En el oficialismo cordobés nadie lo admite en voz alta, pero la gestión ya se mezcla sin pudor con la construcción política. Y ahí aparecen dos nombres que juegan fuerte en la calle: Juan Pablo Quinteros y Marcos Torres. Dos ministros, dos estilos, un mismo objetivo: instalarse.
Quinteros no suelta la agenda ni los fines de semana. Arranca con el operativo electoral de la comunidad peruana en Córdoba y termina, sin escalas, supervisando la seguridad en el Estadio Mario Alberto Kempes durante el show de Ricky Martin. Todo registrado, todo comunicado. La lógica es clara: presencia permanente, cámara cerca y mensaje de control.
Del otro lado, Torres decidió que la gestión también se comunica… pero con barro. Literal. El ex intendente de Alta Gracia ya tiene su propio “sticker político”: botas, lluvia y territorio. “Sin miedo al barro” no es solo una frase interna del ministerio; es una estética. Y una señal.
Mientras Martín Llaryora ordena que nadie se despegue del territorio, sus ministros obedecen con disciplina casi escenográfica. Sacos y corbatas, solo si hay acto formal. El resto del tiempo: calle, operativo y cercanía. O al menos, la puesta en escena de esa cercanía.
El caso más contundente fue el operativo en el norte provincial. Con 16 familias aisladas por la crecida del río Dulce en el paraje Isla Verde, el Ministerio de Desarrollo Social desplegó asistencia aérea. Torres se subió al helicóptero, llevó provisiones y dejó la foto. La gestión resuelve, pero también construye relato.
En el Panal lo saben: en tiempos de ajuste y tensión social, el que no se muestra, no existe.
Los “leones” se juntan y pasan lista
Mientras el oficialismo provincial ordena su tropa, La Libertad Avanza afila su armado en Córdoba. El próximo sábado, en el Jardín Botánico de Córdoba, habrá foto de familia libertaria con dirigentes de los 26 departamentos (incluido la capital)
El encuentro, impulsado por la Juventud Libertaria, tiene un objetivo menos romántico que el nombre: contar quién está y quién no.
Porque la tensión pasa por otro lado. La relación con el PRO está en zona gris después de los movimientos de Laura Rodríguez Machado y Oscar Agost Carreño, y del siempre explícito respaldo —o presión— de Patricia Bullrich.
Bullrich llamó al PRO Córdoba a apoyar a LLA en 2027
Pero el foco fino está en el radicalismo. Gabriel Bornoroni avanza con el reclutamiento, asistido por Soledad Carrizo y Luis Picat. La pregunta no es si hay radicales tentados, sino cuántos se animan a cruzar la línea… y posar para la foto.
En el entorno de Rodrigo de Loredo miran con atención quirúrgica. Y en Buenos Aires también. Porque Córdoba, otra vez, puede ser laboratorio de algo más grande.
Gill vuelve (porque en política nadie se va del todo)
En el peronismo cordobés, la palabra del momento es “unidad”. Y como toda unidad, tiene tensiones adentro. En ese marco, reaparece Martín Gill. Será el representante uninominal del departamento San Martín en el Consejo Provincial del PJ. Un cargo relevante en la arquitectura partidaria que busca reordenarse.
La jugada de Llaryora es quirúrgica: integrar incluso a los que no están del todo alineados. Porque Gill mantiene diferencias con nombres pesados del territorio como Eduardo Accastello y Nora Bedano.
Hoy, desde el llano académico, Gill no rompe. Pero tampoco se retira. En su entorno dicen que no hay definiciones. En política, eso suele significar exactamente lo contrario.