viernes 30 de julio de 2021
COLUMNISTAS OPINION
12-06-2021 23:55

Cambiemos o sigamos

12-06-2021 23:55

“Somos cambio o no somos nada” es la “idea fuerza” de Mauricio Macri en su campaña por seguir conduciendo al PRO. Eslogan polisémico en múltiples dimensiones: el cambio en el PRO es el cambio de Macri para que el partido pueda seguir su rumbo sin estancarse y morir; o si fuera continuar con el mismo liderazgo de Macri y en las PASO de septiembre Horacio Rodríguez Larreta venciera a sus candidatos, confirmar que ya “no somos nada” y quienes verdaderamente son, son otros. “Mal favor le hace el discípulo al maestro continuando discípulo”, le decía Seneca, padre del estoicismo, a su sobrino Lucinio, gobernador de Sicilia en el siglo I, consejo que Horacio Rodríguez Larreta pareciera estar aceptando. No solo por la decisión de contradecir a Macri en la estrategia electoral de 2021 enfrentando con sus propios candidatos a los de Macri, sino hasta por permitirse discutir el nombre mismo de la coalición evaluando eliminar la palabra “cambiemos” cargada de esperanzas decepcionadas.

La disputa no es Macri o Larreta, sino cristalización o evolución: cambio es cambio del cambio 

Todos los partidos precisan renovar sus conducciones, pero en el caso del PRO, la disputa más que generacional (edípica) es existencial: el PRO fundado en 2005 como Compromiso para el Cambio que en 2008 cambió su nombre a Propuesta Republicana, y en 2003 tuvo su origen en el Frente Compromiso para el Cambio, estuvo siempre al servicio de un dueño, una persona, Mauricio Macri. Hay muchos ejemplos de partidos de personas en la historia contemporánea de la Argentina, desde el de Cavallo hasta el de Perón. El distinto grado de éxito, medido en su perdurabilidad, obedece primero al éxito del líder fundador en su acción de gobierno y luego a la posibilidad de trascender a ese líder y sobrevivirlo.

Umberto Eco, en su definición sobre aquello que es autor, explicaba que si una obra envejecía y moría con el autor, era una prolongación del narcisismo del autor. Que para que una obra fuera tal (y en el fondo un autor fuera verdadero autor) esta tenía que independizarse de su creador, pudiendo ser interpretada o ejecutada por otros.

Probablemente la verdadera obra en la coalición opositora no haya sido el PRO, sino Juntos por el Cambio y antes Cambiemos. Y sea allí donde deba producirse el proceso de evolución o degradación de la coalición, cuyo gran mérito no fue ganar elecciones –de hecho, terminó perdiendo la última pero su triunfo fue perdurar–, sino equilibrar el sistema político en un bicoalicionismo deseablemente perenne.

Las bases de esa obra podrían no haber sido puestas  por Macri, sino por el menospreciado Marcos Peña al ver hoy a Macri como, ya sin su consejo y acompañamiento, muestra regresivamente una cara más cercana a la de López Murphy, pero sin su refinamiento intelectual y con un estilo de discurso de taxista libertario.

El propio peronismo está en un proceso de actualización interna, donde expulsa a representantes del exitoso ascenso social promovido por Perón a mediados del siglo pasado, como Miguel Ángel Pichetto y previamente Emilio Monzó hacia la coalición opositora, a Roberto Lavagna y Florencio Randazzo hacia una intermedia, y Juan Schiaretti o Sergio Massa aún dentro de la propia. Y lo mismo en el radicalismo, con parte de su ala de izquierda migrando a la coalición hoy de gobierno, como hicieron Leopoldo Moreau, Leandro Santoro y  más recientemente Ricardo Alfonsín.

Probablemente la Argentina entre en un proceso de síntesis donde las dos grandes coaliciones compartan un tronco común peronista-radical, coincidiendo en la necesidad del carácter inclusivo de las políticas a implementar bajo la forma de un capitalismo con justicia social. De ser así, dentro de la coalición hoy opositora se debería producir un triunfo de las visiones de centro que simbolizan Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.

La palabra Cambiemos no representa síntesis de amalgama con el pasado, sino de ruptura con él. Si bien la Argentina no tiene un pasado cercano floreciente, pareciera haber cierto consenso sobre la necesidad de consenso. “Sin reconciliación no seremos nada”, sería el eslogan de quienes dentro de ambas coaliciones rescatan en un caso la palabra “juntos” y en el otro la palabra “todos”.

Cambiar de verdad sería dejar la polarización fratricida que nos condujo al mayor proceso de decrecimiento y desdesarrollo del último siglo en todo el mundo. Cambiar una Argentina que viene siendo el ejemplo de nación fallida implicaría entonces integrar valores del contrincante.

Desde el punto exclusivamente electoral, el fracaso económico de la presidencia de Mauricio Macri resulta un lastre para cualquier candidato. Patricia Bullrich puede superarlo y ser una exitosa candidata porque su área de acción: la seguridad, no está atravesada por las discusiones de rumbo económico. La seguridad es uno de los pocos puntos donde hay acuerdos explícitos entre oficialismo y oposición, coincidiendo Sergio Berni con Patricia Bullrich más veces de las que discrepan, y los conflictos del ministro de Seguridad de Kicillof son con el gobierno nacional de Alberto Fernández y no con el local de Rodríguez Larreta.

JxC y el FdT juegan distinto en 2021: posponer la interna es la clave de uno y adelantarla, la del otro

Pero la seguridad, que puede ser una temática puntual suficiente para ganar una elección legislativa (basta recordar cómo Francisco de Narváez ganó en 2011 con su eslogan “tengo un plan” para combatir la inseguridad), no resulta suficiente a la hora de votar por un proyecto presidencial donde todos saben que, finalmente, hasta la  inseguridad está también condicionada por el éxito o fracaso de la economía, donde Cambiemos falló contundentemente.

En 2021 oposición y oficialismo juegan distintos partidos. La coalición oficialista va a un referéndum de su gestión para poder continuar en 2023 posponiendo la definición de su interna para más adelante. La coalición de oposición, en cambio, juega en 2021 su propia interna convencida de que si no la resuelve ahora, carecerá de un 2023 expectante.