SOCIEDAD
laboratorio de instrumentos

Talleres de bandoneones en la era tecnológica: los jóvenes luthiers y un negocio de exportación

Tienen entre 30 y 45 años. Fabrican y reparan instrumentos en los barrios porteños de La Paternal y Parque Patricios.

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Equipo completo. Pedro Galván está al frente del taller de lutheería de bandoneones. En el emprendimiento también participan su esposa y su madre. | Néstor Grassi

Si bien el origen de los bandoneones se remonta a Alemania, desde principios del siglo pasado se “argentinizó” de tal modo que se convirtió en uno de los instrumentos más emblemáticos del tango. Décadas más tarde, y de la mano de músicos como Dino Saluzzi o el Payo Solá, el instrumento desembarcó en la música folclórica nacional.   

Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Leopoldo Federico, Rubén Juárez, Rodolfo Mederos, Raúl Garello y Juan José Mosalini son tan solo algunos de los mejores exponentes de uno de los instrumentos que mejor representan el espíritu porteño.    

Lejos de los tiempos en que los luthiers de transmitían sus enseñanzas de generación en generación, al punto de casi desaparecer el oficio, en las últimas dos décadas una camada de jóvenes luthiers viene desarrollando el artesanal trabajo de fabricar o reparar bandoneones.

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Entre estos aparecen el Taller Galván, de la mano de Pedro Galván, y Baltazar Estol, al frente de su taller homónimo del barrio de Parque Patricos. 

En el caso de Taller Galván, su dueño, Pedro, llegó al bandoneón casi de casualidad. Un amigo músico como él le pidió que guardara su bandoneón unos días. Sin dudarlo, Pedro se animó a tocar algunas notas y nunca más lo dejó. “Me entusiasmé de tal manera que no solo aprendí a tocarlo, sino que también me interesó conocer su fabricación. Con esta idea llegué al taller del maestro Víctor Ponciano Ferreyra, quien luego de varios intentos finalmente me enseñó los secretos de su fabricación”, recordó Galván, en su charla con PERFIL. “Estuve varios meses intentando convencerlo para que me enseñara el oficio. Recién ‘aflojó’ cuando le dije que ‘quería ser luthier de bandoneones y vivir de este oficio’. El esfuerzo valió la pena”, agregó, divertido. 

“Abrí el taller en 2014, cuando decidí jugármela y dejé de ser chofer de camiones. El taller fue mi verdadera escuela. Trabajar todos los días con bandoneones me dio la experiencia necesaria para poder reparlos y fabricarlos”, contó Galván.

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Si bien en un primer momento se denominó Pedro Bandoneón, luego el espacio fue renombrado como Taller Galván, en honor a su abuelo materno.  

En el taller de Monte Castro trabajan siete personas junto a Pedro, incluidas su esposa, Romina Rodríguez, y su mamá, Lucila Galván, responsable de la confección de los estuches para instrumentos, Fundas Galván, un desprendimiento lógico de la iniciativa original. Diego Ramírez Peñuela, Joaquín Benítez, Santiago Linares y Julián Rivadavia no solo completan el equipo de luthiers del taller, sino que también comparten lazos de amistad con Pedro. 

Desde su inicio, el taller se dedicó a mejorar y aplicar nuevas técnicas en la restauración de bandoneones. Entre sus clientes de todo el mundo y grandes músicos, sobresalen Rodolfo Mederos, Eva Wolf, Martín Ferrez, Juanjo Mosalini y Horacio Romo, entre otros.

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“Además de las reparaciones, exportamos a Francia, Alemania, España y Australia, y cada bandoneón nos lleva unos dos meses para su fabricación. Más allá de esto, también personalizamos y resucitamos bandoneones, tal como ocurrió con el de Pablo Moro, que fue afectado por una inundación”, explicó Galván. 

De Parque Patricios al mundo. Otro de los referentes de la luthería de bandoneones es Baltazar Estol. En este caso, desde su taller de la calle Patagones en el barrio del Globo también fabrica, repara y exporta bandoneones a Europa y a EE.UU.  

En este caso, la experiencia de Baltazar como luthier de guitarras lo llevó a fabricar su propio bandoneón. 

“En 2007 me prestaron un bandoneón que lo desarmé por completo, hice los planos y comencé a investigar la forma de fabricarlos. Al principio fue muy difícil, lo hice con cajones de madera y me llevó dos años terminarlo. De todas maneras, me sirvió para mostrar lo que hacía. Si bien le faltaba un poco de desarrollo, en 2011 termino otro y ahí comenzó a correrse la voz en el mundo de los músicos de que fabricaba bandoneones. Desde esos años, empiezan a llegar los primeros pedidos que no pararon hasta el día de hoy. Tengo pedidos hasta 2027”, puntualizó Estol, en diálogo con este medio.

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De todas maneras, Estol contó que al principio encontró cierta resistencia de los músicos profesionales a la hora de aceptar bandoneones de origen nacional. “Me llevó un tiempo ser aceptado por los profesionales. A los músicos les generaba incomodidad usar bandoneones fabricados en el país”. 

Luego de mucho batallar contra esta impronta, Estol recibió el pedido de dos bandoneones. “Uno de “El Chino” Molina; y el segundo, Julio Pane”, recordó con entusiasmo, antes de continuar con su trabajo en el taller de la calle Patagones, en el barrio de Ringo Bonavena.

 

Acciones que generan buenas acciones

Además de su impronta de reparar y fabricar bandoneones, Pedro Galván también colabora para que los sueños de muchos músicos de toda la Argentina comiencen a tomar forma.

Es por eso que el año pasado su taller donó dos ejemplares de bandoneón y este año hará lo mismo, agregando uno más.

“El equipo se dedica a la restauración de un bandoneón por año, con la idea principal de donarlo. Y este año, en particular, y a partir de conocer muchas historias en la donación anterior, nos pareció oportuno que pueda llegar a aquellos lugares que dedican tiempo de su vida para que otros puedan aprender a tocar”, explicó Galván. 

El objetivo al que apuntan desde el taller es que cada provincia del país y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires postulen una orquesta escuela, conservatorio o escuela de música que no posea bandoneón.

Por lo tanto, habrá 24 participantes en la primera instancia, elegidos por el taller, que competirán en las historias de Instagram de @tallergalvan y serán votados por sus seguidores.