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COLUMNISTAS / opinion
domingo 4 agosto, 2019

La innovación careta

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por Luis Costa

Ofelia Fernández Foto: Twitter @OfeFernandez_
domingo 4 agosto, 2019

En un video propio de campaña, Ofelia Fernández se muestra descontracturada, repleta de colores, usando la palabra “mierda”, con textos que aparecen en pantalla en colores y tipografías que la política en general no utiliza. Ofelia parece ofrecer un desafío, exponer a los otros, porque su rol sería ser vehículo de la realidad, mientras el macrismo sería una gran puesta en escena. El video de Ofelia convive en el tiempo, y el espacio de las redes sociales, con otras estéticas, con videos que no utilizan la palabra “mierda”, con Vidal sufriendo o con el perro de Alberto Fernández tomando una pelota en el aire. Mientras el video de Ofelia podría asumirse como rupturista y extraño, como bordeando el sistema, se expresa en realidad como una incorporación más a las tantas opciones estéticas que la política implanta en tiempos de campaña. La sociedad trata la desviación como parte de sí misma, y por eso Ofelia es candidata.

La multiplicación de las estéticas en campañas electorales permite pensar el modo en que se puede realmente tratar una innovación como tal y hasta qué gradiente la incorporación de novedades puede ser redituable. Al lado del formato de Ofelia, Cambiemos sigue construyendo innovaciones realmente atípicas para la historia política de nuestro país y en medio de una gestión con evidentes conflictos serios en economía. Típicamente, Cambiemos no debería tener ninguna chance, pero las tiene gracias a innovaciones que no requieren una estética de premios Mtv, sino que se producen en el desafío a otros patrones menos evidentes.

Los candidatos de Cambiemos no tienen un discurso político en formato de ideología, asumen errores, se muestran como personas comunes, normales, como el que mira ese video, como el que se queja de la corrupción y sufre de los gobernantes, como el que observa el mundo y no puede creer que sea tan injusto. Cambiemos construye un artilugio discursivo y estético en el que se incorpora en la política utilizando la ficción de salir de ella. Mientras Ofelia juega a incorporar novedad a los espacios vetustos, Cambiemos simula ser un observador que se aleja, y en ese juego produce una alternativa comunicacional inédita en el que su supuesto alejamiento termina produciendo sus chances de incorporación.

Condicionado, Alberto recurre en la campaña a los gestos típicos del peronismo que aleja a la franja de los indecisos. 

El peronismo se encuentra intentando también lidiar con algunos criterios necesarios de innovación y la candidatura de Alberto Fernández apareció en el escenario público como una estruendosa modificación a las expectativas, aunque el despliegue de sus pasos hace, a estas alturas, sospechar una necesidad en la decisión que supone lo contrario. Perón en el exilio escribía cartas, daba indicaciones de comportamiento y seleccionaba nuevas corrientes internas que permitían anular a los que asomaban como amenazas a su liderazgo total para seguir garantizando su centralidad. Cristina presenta su libro jugando a un supuesto exilio, como desde lejos, hablando en una supuesta periferia, pero controlando el partido y siguiendo como barrera a una real modificación de los liderazgos en el peronismo. Alberto, más que una innovación, resulta una garantía de bloqueo a las novedades, las que podrían construir un poskirchnerismo.

Los conflictos por la novedad pueden encontrarse también en los partidos de izquierda que expresan hoy desafíos estéticos dispares. Nicolás del Caño suele estar con algunas sonrisas, pero con abundancia de gestos más bien preocupados por la explotación de la clase trabajadora, mientras Manuela Castañeira suele desbordar de alegría. ¿Cómo debe tratar el marxismo en campaña los problemas de la explotación del hombre por el hombre? ¿Consternado o alegre? Hay algo de Cambiemos en Manuela, en ese tratamiento novedoso de las desgracias del sistema,  alternando un ceño fruncido, por un abrazo cálido y repleto de disfrute, que hace que la lejanía de su forma de comunicarse con la tradición de izquierda vuelva a ingresarla al centro de la discusión desde un rol que ya existe en la política. Sí, hay algo de todos, en todos, y todos en la red de nuestra sociedad.

No existe en realidad la novedad del exterior, desde afuera de la sociedad. No existe operación que no se conecte con lo que existe, incluso la de Vidal como respuesta al kirchnerismo, o la de Ofelia como lo contrario a Macri. Lo que suele ser un error es querer adjudicarse la innovación creyéndose modernos, porque puede ser que la derecha del mundo ejecute variaciones más productivas, aunque parezca una reproducción perfecta, del estado de las cosas.

 *Sociólogo.


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