INTERNACIONAL
LOS IRANÍES DESAFÍAN AL AYATOLÁ

"Javid Shah": las protestas en Irán son la "oportunidad de oro" para el príncipe Reza Pahlavi

Los cánticos de "Larga vida al shah" y "Pahlavi regresará" abrieron el debate sobre la influencia del hijo del último emperador. El príncipe emerge desde el exilio como la figura unificadora de un Irán que clama por el fin de la teocracia y el retorno de su dignidad nacional. En medio de un colapso económico sin precedentes, el país vive su undécimo día de protestas contra el régimen.

Reza Pahlavi
Reza Pahlavi es el hijo y heredero del último shah de Irán. | CEDOC

Desde su exilio en Estados Unidos, Reza Pahlavi, el hijo del último Shah de Irán, observa impaciente cómo las calles de su país se convirtieron en escenario de una creciente rebelión que no sólo desafía la economía del régimen, sino su propia existencia.

Lo que comenzó a finales de diciembre de 2025 como una respuesta desesperada a la crisis económica derivó en un movimiento social que clama, cada vez con más fuerza, por el regreso de la monarquía.

Pahlavi, de 65 años, hoy vive en el estado de Maryland, EEUU. El ex príncipe heredero al trono una vez fue visto como un símbolo nostálgico, pero hoy lidera una coalición de desobediencia civil que busca desmantelar la República Islámica.

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A través de sus redes sociales, el hijo del shah llamó a los iraníes a mantenerse en las calles hasta la caída del ayatola: “Para superar la represión del régimen, tenemos un solo camino: una presencia simultánea de un millón de personas en toda la ciudad, sumada a bloqueos en rutas clave y carreteras principales. Para lograrlo primero debemos superar nuestro miedo y comprender que si tomamos las calles el régimen perderá rápidamente tanto la capacidad como la voluntad de reprimir”.

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Dirigiéndose a las fuerzas armadas, este 7 de enero el príncipe les advirtió que se enfrentan a “una decisión histórica”: “En estos días en que el valiente y unido pueblo iranía hace y escribe la historia, mi pregunta es: ¿de qué lado de la historia se pondrán ustedes? ¿con los criminales o con el pueblo?”

Y hablando directamente al ayatolá, lo amenazó: “Jamenei, nosotros, el pueblo de Irán, te derribaremos de tu posición inestable como a Zahhak el Déspota y liberaremos a nuestro amado Irán de tí y de tu régimen”.

Buscando el apoyo de Donald Trump, desde el inicio de esta nueva serie de protestas el príncipe heredero se postuló para volver a Irán -por primera vez en 46 años- y liderar la transición a la democracia en el caso de que la teocracia colapse.

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La crisis que hoy asfixia a Irán no es solo el resultado de décadas de mala gestión, sino de una tormenta perfecta que estalló en 2025. Tras una serie de intercambios bélicos directos con Israel que dañaron infraestructuras críticas, el régimen del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, perdió su última línea de defensa: la estabilidad económica mínima.

El movimiento de protesta, inicialmente vinculado al costo de la vida, comenzó el 28 de diciembre en Teherán y desde entonces se extendió a unas 45 ciudades del país con demandas políticas y económicas.

La moneda nacional, el rial, perdió más de un tercio de su valor frente al dólar en un año y una hiperinflación de dos dígitos debilitó durante años el poder adquisitivo de los iraníes. El Washington Post describió la situación como "la evaporación del contrato social", donde el miedo a la represión es superado por el dolor del hambre.

Desde el inicio de esta oleada de protestas, las fuerzas de seguridad mataron al menos a 27 manifestantes, informó el martes la ONG Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega. Los medios de comunicación iraníes, que citan fuentes oficiales, informaron de 13 muertes, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad y un policía.

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Las manifestaciones no han alcanzado la magnitud del movimiento de 2022-2023 ni de las protestas masivas de 2009 que siguieron a las elecciones.

Aun así, el movimiento, que comenzó el 28 de diciembre cuando los comerciantes del Gran Bazar de Teherán -un sector históricamente clave que ayudó a derrocar al shah en 1979, cerraron sus puertas- afecta o ha afectado a por lo menos 45 ciudades de 23 provincias.

Las declaraciones de este miércoles del presidente iraní, Masud Pezeshkian, que ordenó a las fuerzas de seguridad que no repriman las protestas y distinguió entre los manifestantes y quienes llamó "alborotadores", fueron interpretadas como una señal de que el gobierno está preocupado.

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A pesar de la brutal represión que, según la red de activistas 1500tasvir (citada por medios británicos), ya ha dejado cientos de detenidos este mes, el movimiento no retrocede.

En un video publicado en su cuenta oficial de X, Pahlavi respondió a estos gritos de apoyo: "Vuestras voces en las calles de Irán no son solo un llamado a una familia, sino un llamado a la dignidad, a la ley y a una nación que se niega a morir bajo el yugo del oscurantismo".

En una reciente entrevista con The Wall Street Journal, Reza Pahlavi describió la situación actual como una "oportunidad de oro" para poner fin a la teocracia. "No creo que se trate de ningún tipo de intervención exterior, ya sea militar o de operaciones especiales, porque creo que el régimen se está derrumbando. El régimen está en su punto más débil", declaró.

Lo que desconcertó a los analistas de inteligencia occidentales es la naturaleza de las consignas esgrimidas en la oleada de protestas: ya no se trata solo de "Muerte al Dictador". Incluso en ciudades profundamente conservadoras, como Mashhad, los manifestantes gritaron: "Javid Shah" (Larga vida al Rey), "Pahlavi regresará", "Irán es Pahlavi, Pahlavi es Irán" y "Reza Shah, bendita sea tu alma".

El Washington Post analizó que este cambio refleja una conclusión social de que el orden existente es "intolerable" y una nostalgia por la estabilidad de la era Pahlavi.

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En una extensa entrevista concedida al Wall Street Journal, Pahlavi delineó su visión para un Irán post-ayatolás. Pero explicó que su estrategia no se basa en una invasión extranjera, sino en el colapso interno mediante la parálisis total.

"El régimen está en su punto más débil. No necesitamos una guerra externa; necesitamos que el mundo apoye la huelga nacional de los iraníes", declaró Pahlavi.

El príncipe, hijo del shah Mohammad Reza Pahlavi (1941-1979) y de la legendaria emperatriz Farah Diba, insiste estos días en que quiere ser una figura de transición hacia la democracia, y que su objetivo final no es necesariamente la corona, sino un referéndum donde los iraníes elijan su forma de gobierno.

En otra entrevista, publicada por el Washington Post el 6 de enero, Pahlavi se presentó como una figura de unidad y transición en el hipotético caso de la caída del régimen: "He dado un paso adelante para liderar esta transición hacia la libertad".

"Mi misión termina el día que los iraníes puedan ir a las urnas sin miedo", afirmó en un video publicado esta semana. "Ese día, mi deber con mi antepasados y con mi pueblo estará cumplido".

El príncipe propone lo que denomina el "Acuerdo de Ciro", una visión de paz regional que restauraría las relaciones con Israel y Occidente, basada en la herencia histórica de tolerancia del imperio persa. En sus redes sociales, explicó: "Nuestro conflicto no es con el mundo, sino con un grupo que ha secuestrado nuestra nación para exportar terror".

Uno de los puntos más críticos del liderazgo actual de Pahlavi es su llamado directo a los soldados del Artesh (ejército regular) y de la policía a "bajar sus armas y abrazar a sus hermanos". "Ustedes juraron proteger el suelo de Irán, no el trono de un tirano que desprecia vuestra historia. El futuro gobierno de Irán garantizará vuestra dignidad si hoy eligen el lado correcto de la historia", escribió en su cuenta de X.

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Fuentes citadas por el diario británicos The Telegraph indicaron que, por primera vez en años, se registraron deserciones menores en provincias periféricas, lo que sugiere que el mensaje de "reconciliación nacional" del príncipe está permeando las filas bajas del aparato de seguridad.

El padre de Pahlavi, el último "shah-an-shah" (rey de reyes) ascendió al trono en 1941 como el último soberano de una monarquía de 2.500 años de historia y soñó con convertir a su país en la quinta potencia mundial para el año 2000. Pero en 1979 el estallido de la Revolución Islámica lo obligó a salir al exilio en 1979.

El exilio del shah abrió el camino al regreso, en febrero de 1979, del ayatolá Ruhollah Jomeini y el establecimiento de una República Islámica.

Abandonado por sus antiguos aliados, los estadounidenses, el shah pasó por Marruecos, Bahamas, México, EEUU y Panamá antes de morir de cáncer en 1980 en Egipto, donde había recibido asilo de su único verdadero aliado, Anwar el Sadat. "El vampiro del siglo ha muerto", anunció en Teherán un diario aliado al ayatolá, el nuevo líder supremo de Irán.

El príncipe Reza, nacido en 1969 de la última esposa del shah, se autoproclamó heredero de la dinastía Pahlavi y desde entonces lideró un movimiento de resistencia a los ayatolás, reuniendo en torno a su figura a los exiliados iraníes.