jueves 29 de julio de 2021
COLUMNISTAS opinion
28-02-2021 01:58

Vacuna contra la anomia

La crisis desatada por el Vacunatorio Vip,  funciona como un analizador social y como tal puede leerse a muchos niveles.

La crisis desatada por el Vacunatorio Vip,  funciona como un analizador social y como tal puede leerse a muchos niveles.

Rincones. “Analizador” fue el término utilizado por el sociólogo francés René Loureau es sus desarrollos de psicología social y educación. Para Loureau el analizador es una marca, una señal de una institución que habla de ella. Esta marca. a veces invisible o naturalizada, suele sacar a flote una serie de elementos disfuncionales pero que estaba ocultos y que hablan de su historia, de su constitución y de sus formas para resolver los conflictos.

El problema es que la distribución de las vacunas tanto para personas por fuera de los criterios esperados, pero también la entrega de vacunas a instituciones privadas que habrían priorizado a sus afiliados consternó a la sociedad argentina. Sin embargo, en situaciones como estas la institución no es un edificio, ni un ministerio en particular, sino la política argentina, aunque también habla de la cultura política, una forma de pensar las cosas que pondera las avivadas, la especulación y la ventaja espuria. En esta lógica tienen la ventaja los más fuertes, quienes tienen más volumen de capital económico, cultural y especialmente capital social. El capital social es precisamente el entramado de relaciones que colocan a los sujetos en un lugar particular del campo social. Es capital social se suele reproducir en instancias informales como las relaciones familiares, la escuela, la militancia, etc. No en vano buena parte del funcionariado de Mauricio Macri provenía la escuela secundaria de elite donde él había cursado. El capital social se construye como espacio de horizontalidad y confianza (de clase), más allá de las capacidades individuales.

Uno de los elementos que
 construye la arbitrariedad
 es la extensión del
 relativismo a todas las
 esferas de la sociedad

Relativismo y anomia

Uno de los elementos constructores de la arbitrariedad en Argentina (y en otros lares) es la extensión del relativismo a todas las esferas de la sociedad. A partir del relativismo no hay brújula para evaluar qué es lo correcto y lo que no. Es verdad que en forma positiva se rompen muchas barreras que hasta no hace tanto mostraban aspectos rígidos de las sociedades como en el caso de la sexualidad. Sin embargo, si bien la idea de que “todo es relativo” atraviesa el siglo XX, y entra en la actualidad reemplazando a un viejo término sociológico: la anomia. La anomia fue un concepto fundacional de la sociología como ciencia de la modernidad y fue desarrollado en particular por Émile Durkheim. La anomización de un espacio social emerge del momento en que los vínculos sociales se debilitan. El ejemplo histórico clásico se da a principios del siglo XX con el auge de la industrialización y la pérdida del vínculo cara a cara propia del medio rural y de los pequeños pueblos, aunque también se puede referir a los conflictos del paso de la niñez a la adolescencia. La debilidad de los vínculos se correlaciona con la pérdida de las regulaciones sociales: se pierde integridad, y sentido de pertenencia. La pérdida de sentido puede generar preguntas existenciales (¿para qué estoy?) o materiales (“me mato trabajando y no consigo nada”).  No es casual que Durkheim vinculara el efecto de la pérdida de sentido con el suicidio, acción de los que creen que ya no tienen nada que perder.

Gris de ausencia

Cuando se habla de ausencia de normas como constitutivo de la anomia las referencias son tanto a las reglas de comportamiento (desde cómo referirse a los demás o cómo caminar en la calle) hasta las regulaciones formales e informales estatales. La lógica de los entramados sociales también se vincula al sentido de pertenencia a un colectivo amplio como la Nación (¿por qué estamos juntos?). En este sentido tras la fallida globalización de los 2000 no es raro que vuelvan los nacionalismos al mundo.

Si la vacunación se hace en
 forma masiva, en tiempo y
 forma, será un activo vital
para Alberto Fernández
de cara a las elecciones

La particularidad es que la Argentina se percibe que como proyecto inacabado y en transición permanente, un proyecto que ha perdido el rumbo histórico y que genera, profundiza y naturaliza las inequidades. Los discursos económicos son insuficientes para entender lo que sucede. Es el paso de la depresión económica (un país que no crece hace años) a la depresión social: la renuncia a la apuesta diaria de construir algo que vaya más allá de los agentes individuales.

Desconexión

Una de las cosas que sorprende de todo el proceso del Vacunatorio VIP es la desconexión entre la buena parte de la dirigencia política en general y altos funcionarios gubernamentales en la particular con la sociedad argentina, profundizando las percepciones de desarraigo construidas a través de los años. Es cierto que es difícil percibir en su real dimensión los efectos sociales de la pandemia. Por una parte, el desconsuelo de quienes vieron partir familiares y amigos, ya sea por Covid-19 u otras causas sin poder despedirse a lo largo de 2020. Por otro lado, el desarme material de gran parte de la población que perdió su fuente de trabajo o se vio reducido sus ingresos familiares al mínimo. Finalmente, el miedo que significó y significa enfrentarse a una enfermedad como la presente y donde la vacuna es una esperanza a la que aferrarse.  Se podría haber decidido con total legitimidad disponer una lista que ordenara la vacunación del presidente, vice, Corte Suprema, ministros, presidentes de bloques de diputados, senadores y gobernadores. Aun así, algunos habrían protestado, pero hubiera significado una apuesta a la institucionalidad y la despartidización de la vacuna.

Daños

Tampoco hay que ser ingenuo para entender que, si la vacunación se hace en forma masiva, en tiempo y forma será un activo vital para Alberto Fernández de cara a las elecciones. Es el capital político de quien hace bien las cosas. Sin embargo, los canales informales de suministro de vacunas (como de otros elementos como las ayudas sociales) causan un daño social pero también político, fortalecen la anomia y la perspectiva de que “en la Argentina cualquier cosa puede pasar”. El control de daños no puede evitar posarse en la credibilidad de Alberto Fernández, lastimada en el proceso. Minimizar la cuestión y hasta enojarse con el espejo no hizo otra cosa que profundizar el disgusto de una sociedad que simplemente esperaba una disculpa.

*Sociólogo (@cfdeangelis)