juan Percowicz en el café ubicado en la calle Estado de Israel.

–¿Qué recordás del día en que Pablo dice que se escapó de la Escuela?

Él ya tenía 14 años. No quería estudiar, no quería trabajar ni colaborar en la casa. Le había robado 700 dólares a mamá y quizá le había robado antes. Si le llevó tantos años a mi mamá empezar una querella en su contra, no me imagino la cantidad de veces que le robó y ella lo dejó pasar. Ella le pidió que se los devolviera y él se negó, al parecer ya se lo había gastado. Dijo que no le iba a devolver nada. Pablo se ponía violento de cero a cien, en un segundo. Y empezó a darle patadas.

Mamá se encerró en la habitación y llamó a Germán. De ahí sale el papel que muestra “los golpes que recibí en la Escuela”. ¡Fueron las piñas de mi hermano Germán! “Te vas de acá, no le podés pegar a mamá”, le dijo. “Yo igual me quería ir a lo de mi papá”, contestó. Llamó a Héctor y él lo pasó a buscar con el auto. Esa fue la famosa “fuga de la Escuela”. ¡No se fugó un carajo! A la semana empezaron los conflictos con la esposa de papá, con quien ya tenía una hija. Pablo la trataba súper mal.

–¿Cuándo hablaste con Pablo por última vez?

En 1995, la primera vez que Bergés lo cita a declarar, él ya vivía con mi papá. Pablo me llamó y me pidió que lo acompañara y así fue. Hasta ahí la relación estaba súper tranquila. No existía ninguna de estas locuras del blog, de los secuestros, de la trata, de la coerción…

–Ese día él no quiso ni ver a su mamá.

De hecho, mi mamá estaba y él le dijo al juez: “No quiero que entre”. El juez le preguntó: “¿A vos te obligaron a hacer algo?”. “No”, dice, “yo hacía lo que quería”. Y que estuvo en un cumpleaños donde no vio a nadie desnudo. La segunda vez él se presenta espontáneamente. Ahí da detalles tan distintos que el juez Corvalán de la Colina desacredita sus declaraciones.

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Pablo Salum dice en un posteo de la red X que su madre y su hermana son esclavas de la EYBA.

–Al final, Pablo termina enemistado con vos, tu hermano, tu mamá, tu papá…

Claro, además él fue cambiando. Antes decía: “Más de 30 años buscando a mi familia”. O: “Yo los quiero, tienen nietitos, sobrinitos, estoy tratando de salvarlos”. A partir de esta segunda persecución él se volvió un odiador público y legal. Cuando la PROTEX tomó su falsa denuncia, con el desastre del 2022, él habrá pensado: “Acá me coronan rey”. Todo era su show de Netflix sobre cómo desbarató la secta.

–Tu hermano fue cambiando su manera de interpelar a la familia y la postura de ustedes fue no salir al cruce.

Mientras él estuviera diciendo esto en las redes, lo leíamos, lo sabíamos, no es que yo estaba, como ahora, todos los días viendo qué estupidez dice, todos tenemos una vida. Pero cuando él decide llevar esto al terreno legal, a decir que mi hermano y mamá cometieron delitos por los cuales tendríamos que ir en cana, que nos tendrían que investigar, las cosas cambiaron, ¿no? Pasó de buscarnos a desearnos la muerte. Creo que sus seguidores tendrían que tener cuidado de a quién están apoyando.

–Son personas que consideran a Pablo una víctima.

Vendió lo que quiso, los manipuló como quiso y la gente le creyó. Cambió cuando ya era obvio que sabía dónde encontrarnos. Era obvio que no estaba buscando a su familia y nos usó para su negocio. Cuando supuestamente nos encontró, le dejó de servir decir que nos seguía buscando y nos transformó en delincuentes.

*Alejandro Agostinelli es editor de FactorElBlog.com. Su nuevo libro es Argentina X. Un cronista a la caza de fantasmas, alienígenas y demonios (Fondo de Cultura Económica, 2025)