Lo que hacen las victorias. Las ilusiones se renuevan. E invita a soñar. En Alta Córdoba (y en La Agustina), hay una idea que vuelve a aparecer, obstinada, como si nunca se hubiera ido del todo: la posibilidad. No es euforia todavía, ni mucho menos certeza. Es algo más delicado. Una ilusión que se comenta en voz baja, que se mide en puntos, en fechas, en rivales, en ese calendario que de pronto dejó de ser una simple hoja para convertirse en un mapa hacia algo mayor.
La fecha pasada Instituto venció por 2-0 a Defensa y Justicia no sólo obtuvo tres puntos: dejó la sensación de que el equipo de Diego Flores empieza a entender el momento, a jugar con esa mezcla de urgencia y cálculo que exigen los finales de torneo. Porque ahora todo se resume en eso: llegar.
En Alta Córdoba (y en La Agustina) hay cautela, sí, pero también optimismo. Es que apenas tres unidades lo separan de Independiente, ese último escalón hacia los playoffs que hoy parece cercano. Pero en el fútbol argentino, las distancias no se miden solo en números. Se miden en contextos, en presiones, en canchas incómodas y viajes que desgastan más de lo que indican los kilómetros.

Un mapa de acentos nuevos en las inferiores de Córdoba
Lo que se le viene a la 'Gloria'
El fixture le pinta este horizonte al elenco del 'Traductor': primero Deportivo Riestra, un destino áspero; luego Estudiantes de La Plata en casa, donde Alta Córdoba empuja; más tarde la visita a Newell's Old Boys, siempre impredecible; y finalmente Estudiantes de Río Cuarto, un cierre que puede ser definitivo o apenas anecdótico.
Doce puntos en juego. Doce puntos que, en este contexto, pesan más de lo habitual.
Los equipos de Diego Flores suelen construirse desde la paciencia. La matemática sugiere que con siete u ocho puntos, Instituto podría meterse en la conversación hasta el final. Con nueve, dependería menos de otros. Con menos de seis, en cambio, la ilusión correría el riesgo de diluirse en esa zona gris donde habitan las campañas correctas pero olvidables.
En Alta Córdoba, sin embargo, nadie hace cuentas en voz alta todavía. Se prefiere otra cosa: mirar el próximo partido, discutir una formación, recordar una jugada del fin de semana. La ilusión, como las buenas historias, no necesita ser anunciada.