Redes sociales

Comunicación política en la era de la inteligencia artificial: qué cambió

El analista José María Saráchaga explicó cómo la tecnología y las redes sociales modificaron la comunicación política y advirtió que hoy la disputa pasa por influir en el sesgo de la interpretación.

Era de inteligencia artificial: cómo identificar una imagen creada de una auténtica. (reperfilar.)

El analista de discursos políticos José María Saráchaga analizó en diálogo con Canal E cómo la inteligencia artificial, las redes sociales y el acceso a la información están transformando la comunicación política y la construcción del relato.

En ese contexto, planteó que el escenario actual limita la posibilidad de instalar versiones falsas, aunque advirtió que la disputa ahora pasa por influir en la interpretación de la realidad.

El fin de la mentira y el nuevo rol de la tecnología

Saráchaga sostuvo que el acceso masivo a la información cambió las reglas del juego: “Antes vos podías gritar una verdad y la repetición hacía que se instalara. Hoy no podés hacerlo más”.

Según explicó, herramientas como Google o ChatGPT permiten contrastar datos en tiempo real, lo que dificulta sostener relatos falsos durante mucho tiempo. “La tecnología y el manejo de archivos hicieron que la mentira que antes pasaba, hoy no pase más”, afirmó.

La batalla ahora es por el sesgo

Sin embargo, el especialista advirtió que la disputa no desapareció, sino que cambió de forma: “Como ya no te pueden mentir, lo que quieren hacer es forzar tu sesgo”. En ese sentido, explicó que los distintos espacios políticos buscan condicionar la interpretación de los hechos antes de que el ciudadano acceda a la información.

El contexto te lleva a reinterpretar las cosas”, señaló, al comparar el fenómeno con cómo una misma obra puede ser entendida de distintas maneras según el enfoque previo.

Redes sociales: información y distorsión

El analista también destacó el rol de las redes sociales, especialmente Twitter, en la circulación de información. “Hoy es imposible no enterarte de lo que pasa”, explicó, al remarcar que las noticias aparecen incluso en espacios de entretenimiento.

Además, recordó que casos relevantes de la política argentina se conocieron primero en redes: “El caso Nisman fue más fácil de seguir en Twitter que en los medios tradicionales”.

El rol de los equipos y la comunicación política

Consultado sobre la autenticidad de los mensajes de los dirigentes, Saráchaga fue contundente: “Todos los políticos están coacheados, algunos bien y otros mal”. En ese marco, relativizó la importancia de quién escribe los mensajes: “No importa si fue el CM, reputa como escrito por el dueño de la cuenta”.

También advirtió que una mala estrategia de comunicación puede ser contraproducente si se basa en restricciones en lugar de orientar conductas.

Cuando el personaje se impone sobre la persona

Otro de los puntos centrales fue el riesgo de que los dirigentes queden atrapados en su propia construcción mediática.

Hay gente que se come su propio personaje”, afirmó, al explicar que algunos líderes terminan actuando en función de la repercusión que generan y no de una estrategia sostenida. Según indicó, esto puede derivar en errores de comunicación y pérdida de credibilidad en el tiempo.

Exageraciones, teorías y límites del discurso

El analista también diferenció entre mensajes verosímiles y teorías extremas: “Cuando planteás una barbaridad absoluta, se cae sola”.

En ese sentido, explicó que los discursos más efectivos son aquellos que logran cierto grado de plausibilidad, incluso si no son completamente ciertos.

Un escenario sin sanción social

Finalmente, Saráchaga advirtió que, pese a la mayor capacidad para detectar falsedades, no siempre hay consecuencias: “Tampoco hay condena social”.

De esta manera, concluyó que la comunicación política atraviesa una nueva etapa, donde la clave ya no es instalar una mentira, sino influir en cómo se interpreta la realidad.