Las vacaciones de verano suelen implicar largas horas al aire libre, traslados bajo el sol y actividades físicas en playas, sierras o ciudades con altas temperaturas. En ese contexto, el golpe de calor se convierte en uno de los principales riesgos para la salud de turistas y viajeros, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta supera los 40 grados. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor de cabeza intenso, mareos, náuseas, piel enrojecida y caliente, confusión, fatiga extrema e incluso pérdida de conocimiento. Ante cualquiera de estas señales, es fundamental interrumpir la actividad, trasladar a la persona a un lugar fresco y buscar asistencia médica inmediata.
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Para prevenir estos cuadros, los especialistas recomiendan mantener una hidratación constante, incluso sin sensación de sed, priorizando el consumo de agua y evitando bebidas alcohólicas o azucaradas, que favorecen la deshidratación. También es clave usar ropa liviana, de colores claros y telas transpirables, además de protegerse con sombreros, gorras y anteojos de sol con filtro UV.
Otro punto central es evitar la exposición solar en las horas de mayor radiación, entre las 11 y las 16, y organizar las actividades recreativas o deportivas en las primeras horas de la mañana o al caer la tarde.
En playas y piletas, se aconseja ingresar al agua de manera gradual, utilizar protector solar de amplio espectro y reaplicarlo con frecuencia, especialmente luego de nadar.
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En el caso de viajes en auto o transporte público, nunca se debe permanecer dentro de vehículos cerrados, ni siquiera por períodos cortos, y es importante realizar paradas frecuentes para descansar, ventilar el habitáculo e hidratarse. Los especialistas también recomiendan prestar atención a las señales del cuerpo y no forzar actividades físicas ante el cansancio o el malestar.
La prevención, coinciden los expertos, es la herramienta más eficaz para disfrutar del verano y los viajes sin sobresaltos. Adoptar hábitos simples puede marcar la diferencia entre unas vacaciones seguras y una situación de riesgo para la salud.