viernes 28 de enero de 2022
COLUMNISTAS vueltas
14-01-2022 23:55
14-01-2022 23:55

Calentitos los aires

14-01-2022 23:55

La utilidad es circunstancial. Las personas nos llevan de acá para allá según nos necesiten. De la sala al living o, cuando estorbamos, sótano o desván. El tamaño incomoda y la verdad es que no somos fáciles de guardar; ni desarmables ni plegables, hay que escondernos detrás de una puerta o en rincones ociosos. De mesa, de pie, de techo; metálicos, de plástico, blanco, negro, redondeados, turbo, orbital. Como quiera que seamos, nuestro destino es extremo: imprescindibles o no saben dónde escondernos. Corren con ventaja los aferrados al techo, como si la altura los librara del descarte durante el invierno. Y así como los hay silentes o ruidosos, lo que vale es nuestro aire, aunque las palabras del que grita no se escuchen tanto. 

Esta semana retomamos nuestros puestos, el calor convocó a todos los ventiladores, hasta enchufaron a los más destartalados (aspa vieja gira mejor, ya conoce las vueltas de lo que no cesa). Estamos como los molinos de viento de Don Quijote, engrupidos, agigantados por el apremio. Nos andan buscando por todos los rincones, allí  mismo donde nos desecharon, como si lo vetusto mantuviese escondida su función. Nos encienden desesperados pretendiendo expandir los aires fríos de nuestros impersonales primos, los aires acondicionados. Estos que creen llevar la delantera de la utilidad no inspiran a nadie, difícilmente podrán obtener un poema de la naturaleza humana, ni siquiera les darían espacio en una columna como está, demasiado aparatos, muy herméticos. 

Los ventiladores servimos, y no solo para los calores, nuestro aire es liviano, brisa doméstica; acrecienta los sueños, apacigua meditaciones, calma espíritus alborotados como los del gran personaje ambiguo de Conrad en la versión fílmica de Coppola, Apocaliypse now, donde fuimos íconos del aguante… ¡Qué hubiera hecho sin nosotros el principiante Martin Sheen! 

Al menos nuestro ventilar jamás es oprobioso, no esparcimos secretos ni chanchullos. El desaire es humano.

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