La infancia en Medio Oriente pagó un precio devastador a solo 23 días del inicio de la escalada militar en Irán. Según datos difundidos este lunes por Unicef, más de 2.100 niños murieron o resultaron heridos como consecuencia directa de los enfrentamientos. Ted Chaiban, subdirector ejecutivo del organismo, detalló ante la ONU en Nueva York que el desglose de víctimas fatales incluyó a 206 menores en Irán, 118 en Líbano, cuatro en Israel y uno en Kuwait, lo que marcó una tendencia trágica en toda la región.
El conflicto no solo dejó secuelas físicas, sino que provocó un desplazamiento masivo de poblaciones vulnerables. En Irán, se estimó que 3,2 millones de personas abandonaron sus hogares, entre ellas unos 864.000 niños. En Líbano, la cifra de desplazados superó el millón de personas, afectando a aproximadamente 370.000 menores que quedaron a la deriva por los bombardeos y las órdenes de evacuación que dejaron comunidades enteras deshabitadas.

La situación en Líbano se volvió especialmente crítica para el sistema educativo y de salud. Chaiban informó que más de 350 escuelas públicas se utilizaron como refugios, lo que interrumpió las clases de 100.000 estudiantes. Además, los ataques dañaron sistemas de agua esenciales y se registraron asesinatos de trabajadores de la salud mientras intentaban rescatar a la población civil, poniendo bajo una presión insoportable a los servicios públicos básicos.
Unicef asistió hasta el momento a 151.000 desplazados internos en más de 250 albergues con artículos de primera necesidad y saneamiento de agua. Sin embargo, Chaiban advirtió que la magnitud de las necesidades aumentó mucho más rápido que los recursos disponibles para cubrirlas. El funcionario recordó a todas las partes sus obligaciones bajo el derecho internacional humanitario y reiteró el pedido del Secretario General de una desescalada inmediata y una solución política definitiva.
Antes de esta nueva ola de violencia, unos 44,8 millones de niños ya vivían en zonas afectadas por conflictos en Medio Oriente. Una mayor prolongación de la guerra sería, según el diagnóstico de la entidad, catastrófica para millones de menores que hoy ven un futuro complicado por la falta de educación y la inseguridad extrema. La respuesta requirió, en palabras de Chaiban, "toda la atención y una respuesta clara y colectiva" de la comunidad internacional.
Tres de cada diez hogares con niños no pueden cubrir sus gastos según Unicef
Escuelas como refugios y el colapso de los servicios
La transformación de los centros educativos en puntos de evacuación marcó un punto de quiebre para la infancia libanesa. Con el 10% de los estudiantes del sistema público fuera de las aulas, el impacto a largo plazo en el desarrollo de estos niños se volvió una preocupación central para las agencias humanitarias. La presión sobre la infraestructura derivó en una crisis de suministros que Unicef buscó mitigar en 188 lugares específicos, aunque la demanda superó cualquier previsión inicial.
El personal de salud en la línea de fuego pagó también con sus vidas el intento de socorrer a las víctimas. Los sistemas de agua, dañados por las operaciones, pusieron en riesgo de enfermedades a miles de familias que se hacinaban en los puntos de refugio. Esta red de servicios públicos debilitada necesitó asistencia urgente para evitar que la crisis humanitaria se transformara en un desastre a gran escala.
Finalmente, el llamado de Unicef apuntó a la conciencia global para evitar que la escalada se expandiera aún más. El promedio de 87 niños alcanzados por la violencia cada día sirve como el dato más crudo de una realidad que Chaiban describió como inaceptable. Sin una salida política, el organismo alertó que el precio que pagarán las futuras generaciones de la región será irremediable.
TC/ML