INTERNACIONAL
La vida después del terror

A cuatro meses del 7/10, un residente argentino de Nir Oz intenta mirar al futuro

Marcelo "Tato" Salimson dejó La Paternal en 1987 y se instaló en el sur de Israel, adonde hace poco se convirtió en abuelo. Se salvó de milagro durante el ataque terrorista del 7 de octubre pero desde hace meses tienen que vivir lejos de su casa, en el kibutz Nir Oz. "Todo el tiempo pienso en los muertos y en los secuestrados", le contó a PERFIL.

Argentino Nir Oz
Tato en Kiryat Gat, lejos de casa | cortesía

Para empezar, si no importuna al lector o a la lectora, un disclaimer emocional: el protagonista de esta nota, un argentino de 58 años que llegó a Israel en el ya lejano 1987, es uno de los mejores amigos de este reportero. Entrevistarlo fue como entrevistar a un hermano de otra mamá y de otro papá. De hecho había evitado hablar con él de estos temas desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre del año pasado. El día de la invasión logró salvar su vida y la de su esposa, Roxana, gracias a que pudo mantener la puerta de la habitación segura de su casa en el kibutz Nir Oz cerrada. Muchos vecinos -entre ellos amigos y conocidos en común- no tuvieron esa suerte y están muertos o todavía secuestrados en la Franja de Gaza.

Recuerdo que en el día del ataque, cuando comenzaron a circular las horrendas fotografías y videos de cuerpos de israelíes mutilados y abusados por los miembros del grupo islamista, la primera y obvia reacción fue enviarle un mensaje de WhatsApp a Tato, como todos conocemos a Marcelo Salimson desde mediados de los '80 en nuestras épocas en el centro juvenil judío sionista de La Paternal. Las palabras "están bien" pocas veces tuvieron más sentido. Todavía guardo en mi celular la conversación, en tiempo real, con Tato y con Roxana, mientras se desarrollaba la matanza. Luego, la desesperación se compartió con Galit, la hija de Marcelo, quien de a poco nos pasaba la información que conseguía, hasta que llegó el momento del rescate y de saber que estaban a salvo. 

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Nir Oz, por su parte, fue siempre para este cronista lo que se llama "hogar" cada vez que visitaba Israel y una segunda casa cuando residía en el país. Los relatos de las salvajadas de Hamas se desarrollaron en un escenario demasiado íntimo. Duele pensar en los terroristas dentro de la casa de Tato, caminando con rabia antisemita en el living donde mil veces compartimos cafés y películas en la televisión. O abriendo la heladera donde Roxana guardaba los chocolates que les llevaba de Argentina o de Estados Unidos. El miedo, de alguna manera, viaja en el tiempo: imposible no recordar las caminatas por los campos de Nir Oz cuando, escuchando las llamadas en árabe desde los minaretes de las mezquitas de Khan Younis, cuya figura se recortaba en el horizonte, se pensaba: "¿cómo se hace para vivir tan cerca?". 

Al fin y al cabo, cuatro meses después del ataque, el tema central es el mismo. "Los palestinos no se van a ir a ningún lado y nosotros tampoco nos vamos a ningún lado, así que en algún momento se tendrá que encontrar una solución", me dice Tato durante esta entrevista que hicimos a través de mensajes de voz por WhatsApp. El que esto escribe confiesa que se le hacía difícil mantener esta charla por Zoom o en directo por teléfono. (Quizás fue una buena decisión: en los clips con las respuestas, la voz de Tato está muy contenida y se nota triste. Nunca fue un tipo de mostrar sus emociones más profunda y no iba a cambiar para este artículo). 

Entonces, volvamos a los palestinos y a la guerra en marcha pero sin destino fijo (¿cuánto de Hamas llegarán las Fuerzas de Defensa de Israel a destruir? ¿Qué forma tendrá el famoso "día después" en Gaza?). Tato, con toda esa inocente carga utópica del Hashomer Hatzair de La Paternal, pero mezclada con fuerte pragmatismo israelí, precisa: "ni nosotros vamos a desaparecer del planeta ni ellos van a desaparecer del planeta". La cuestión, dice, "así no puede seguir". Con el paso de los días y los meses, "veremos qué es lo que pasa". Pero arriesga una posible receta: "creo que Abu Mazen (Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina que manda en Cisjordania) tiene que agarrar un poco las riendas, con ayuda de los países árabes que no quieren terrorismo patrocinado por Irán", como son los Emiratos Árabes Unidos, uno de los miembros notables del club de los Acuerdos de Abraham, o Arabia Saudita, candidato a unirse.  

La situación política y social en Israel, sigue, "es bastante dura en este momento", incluyendo la clara sensación de que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, "no es el Netanyahu de hace muchos años", cuando se lo conocía como Mr. Seguridad y ponía las bases del fenómeno high tech de la StartUp Nation. Ahora, opina Marcelo en sintonía con millones de israelíes y con la mayoría de los analistas internacionales, Bibi "está dominado por grupos religiosos" como los que comandan los ministros Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, que "si no hace lo que ellos quieren le desarman el gobierno". Es, resumen, "como un esclavo de esta gente de ultraderecha, es lamentable".

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Bienvenido a casa (no es mi casa)

Muy poco después de sobrevivir a la matanza, Roxana, Tato y la mayoría de los residentes de Nir Oz fueron subidos a varios autobuses y llevados hasta Eilat, una simpática ciudad balnearia en el extremo sur de Israel, sobre el Mar Rojo. Allí pasaron varias semanas en un hotel como huéspedes heroicos, recibiendo a artistas y otros famosos locales que llegaban para expresar su apoyo y solidaridad, y también cantidad de regalos. Ropa, por ejemplo, laptops y juguetes para los chicos, porque los maleantes de Hamas no solamente mataron y torturaron, sino que también robaron. Y lo que no podían robar, destruyeron o quemaron. 

"Los palestinos no se van a ir a ningún lado y nosotros tampoco nos vamos a ningún lado, así que en algún momento se tendrá que encontrar una solución"

Finalmente, los vecinos de Nir Oz recibieron las llaves de departamentos nuevos de un barrio en desarrollo en la ciudad de Kiryat Gat, en el sur de Israel, a mitad de camino entre Beer Sheva, en el Negev, y Tel Aviv. Conocida también por ser la base que eligió el gigante Intel para abrir sus fábricas y centros de desarrollo israelíes. 

Tato está, dadas las circunstancias, contento con el departamento, que es enorme, tiene varias habitaciones y un largo balcón corrido, como se puede ver en los videos que compartió con los amigos por WhatsApp. Hasta le dieron una pequeña oficina en el espacio de co-working del edificio. De todas maneras, los departamentos recién pintados y los pisos a estrenar no pueden esconder ciertas cosas. "Creo que el gobierno siente una gran culpa por lo que pasó el 7 de octubre" y eso explica, en parte, que el gobierno esté cubriendo, sin chistar, "todos los gastos de alojamiento de los sobrevivientes", desmenuza el argentino-israelí. 

"Esto no es definitivo, es temporal -subraya-, yo quiero volver a Nir Oz, que es mi casa, extraño las paredes, extraño mi oficina, mi pasto, mis plantas, mi parrilla, mi tranquilidad de salir un sábado a la mañana y escuchar a los pájaros". (Creo que nunca lo escuché a Tato hablar de esta manera sobre su vida en el kibutz).  

Al igual que miles de otros evacuados (se estima que son alrededor de 250.000), "todavía no tenemos respuesta de las autoridades sobre qué va a pasar o de cuándo van a comenzar a reconstruir" las comunidades arrasadas el 7/10, apunta. 
Supuestamente, los líderes militares y civiles tienen una idea escalonada para el retorno en etapas de los residentes de la zona fronteriza con Gaza. En un primer momento los más alejados y, más tarde, cuando la guerra lo permita, aquellos que comparten la línea del borde con el enclave palestino, como Nir Oz. 

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El problema no es simplemente logístico, en especial para los vecinos de los kibutzim donde se desarrollaron los ataques. Vivir en un kibutz significa vivir en comunidad. Aunque en los últimos años se los viene describiendo como "country clubs" con fábricas y campos de gente económicamente acomodada, cada kibutz tiene en efecto un tejido social muy profundo, donde todos se conocen desde siempre y vienen compartiendo cada hito de su historia personal. 

Cuanto más tiempo pase, más difícil será reconstruir ese tejido. Son comunidades que están "desgarradas", según describió un artículo de principios de febrero publicado por Walla, uno de los más populares portales de noticias de Israel. Un habitante de una de estas localidades explicaba que los días y las semanas corren y las familias tienen que decidir cuestiones básicas como dónde estudiarán los chicos o con qué médicos se atenderán. ¿Será de nuevo en el sur? ¿Se moverán al norte?

"Ya pasaron cuatro meses de guerra -señaló Walla- y los evacuados en el sur y el norte", aquellos que tuvieron que escapar de los bombardeos de Hezbollah desde el Líbano, "están tratando de mirar hacia adelante a la sombra del temor de no regresar a sus hogares".

Por ahora, de forma natural y posiblemente intuitiva, los lazos de la gran "familia" de Nir Oz siguen más o menos enteros: ayuda que casi todos los sobrevivientes están en Kiryat Gat. "Por supuesto que con mis vecinos del kibutz sigo en contacto -confirma Tato-, con los que quedaron vivos", especifica, solo para remarcar que la muerte manchó todo.

Algunos comparten edificio, otros "están en el de al lado, en el piso doce", tira Salimson un dato al azar. Pero ese desgarramiento del que habló la nota de Walla existe: los viejos amigos y conocidos se encuentran en el ascensor o en la calle, o cuando se organiza una reunión. "Pero hay gente a la que hace dos semanas que no veo", al contrario de la vida en el kibutz, donde "estábamos acostumbrados a vernos todos los días, por lo menos cruzarnos". 

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Vida cotidiana y angustia en Kiryat Gat

Cruzarse y saludarse en Kiryat Gat, como dijo Tato más arriba, es un privilegio de los vivos. Las consecuencias del ataque, comenta con tono de locutor de noticiero televisivo para aplastar el sonido de la angustia, "fueron muy graves". Bajo las balas y los cuchillos de Hamas "perdí muchos amigos, mucha gente conocida". Y ahora "todo el tiempo pienso en los fallecidos y en los secuestrados, pienso en Shiri, la mamá de Ariel y Kfir", secuestrados cuando tenían cuatro años y nueve meses de edad, "los pelirrojos que aparecen en las noticias en todo el mundo".

El más pequeño es, por supuesto, el bebé Kfir, Baby Kfir como se lo conoce alrededor del planeta, el rehén más joven de Hamas, a quien se le "celebró" el "cumpleaños más triste" de la historia el pasado 18 de enero, cuando llegó a sus primeros doce meses (si es que sigue vivo) vaya a saberse en qué inmundo túnel de Hamas en Gaza y en qué condiciones.   

 "Todo el tiempo pienso en los fallecidos y en los secuestrados, pienso en Shiri, la mamá de Ariel y Kfir"

Tres días antes del ataque, recuerda Tato, "lo tuve a Kfir en mis brazos". Es que Shiri, continúa, "trabajaba, o trabaja" (tropieza con las palabras pensando qué tipo de tiempo verbal corresponde usar en estos casos) en la contaduría de Nir Oz, un paso obligado, casi diario, para la mayoría de los residentes de un kibutz. "Iba a su oficina casi todos los días, para firmar algún papel o arreglar una computadora -relata Marcelo-. En esa ocasión, como en tantas otras, el bebé Kfir estaba con Shiri en su lugar de trabajo. Tato pasó, saludó a la contadora, tomó al bebé, lo alzó, le hizo unos mimos y le dio un beso. Pocos días después fue arrastrado junto a su mamá y a su hermano Ariel por los secuestradores islamistas.  

"Todo esto me afecta mucho, porque, además, el abuelo y la abuela de Kfir eran muy buenos amigos nuestros y ya no están con nosotros". Tato se refiere a la peruana Margit Shnaider y al argentino José Luis (Yossi) Silberman, los padres de Shiri, a quienes -en un primer momento- también se clasificó como secuestrados, hasta que varios días después del ataque se encontraron sus cuerpos. 

(El de Yossi es posiblemente el rostro que más duele en los recuerdos de este reportero entre los de aquellos que fueron víctimas de Hamas. La amistad nació de un interés periodístico, ya que el padre de Yossi fue el músico Vlady, famoso en la Argentina de los años '60 y '70, entre otras cosas por haber compuesto las canciones de los Titanes en el Ring. La mamá de Yossi tenía algunos recortes que formaron parte de un artículo sobre Vlady publicado a fines de los '90 y con su hijo siempre había tiempo para compartir una cerveza en el bar de Nir Oz. Pequeñas anécdotas que asaltan la memoria seguramente para evitar el nudo en la garganta).

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Roxana y Tato son además muy amigos de los también argentinos Silvia y Luis Cunio, los padres de los hermanos David y Ariel, dos más de los secuestrados durante la invasión del 7/10. Sharon, la esposa de David, salió de Gaza en una de las primeras tandas de rehenes liberados por Hamas, el 27 de noviembre del año pasado. Con ella también volvieron a Israel sus hijas mellizas, de tres años. 
"Silvia y Luis están viviendo en el mismo edificio que nosotros", en Kiryat Gat. "Y todos estamos esperando que nos devuelvan a David, el esposo de Sharon, y a Ariel, quien fue secuestrado junto a su novia, que es muy amiga de mi hija Galit", comparte Marcelo. En el nuevo hogar (temporario) de los miembros de Nir Oz reside también "mucha gente que volvió" de Gaza, "que fueron liberados", sigue Tato, quien reconoce que, en Kiryat Gat "nos recibieron con los brazos abiertos".  

"El intendente vino varias veces a vernos, a interesarse por ver si estamos bien", cuando llegamos vimos "carteles de bienvenida para la gente de Nir Oz", reconoce. Las autoridades se ocuparon de facilitar todo lo posible para los sobrevivientes: además del alojamiento, "nos miman, nos tratan genial", y hasta designaron una médica y una enfermera que se dedican prácticamente full time a la salud de sus huéspedes golpeados.

Aunque sospechaba la respuesta, le pregunté a Tato cómo está haciendo para sobrellevar el dolor. Una de las claves, me dijo, es poder haber seguido trabajando. Hasta hace algunos años, Marcelo era encargado de la crianza de pavos en Nir Oz, pero en algún momento decidió que era tiempo de dejar de lado los overoles sucios y emprolijarse, así que aprendió a arreglar computadoras. Eso fue lo que hizo en Eilat, en las primeras semanas, cuando ponía a punto las laptops que llegaban de regalo para los sobrevivientes. Y el trabajo sigue siendo el eje de sanidad en su vida. "Me mantiene ocupado y me ayuda a no pensar. Creo que mentalmente y espiritualmente me ayudó un montón, porque mi cabeza estaba en otro lado, no en deprimirme".