viernes 09 de diciembre de 2022

No interrumpa por favor

15-10-2022 23:55

Supuestamente la comunicación podría ser una especialidad de oficio, es decir con expertos y expertas en lograr que eso sea generado con cierto éxito. Esta confianza excesiva supone una voluntad dominante sobre un proceso que se asume bajo condiciones unidireccionales, en donde la conformación de un correcto paquete de contenidos de ideas podría ser enviado hacia un cerebro en condiciones de recibirlo y aceptarlo. Quienes aseguran saber hacer esto, es decir ser una suerte de servicio postal de la influencia, suelen tener que agregar luego siempre matices, producto de la misma inconsistencia de semejante promesa, en los que se aclara que el estudio de las audiencias siempre es necesario para determinar expectativas de escucha y por lo tanto adaptar el mensaje. Así, de un momento a otro, se pasa de la capacidad experta a la adaptación coyuntural.  

En realidad, la comunicación debe ser pensada mayormente bajo condiciones de indeterminación y no de control, y esto debe incluir la remoción necesaria de la vieja idea de un supuesto envío de algo. Si se observa con atención, la comunicación solo se sostiene en el tiempo por el esfuerzo enfrentado de dos partes que asumen creer entenderse en la secuencia que van acompañando mientras hablan, de modo que para que algo siga su curso, ambas partes, o la cantidad de involucrados que sean, deben ir detectando qué es lo que mejor funciona en términos operativos para que se pueda seguir charlando sin que eso se interrumpa. Nadie en realidad envía nada, es solo lo que dicen como prueba de consistencia de una continuidad, porque la comunicación es básicamente una lucha contra su desaparición.

La insoportable exageración de la imagen 

Los procesos de socialización cooperan en la forma de mejor comprender los modos de poder hablar con otros. Se aprende en la vida sobre las formas que mejores resultados ofrecen para seguir con cordialidad con otros, y que por su éxito quedan disponibles para su reutilización, y se conocen las que deben ser utilizadas para limitar casos de diálogo que no pueden continuar. Con esta idea, de un cambio de la ilusión inespecífica de envío de mensaje, a otra basada en una perspectiva más bien constructivista, en la que la comunicación vive solo sobre la misma comunicación que se sostiene como supuesto compartido, puede prestarse atención a esquemas sociales de otro tipo que no se basan en la capacidad experta de un logro en el decir, sino solo en la continuidad irreflexiva del tiempo que puede trasladar la sobrevivencia de una comunicación sin que se elimine su existencia.   

Estas consideraciones permiten ubicar en un sentido alternativo a aquello que se intenta determinar con precisión bajo la idea de datos y su supuesto rol en los procesos de comunicación. Con los datos, con la información precisa, algunos procesos comunicacionales podrían supuestamente llegar a secuencias de enlaces en los que las ideas cederían paso a las evidencias, de modo que un dato sería imbatible frente a una mera opinión. Sin embargo, esto parece ofrecer una complejidad adicional, ya que la variedad de datos y las múltiples perspectivas de sus mismas utilizaciones, hacen a los mismos datos, como paradoja, jugar un rol complementario bajo las señaladas condiciones en que la comunicación puede ser o no sostenida. Es decir, en contextos específicos, las personas aprenden también qué datos mencionar o remarcar, para lograr diálogos más duraderos con los públicos que toque en suerte.  

Los empresarios saben que van al Coloquio de Idea a reclamar reglas claras y seguridad jurídica, a analizar por qué a la Argentina no le va mejor y a escuchar como siempre sobre un caso de éxito conocido en Estados Unidos, en esta ocasión Jeff Bezos, que no podría haber sido tal en nuestro país. No suelen debatirse temas alternativos, aunque equivalentes, como la posibilidad de pensar si Macri podría haber sido presidente de Estados Unidos o de algún otro país del primer mundo o si los millonarios argentinos podrían haber logrado fortunas equivalentes en mercado desregulados. Estos debates suelen quedar pendientes.  

Todas estas reflexiones que se apoyan en datos son desplegadas con criterios irreflexivos y de los cuales la audiencia hace completa abstracción en términos de su origen y clasificación, pero que de cualquier manera son asumidos como ayudas necesarias para seguir hablando mientras pasa el tiempo. El interés para al análisis sociológico no es el dato, sino la aceptación del dato como eje para permitir la continuidad de aquello que se está proponiendo como tema. Alberto Fernández cerraba el Coloquio con información del crecimiento económico al mismo tiempo que su audiencia revisaba sus teléfonos celulares, ya que esos datos, que también hablaban de ellos, no permitían seguir el modo del evento, del que tanto gusta utilizar para indignarse por el país que nunca sale adelante.   

Un arma sin rostro en una política de conocidos

En una entrevista, Eduardo Bolsonaro mira a sus entrevistadores y asegura que en algunos supermercados de Argentina vio góndolas de carne vacías, que en Brasil ahora casi no hay cortes de calle, que baja la inflación y que los dueños de la tierra, gracias a que pueden andar armados por toda la propiedad, pueden de ese modo amedrentar intenciones de ocupación de la propiedad privada. Esos datos, en ese contexto, no son puestos en duda ni vueltos a preguntar para comprender la profundidad o la relación causal que se estaría ofreciendo con el uso de los mismos. Los datos del hijo del presidente de Brasil sirven fundamentalmente para sostener la condición de poder seguir hablando.   

La sociedad debe ser observada como el lugar en el que se trata de seguir hablando. Cristina Kirchner lucha contra su licuación buscando relacionar datos sueltos, incluyendo a los medios de comunicación, la justicia y los formadores de precios, como modo necesario para que su diálogo con sus fanáticos siga supuestamente activo en esquemas de vinculación que nunca terminan de ser del todo comprobables (aunque para Kicillof se note mucho) pero cuyos criterios supuestos de verdad permiten que la indignación construida en esas pláticas desplegadas en el tiempo, sigan existiendo.  

Así, lo que se necesita es un tema, alguien con quien hablar y tiempo para hacer que eso dure y se sostenga. La realidad, es solo lo que aparece cada tanto como impacto, y generalmente lo hace para interrumpir un diálogo. Por eso molesta tanto el mundo de verdad. Es bastante irrespetuoso.