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Economía | Radar de consumo

Aunque baja la inflación, los cordobeses siguen viviendo en “modo ahorro”

La desaceleración de los precios todavía no logró modificar el comportamiento de los consumidores. Un estudio realizado en Córdoba revela que las familias continúan priorizando el ahorro, postergan gastos no esenciales y administran cada compra con mayor cautela.

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Crisis. Las familias redujeron las compras de bienes durables y también de productos básicos. | cedoc

La inflación dejó de ocupar el centro de la escena económica, pero eso no significa que los hogares cordobeses hayan recuperado la confianza. Esa es una de las principales conclusiones del Radar de Consumo 2026, elaborado por Perspectivas Sociales junto a Smith, que sostiene que el consumo “no se detuvo, pero perdió previsibilidad” y que las decisiones de compra siguen dominadas por la incertidumbre.

El informe parte de una idea que atraviesa todo el trabajo: la recuperación del consumo no depende únicamente de que aumente el ingreso o disminuya la inflación. También requiere que las familias perciban un horizonte económico más estable. En otras palabras, el problema ya no pasa exclusivamente por cuánto dinero entra al hogar, sino por el temor a necesitarlo más adelante. Esa sensación queda reflejada en uno de los conceptos centrales del estudio: “La reactivación no empieza cuando entra más plata. Empieza cuando baja el miedo a necesitarla después”.

Los datos muestran que el ajuste continúa presente en la mayoría de los hogares cordobeses. Seis de cada diez familias (61%) aseguran que hoy están más ajustadas económicamente que hace un año, mientras que apenas un 14% afirma llegar a fin de mes con algún margen para ahorrar. Al mismo tiempo, sólo el 31% sostiene que puede atravesar el mes sin sobresaltos económicos, una cifra que refleja que la recuperación todavía no llegó de manera uniforme.

El 73% de los cordobeses asegura que vive en 'modo ahorro', aunque el 72% intenta darse algún gusto.

Las expectativas hacia adelante tampoco muestran un optimismo contundente. Un 31% cree que su situación permanecerá igual durante los próximos meses, mientras que quienes esperan una mejora apenas superan a quienes prevén un deterioro. El escenario aparece fragmentado y condicionado por la experiencia reciente de cada hogar.

Esa incertidumbre explica por qué el dinero excedente dejó de transformarse automáticamente en consumo. Cuando el estudio preguntó qué harían si dispusieran de un ingreso adicional, el 40% respondió que lo ahorraría por precaución, el 25% lo destinaría a cancelar deudas y el 23% simplemente lo utilizaría para llegar con mayor tranquilidad a fin de mes. Apenas un 6% recuperaría gustos que abandonó y porcentajes marginales volverían a comprar primeras marcas o productos de mayor calidad.

Consumir también genera cansancio

Otro de los fenómenos que identifica el informe es el cambio en la manera de comprar. El consumidor cordobés ya no decide de forma automática: compara precios, analiza promociones y evalúa riesgos antes de concretar cada compra.

El 79% asegura que compara más antes de comprar, el 74% considera que ahora elige mejor en qué gastar y el 77% reconoce que comprar implica un importante desgaste mental. Incluso, el estudio identifica un 59% de “fatiga del consumo”, un indicador que refleja el cansancio que provoca administrar permanentemente el presupuesto familiar. La conclusión de los investigadores es que comprar dejó de ser una tarea rutinaria para convertirse en una actividad que demanda tiempo, cálculo y planificación.

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Menos impulso, más cálculo

En ese contexto, el informe sostiene que el consumo ya no puede explicarse únicamente por la pérdida de poder adquisitivo. Lo que observan los analistas es una verdadera reorganización de prioridades. Las familias preservan los gastos considerados esenciales, negocian los pequeños gustos personales y revisan permanentemente qué marcas, comercios o canales de compra les ofrecen una mejor relación entre precio, calidad y confianza. El ajuste, por lo tanto, no significa dejar de consumir por completo, sino modificar la forma en que se consume.

También cambia el concepto de “comprar inteligentemente”. Para la mayoría de los encuestados significa elegir cuidadosamente en qué gastar (52%), aprovechar promociones útiles (51%) y comparar alternativas antes de decidir (29%). A eso se suma un creciente abandono de primeras marcas cuando el consumidor entiende que ya no justifican la diferencia de precio.

El excedente económico ya no se destina a consumir: la prioridad pasó a ser ahorrar, pagar deudas o llegar a fin de mes.

El gusto no desaparece, pero se administra

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el ajuste económico no elimina completamente el deseo de consumir. El 73% afirma vivir permanentemente en modo ahorro, aunque el 72% reconoce que intenta darse algún gusto, por pequeño que sea.

Para los encuestadores no existe una contradicción entre ambos comportamientos. Por el contrario, sostienen que los consumidores desarrollan mecanismos para justificar pequeñas compras que les permitan sostener cierto bienestar emocional sin poner en riesgo la economía familiar. El placer, concluye el informe, no desaparece, pero sí cambia de escala. Se vuelve más pequeño, más racional y mucho más controlado.

En definitiva, el Radar de Consumo muestra que la desaceleración de la inflación todavía no alcanzó para modificar la conducta de los hogares cordobeses. La estabilidad macroeconómica comienza a consolidarse, pero el consumo sigue condicionado por una variable menos visible y más difícil de revertir: la confianza en el futuro. Mientras esa percepción no cambie, las familias continuarán administrando cada peso con la lógica del ahorro antes que con la del gasto.