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COLUMNISTAS / ELECCIONES
domingo 10 febrero, 2019

La espera

Macri y CFK aguardan la hora del voto, por razones diferentes.

por Carlos De Angelis

Sala de espera. Foto: Pablo Temes

Mauricio Macri y Cristina Kirchner esperan. Esa pareciera ser la síntesis de todo el panorama electoral. Pero esperan por razones opuestas.

El Presidente espera al segundo trimestre –abril o mayo–, cuando le ha prometido su staff económico que surgirán algunos brotes verdes sobre el otoño austral. Sin cometer el error de años anteriores de predecir hechos que nunca ocurrieron, aguarda para el gran acto de campaña reparador que le permita anunciar que quedó atrás la recesión, y mostrar con contundencia que todo el sacrificio obtuvo su recompensa. Su intensa minoría necesita urgente, elementos discursivos que vayan más allá de lo meramente simbólico para mostrarse como un proyecto superador y habilitar, de paso, una conversación con los votantes que fueran propios, pero que empiezan a sentir nostalgias económicas de años anteriores.

En el camino, Macri se aseguró el objetivo de que la triple votación se realice en la misma fecha dominando la fugaz rebeldía de la gobernadora María Eugenia Vidal y forzando a Horacio Rodríguez Larreta a modificar una tradición porteña de autonomía. Ahora la preocupación electoral se transfiere a ellos cuando ambas figuras superan en las encuestas de imagen al mandatario, y por ello se verá al trío actuando en forma sincronizada a lo largo de la campaña electoral. Si las cosas van bien, Macri reforzará su liderazgo en forma tal que en su segundo mandato pueda llevar adelante su proyecto soñado, dejando atrás un primer gobierno de logros inciertos. A la zaga quedaron las recetas del PRO de asumir riesgos e introducir novedades en el sistema político. Ahora el camino es conservar lo acumulado.

Paso a paso. Vidal conserva la ventaja de que en su provincia la elección se resuelve a una sola vuelta. En cambio, en la Ciudad de Buenos Aires y en la Nación las dos boletas más votadas se deben someter a un segundo turno. No obstante, tienen esquemas distintos para decidir quién gana: en Capital se va a ballottage si ninguna fórmula obtiene la mitad más uno de los votos. En la nacional, la reforma de 1994 organizó las cosas para el futuro usufructo personal de Carlos Menem, cosa que nunca ocurrió, pero que consagra automáticamente al presidente y vice si la fórmula ganadora supera el 45%. Pero si el ticket ganador estuviera entre el 40% y el 45% y si el segundo quedara a menos de diez puntos, habría segunda vuelta. Vale decir que se necesitaron dos artículos de la CN para explicar este rebuscado sistema.

Sabio o líder. Por Jorge Fontevecchia. 

Conclusión uno: Vidal puede ser reelecta mientras que Macri y Rodríguez Larreta casi seguro tendrían que continuar la batalla electoral. Conclusión dos: se impone una reforma constitucional que armonice los sistemas electorales del país y que organice las fechas hoy dispersas a lo largo del año.

Ahora, en los atalayas electorales de Capital y Provincia angustia la duda sobre qué pasaría si Macri no superara los 35 puntos en la primera vuelta: el castillo de naipes podría derrumbarse. Por eso, contrariamente a lo que sostiene pour la gallerie Jorge Macri, las PASO son, en esta oportunidad, más importantes que nunca. Significa lo que en teatro es el ensayo general, la prueba sobre cómo están funcionando los distritos y la posibilidad de solucionar problemas si se encendieran las alarmas. Solo en contados municipios se va a expresar el espíritu de las primarias, esto es que se activen las dinámicas partidarias con varios candidatos pulseando para ser uno de ellos seleccionado para las elecciones generales.

Otra espera. Cristina Kirchner espera. No tiene apuro en exponer su estrategia hasta el mismo día de la presentación de las listas. Obliga al Gobierno a establecer un plan de contingencia si decidiera, en vez de presentarse, bendecir a otra persona, aunque hoy ese escenario tiene baja probabilidad. No cree en la reactivación que sobrevendría según las perspectivas económicas del oficialismo, con lo que cuenta con el marasmo del consumo de las clases medias atribuladas por la pérdida del poder adquisitivo, los aumentos en los servicios públicos y los futuros aumentos de prepagas, colegios privados, telefonía móvil, etc., y que afectan a unos sectores sociales que a partir de los años 90 privatizaron sus gastos.

También, contra la imagen de una Cristina intempestiva que se construyó hacia fines de su segundo mandato, comienza a tejer acuerdos con gobernadores peronistas, bajo la premisa de que una lista alternativa con su imagen puede entregar distritos completos a manos de Cambiemos. Y esto es un negocio político que interesa a todos, desde Juan Manuel Urtubey hasta Juan Schiaretti. La gran pregunta es cuál es la contrapartida de este apoyo. Una expectativa es volver a construir la masa crítica que logró entre 2010 y 2011 y que se desplomó una semana después de ganar, en octubre de aquel año, tras la imposición del cepo cambiario. Incluso algunos sueñan con un “gran frente” que recupere en parte la transversalidad de 2007 enterrada a kilómetros de profundidad tras el voto no positivo de Julio Cobos.

El negocio de Massa. Por Gustavo González. 

El gran problema es la desconfianza que genera Cristina sobre el cumplimiento posterior de los acuerdos en un sistema hiperpresidencialista que supo explotar al máximo en sus días. Probablemente un curso de acción posible es que la ex presidenta deba prescindir de incluir a propios en las listas de los senadores de los ocho distritos que corresponde votar en esta categoría en 2019 (Chaco, CABA, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego). De los 24 puestos que se sufragan, probablemente 15 vayan a tener color justicialista tras las elecciones, y pueden ser claves para la salvaguarda del pacto –incluso para el autoexcluido Miguel Pichetto–. Sería la presentación de una alianza “interperonista”, para disgusto de los que despotrican contra los míticos –y falaces– “70 años” de peronismo.

Barajar y dar de nuevo. En este terreno se observa el desarme de las terceras vías, centralmente la Alternativa Federal, el peronismo no K, aunque también para cierta centroizquierda anclada en la provincia de Santa Fe. Más allá de una genuina demanda de una parte del electorado para salir del laberinto que impone la polarización M-K, la eterna demora para construir una real alternativa de poder desarma las expectativas y genera que una parte de los integrantes del peronismo monotributista comience a mirar con pragmatismo la oferta del cristinismo de amnistía general.

No en vano la última adquisición del espacio no alineado, Roberto Lavagna, desempolvó la bibliografía justicialista para sumarse a la espera y plantear finalmente que hay que desensillar hasta que aclare.

*Sociólogo (@cfdeangelis).


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