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CHICAS DE TAPA

La China, Juana y Lali: las “it girls” no le tienen miedo al amor expuesto

Explotan su seducción y son capaces de entrar y salir de los vínculos amorosos sin que las afecte la mirada pública. Son exponentes de una nueva tendencia. Opinan especialistas.

Mamás sexies. La China tiene una hija con Nicolás Cabré. Y Juanita tiene tres junto a Gonzalo Valenzuela. <br>
| Cedoc

Exitosas, bellas y jóvenes, algunas con hijos, no temen a enamorarse y desenamorarse de hombres públicos y, en cuestión de pocos meses, hacer y deshacer romances. De personalidades fuertes y deseadas por todos, acaparan tapas de revistas, minutos en tevé y miles de seguidores por sus éxitos y fracasos amorosos. Sin temor al que dirán, ellas –Eugenia “la China” Suárez, Lali Espósito y Juana Viale– marcan tendencia y permanecen en boca de todos por sus amores.
Esta semana, tras profesarse un amor profundo, hacer culto a la valentía de vivirlo a pleno y exhibirlo compulsivamente, Lali Espósito confirmó que se separó del galán Mariano Martínez. El amor les duró tan sólo cinco meses. Algo que mantuvo a los medios en vilo. Espléndida, ella no hizo declaración alguna y se muestra feliz. No es la única que celebra sus amores o desamores fugaces. Tras un breve noviazgo con David Bisbal y un touch and go con Marlon Teixeira, la China Suárez  confirmó –palta y escándalo de por medio– su relación con Benjamín Vicuña. Fotos in fraganti en las calles de New  York sirvieron para blanquear. Y si de romances raudos se trata, Juanita Viale es su máximo exponente. Esta semana se mostró con el ministro de Producción, Francisco Cabrera. Mientras, en enero se la vio a los besos con el actor Gastón Grande y luego con el productor José Palazzo.

Si bien la fama las pone en el candelero y las transforma en las exponentes de esta tendencia, los amores fugaces son propios de “la época, y de la juventud especialmente”, reflexiona la psicóloga Margarita Marsan. Y suma: “Hoy hay un culto al enamoramiento. No se trata de buscar al hombre de sus vidas –o a la mujer de sus vidas–, sino de enamorarse y vivir cosas intensas. Y esto dura… lo que dure”. Así de simple. No hay que perder de vista que, tal como explica la sexóloga Sandra Lustgarten, “son mujeres que tienen más oportunidades que otras porque están más idolatradas y tienen una imagen pública que resalta su físico. Se transforman en las más buscadas y deseadas, y todos quieren alcanzarlas. En el plano cotidiano, el aumento de los divorcios colabora con esto y hace que haya más oferta de gente libre”.
El psicoanalista Andrés Rascovsky detalla que “en países como en Suecia es una conducta más frecuente. Acá, donde las mujeres eran consideradas propiedad de los hombres, propio de una sociedad pacata, es lógico que mujeres que avanzan, tienen la autoestima bien colocada y se emparentan a los hombres llamen la atención”. Y ése es el caso de estas chicas. Nada de tejer, bordar o abrir la puerta para ir a jugar. “Ellas son mujeres jóvenes con libertad, mujeres que defienden su derecho a vivir y valoran su erotismo más allá de los prejuicios ancestrales en los cuales la humanidad vive”, destaca Rascovsky. Los tiempos cambiaron, coinciden los especialistas, y el psiquiatra Harry Campos Cervera lo sintetiza así: “Ahora, las chicas que salen a bailar salen con un tipo y al día siguiente no le dan bola. Lo vemos mucho en el consultorio. Creo que las mujeres mismas tratan de protegerse y hacen lo que los hombres hicieron con ellas. Ahora es más evidente”.

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Satisfacción. “Cualquier relación amorosa empieza de la misma forma, y posee las mismas características: no se busca en un principio al hombre de su vida. Y suele ser muy emocionante. Pero esta etapa es la inicial, y por lo general no dura mucho más que siete, ocho meses”, explica Marsan. Está claro, “el psicoanálisis ha separado a lo largo de la historia el goce del placer. En el primero se valora la descarga, y el segundo se basa en el mutuo reconocimiento y enriquece la vida de ambos”, explica Rascovsky. Según el especialista, el goce siempre estuvo más relacionado con los hombres que con las mujeres. Pero hoy la ecuación tiende a hacer ligeros cambios. Y el narcisismo juega un papel preponderante en este tipo de vínculos, sin ser exclusivo de ningún sexo. “Uno se ve reflejado en el otro como en un espejo. Se trata justamente de eso, de privilegiar la fascinación de la mirada del otro por sobre el amor,  y entra en juego la autoestima”, sentencia Marsan. Pero no hay duelo.

 

El amor marginal y el rating

Son talentosas y mediáticas, y el juego del ocultamiento de sus relaciones y el cambio fugaz de novio les sirve para llamar la atención, y los medios suelen picar el anzuelo fácilmente. La razón es que despierta sensacionalismo, sobre todo porque se trata de romances marginales. Una historia de amor bien constituida forma parte de la lógica normal, llama la atención un rato y ya está. En estos casos suelen engancharse, además, con personajes que tienen escándalos en su haber, lo cual hace la tormenta perfecta para acaparar la agenda mediática.
Por otro lado, ellas suelen hacer de su vida privada un show. Entienden las reglas y juegan con ellas. Un claro ejemplo es la foto sorpresa, que de eso no tiene nada. Hacemos que caminamos y nos sorprendieron en la calle los fotógrafos. No hay que perder de vista que en la actualidad la celebridad es un valor por sí mismo, significa el grado máximo de exposición pública. Y éste no va de la mano del prestigio. Aunque sí es más factible el camino a la inversa, del prestigio a la celebridad. La exposición por sí misma no es más que eso, pero por sobre todo es efímera.

*Adriana Amado, analista en medios.