En medio de un escenario global atravesado por el aceleracionismo tecnológico y la velocidad de los cambios, el politólogo y exembajador argentino en China Sabino Vaca Narvaja sostuvo que el gigante asiático responde con una lógica opuesta: priorizar líderes con experiencia y trayectorias largas dentro del Partido Comunista. “La experiencia es un activo, por lo menos para la dirigencia china, muy importante”, afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190); y diferenció ese modelo de Occidente: “Acá no es como pasa en Occidente, que uno puede ser panelista y al otro día ser presidente”.
Sabino Vaca Narvaja es un politólogo, docente y diplomático, licenciado en Ciencia Política y Gobierno por la Universidad Nacional de Lanús, con posgrado en Defensa Nacional en la Universidad de la Defensa Nacional. Fue embajador de Argentina ante la República Popular de China entre 2021 y 2023. Previamente, se desempeñó como representante especial para la promoción del comercio y de las inversiones en la delegación de Beijing. Además, dirigió el programa de cooperación Sino-Argentina, perteneciente al Departamento de Planificación y Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Lanús.
Me gustaría, dado que está allí en China y con toda su experiencia, que nos haga un balance de lo que dejó la visita de Trump a Xi Jinping la semana pasada.
La verdad que yo creo que no fue una visita más. Acordémonos, como contexto, que hace nueve años no visitaba China un presidente de Estados Unidos. Y, de hecho, el último presidente fue el mismo Trump. Así que, en principio, por una cuestión de distancia, ya era una reunión relevante. Estamos en un momento en el cual, sobre todo, Estados Unidos ha elegido, incluso antes de la administración de Trump, a China como rival estratégico.
Entonces, ¿por qué digo que no es una visita más? Porque, en la primera cumbre que tienen ellos, cuando apenas llega Trump, una de las primeras intervenciones de Xi Jinping le hace una pregunta reflexiva. Le dice: “¿Podrán China y Estados Unidos evitar la trampa de Tucídides?”. Bueno, así arranca la primera reunión.
Y, para poner en contexto, Tucídides es un historiador ateniense que escribe un libro que se llama Historia de la guerra del Peloponeso, que describe la guerra que desarrolla Esparta contra Atenas, que venía siendo la potencia emergente.
Pero, ¿a qué se refiere Xi Jinping con esto? Se refiere a ponerle racionalidad a una especie de conflicto inevitable. Xi Jinping está haciendo alusión a un libro de Graham Allison que se llama Destined for War, donde Graham Allison hace una descripción de los últimos 16 conflictos históricos y dice: “De estos 16, 12 terminaron en enfrentamientos”. Pero lo más interesante de este libro es que, de esos 12 enfrentamientos, en la mayoría la potencia emergente logró vencer a la dominante.
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Con lo cual, es un mensaje fuerte el de Xi Jinping, pero que no es un mensaje ni amenazante ni de una posición de fuerza, sino que está diciendo: “Llevemos esto a la racionalidad”. Y acá, en esta cumbre, se acuñó, propuesto por el presidente Xi Jinping, un término que es “estabilidad estratégica constructiva”.
O sea, tomar conciencia de que hay una rivalidad, que tenemos una competencia estructural entre nuestras dos naciones, pero hay que llevar cierta racionalidad porque, si no, vamos a una destrucción que va a perjudicar no solo al mundo, sino incluso a Estados Unidos. Ese es el diálogo que tiene con Trump.
Dicho sea de paso, asistimos en este viaje a un Trump totalmente contrario a lo que estábamos acostumbrados a ver. En estos viajes de Trump o visitas a Europa, es un Trump fanfarrón. Acá es un Trump bastante domesticado, como pusieron muchas de las redes chinas. Tranquilo, elogiando muchísimo a Xi Jinping. En ese intercambio lo elogia varias veces. Dice: “Usted es un gran líder”, elogia el recibimiento.
Bueno, acuérdese que fueron tres días la visita. El 13, 14 y 15 de mayo. Y yo quiero poner acá la reflexión de la cuestión previa a la visita. Acordémonos que esta visita estaba programada para marzo, después se corre a abril y finalmente se realiza en mayo porque Trump, por supuesto, espera a la situación de Irán, que después, al no poder controlar, Trump tiene que hacer la visita inevitablemente.
Y acá hago hincapié en la posición de Estados Unidos de urgencia. Acordémonos que Trump tiene elecciones en noviembre y la posición de China es de largo plazo, donde está jugando con otras velocidades y lo espera paciente a Trump, que termina acelerando el proceso de la reunión.
Y otro hecho simbólico, es que lo acompañan 16 empresarios de primer nivel en la visita de Trump. Estamos hablando de Tesla, de Nvidia, de Qualcomm, de Micron, de BlackRock, de Goldman Sachs, de Apple, de Boeing. Estamos hablando de las empresas número uno estadounidenses y esto lo que está marcando también es la gran interdependencia que hay entre ambos países.
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Estamos hablando de los dos gigantes económicos del mundo. Y, en esta ocasión, yo lo que creo es que China está en una posición relativa, en este momento histórico, donde Estados Unidos necesita más de China que China de Estados Unidos. Y acá el cambio de posición y esta referencia a la trampa de Tucídides.
Pasaron nueve años de la última visita de un presidente norteamericano y, casualmente, el mismo presidente norteamericano y el mismo presidente chino. Lo que resulta una excepcionalidad porque no es normal, dado que el mandato en Estados Unidos es de cuatro años con reelección, que alguien nueve años después pueda ser presidente. Y se pudo porque él perdió una elección en el medio, algo que también es absolutamente anormal.
Y tampoco era común en el pasado porque los presidentes chinos duraban diez años y se acabó. Nunca más se los veía. Por lo tanto, una reflexión tuya de qué significa esta perpetuación de Xi Jinping y el cambio de periodicidad en la jefatura de gobierno de China, y el hecho de que se encontraran nuevamente las dos mismas personas casi una década después.
Efectivamente, el primer mandato de Xi Jinping fue en 2013. Coincide con el mandato de Trump. Después él tiene otro mandato. Son períodos de cinco años en China. Y él hace un cambio histórico que lo sitúa a la altura de los otros dos líderes más importantes de China. Estamos hablando de Mao Zedong y de Deng Xiaoping. Hace una reforma en la Constitución china que le permite la reelección indefinida, algo que no era, como bien decís vos, habitual en los presidentes chinos.
¿Esto qué quiere decir? Que el presidente Xi Jinping ya va por su tercer mandato y que puede ser reelecto indefinidamente. O sea, podría tener otro mandato más. Tiene que ver, creo yo, el análisis, por lo menos el que hace el Partido Comunista de China, con la inestabilidad del mundo actual. Esta idea de que se necesitan líderes con experiencia en el partido.
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Si nos fijamos en las últimas dirigencias del partido, son dirigencias que están bastante envejecidas. O sea, en términos de la propia Constitución, no ya de la nación china sino del partido, están vencidos en edad. Ellos tienen un límite de edad que está vencido. Los siete dirigentes máximos de China están vencidos.
Entonces, habla también de una situación de conflictividad en el mundo y habla también de esta mirada de largo plazo de China. Acuérdense que China ya va por su decimoquinto plan quinquenal. Y esto es lo que yo quiero marcar: las dos temporalidades.
Estamos hablando de un Trump que además ya es conocido por Xi Jinping, porque Xi Jinping convivió en la primera administración con Trump, convivió con la guerra de aranceles. Está hablando con alguien a quien conoce y lee muy bien.
Pero, sobre todo, sabe las necesidades que tiene Trump en esta coyuntura. Porque la primera guerra arancelaria de Trump en el primer gobierno fracasa, termina con Trump, con la toma del Capitolio. Y, en esta segunda ocasión, también estamos asistiendo a otro fracaso; o sea, uno no puede cambiar los modos de producción industrial con una planilla de Excel.
Y esto se manifiesta muy fuerte con las declaraciones de Trump. Trump, en este segundo mandato, casi le exige a sus empresas volver a radicarse en Estados Unidos, en un esquema de tratar de buscar reindustrializar al país. Pero, en esta visita, se ve todo lo contrario. Lejos de pedir que las empresas norteamericanas ya no se radiquen en China, las lleva a China para hacer grandes negocios. Esto, con las propias palabras de Trump.
Y otro elemento que quiero destacar acá, con respecto a la temporalidad, es que acá hay una pieza de ajedrez también por parte del gobierno chino. Porque una o dos semanas antes de la visita de Trump, se da la visita histórica de la líder del Kuomintang. Hace diez años que no había una reunión y una visita de este nivel.
Y esto es muy importante porque, paso siguiente, lo que le dice Xi Jinping a Trump es: “Hay un límite para nuestras relaciones si querés que no terminen mal. Y ese límite es Taiwán”. Para los que no conocen, China tiene un reclamo de integridad territorial sobre Taiwán parecido al que tiene el pueblo argentino sobre Malvinas. Y por eso nos apoyamos históricamente en Naciones Unidas, tanto China, que aparte es miembro del Consejo de Seguridad, como Argentina, también apoya el principio de una sola China.
Y esto es importante porque hubo algunos que decían la posibilidad de que Estados Unidos cambie de posición, lo que fue después desmentido por el propio Marco Rubio, diciendo que va a mantener el tema de neutralidad con respecto al reclamo de Malvinas porque aun con estas diferencias, son aliados estratégicos Inglaterra y Estados Unidos.
Volviendo a la pieza de ajedrez, esta visita del Kuomintang fue muy relevante y tiene que ver con este reclamo histórico de China, que además maneja sus temporalidades en los llamados centenarios. En 2021 se cumplieron los 100 años de la creación del Partido Comunista. El año que viene se cumplen los 100 años de la creación del Ejército de Liberación. Y esta visita de la líder del Kuomintang también abrió una opción muy interesante con respecto a la idea que tiene China, que es la solución pacífica: “un país, dos sistemas”, como cuando recuperó Hong Kong o cuando recuperó Macao.
Pareciera haber una contradicción entre que el cambio siempre hubo, pero lo que caracteriza a la época es la velocidad del cambio, el aceleracionismo que se da a partir de la tecnología en todos los campos, y, al revés, una especie de ir en el efecto contrario del manejo del tiempo en cuanto a que los líderes sean los mismos, por ejemplo, en el caso de China. ¿Qué explicación de orden filosófico, antropológico encontrás vos a que la respuesta al aceleracionismo sea el desaceleracionismo?
Creo que tiene que ver con que la tecnología, por ahora, tampoco está resolviendo el esquema de la experiencia. Y estamos hablando de que en momentos de complicación la experiencia es un activo, por lo menos para la dirigencia china, muy importante. Y tiene que ver también con el esquema de formación que tienen los dirigentes del partido.
Repito: acá no es como pasa en Occidente, que uno puede ser panelista y al otro día ser presidente. Xi Jinping, para ser presidente, primero tuvo una carrera muy larga en el partido de formación. La formación no es solo académica, sino también de experiencia concreta en el territorio y con una formación moral muy fuerte.
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Y antes de ser presidente tenés que gobernar varios distritos, varias provincias, estar en la administración pública y, por supuesto, el último paso es administrar la zona económica más importante. Y ahí después podés aplicar a presidente. De hecho, el primer ministro Li Qiang también administró Shanghái.
Lo que quiero decir es que hay una ingeniería vinculada al desarrollo del profesionalismo político en China, que es lo que da estabilidad. Y sí, la reflexión con respecto al cambio tecnológico es interesante, pero acá lo que creo que se prioriza es la experiencia en un mundo muy inestable.
Más allá de que la tecnología genera una velocidad y un aceleracionismo para desarrollar y buscar opciones diferentes y dinámicas todo el tiempo, por eso yo creo que acá lo que estamos viendo son dos lógicas distintas: la experiencia.
En China también, en términos de su filosofía confuciana, el adulto mayor, el anciano, está vinculado a la sabiduría y a una entidad superior. Acá en China se ve siempre al adulto mayor como alguien muy valorado. Es parte central de la familia, generalmente es el que toma decisiones, el que cría a los hijos.
Y uno puede ver esta racionalidad cuando fue la pandemia, porque China se bloqueó durante tres años, lo que parecía totalmente irracional en términos económicos, y era porque los adultos mayores en China no creen en la medicina científica.
¿Qué quiere decir esto? Que no se vacunaban. Y tienen tanto prestigio acá los adultos mayores que China prefirió cerrarse, aunque esto les generó un impacto económico muy fuerte, porque no iba a obligar a los ancianos a vacunarse. Y, si lo hacía, podían morir muchísimos ancianos. Tiene que ver con una racionalidad diferente. Pero esto me parece que está pasando no solo en China. Estamos viendo líderes grandes en muchos países del mundo. Incluso Trump también es avanzado en edad.
Y otro líder a perpetuidad parece serlo, aunque la Constitución no le diera las mismas herramientas que a Xi Jinping. ¿Qué significa la visita continuada a China de Putin? Inmediatamente después de la visita de Trump vino la visita de Putin. ¿Qué punto de contacto hay entre una y otra y qué significa este acercamiento continuo de Putin con China y con Xi Jinping?
En la historia, China tiene una discusión muy fuerte con, en ese momento, la Unión Soviética. Porque acuérdense que los dos vienen de una ideología del marxismo. Sin embargo, China empieza a interpretar un propio camino. Primero, diferencia con el objeto y el sujeto del comunismo. Dice: “En China el sujeto no es el proletario, es el campesino”. Y después incorpora este concepto de decir que la burguesía es parte de la solución, no es parte del problema.
Y empieza a haber una diferencia. También por eso se llama “socialismo con características chinas”. Y, por supuesto, se cristaliza esto con Deng Xiaoping y con la apertura al mercado. Y con esta frase muy fuerte de Deng Xiaoping que dice: “No importa si el gato es negro o blanco, lo que importa es que cace ratones”. Y utilizar las herramientas del mercado para desarrollar la sociedad china. Y empieza a haber esta diferencia.
Yo creo que parte del acercamiento muy fuerte entre China y Rusia también es una responsabilidad de Estados Unidos. Acordémonos que Estados Unidos, luego del conflicto de Ucrania, impone sanciones muy fuertes a Rusia. Y después intenta controlar el petróleo en la región del Medio Oriente, sobre todo el petróleo iraní, y, al no poder hacerlo, termina pidiendo ayuda a China, termina pidiendo ayuda a la OTAN y termina levantando las sanciones del petróleo ruso.
Es una inestabilidad que aún hoy estamos viendo, con los precios del petróleo descontrolados y con la región que se ha hecho más inestable, y con Estados Unidos que aún hoy no puede controlarla. Entonces, yo creo que las decisiones de Estados Unidos, de sanciones, de empujar, de hacerle un cerco a China, le terminan jugando absolutamente en contra. Termina logrando que países agrupados en los BRICS empiecen a hablar de intercambiar en sus propias monedas y dejar de usar el dólar como moneda de intercambio global.
Que creo que es otro de los ejes, de los puntos claves de Trump: querer controlar el Medio Oriente y controlar el tema del petróleo. Y acá es donde yo digo que cada uno de los pasos de Estados Unidos de querer sancionar, de querer contener a China, le juegan en contra.
Acuérdense que en esta famosa diplomacia del ping-pong, en el 71, las visitas de Kissinger y después la visita de Mao con Nixon, donde se logra el reconocimiento, apoyado por Estados Unidos, de China en el sistema de Naciones Unidas, tenía como objetivo desarrollar a China para generar rivalidad con Rusia. Ese era su objetivo estratégico.
Y, si uno ve a Kissinger, antes de que fallezca dice: “Ahora lo que deberíamos hacer es fortalecer a Rusia para desestabilizar a China”. Hay como una cuestión de inversión. Yo lo que creo es que eso se ha complicado porque este cerco que ha intentado hacer Estados Unidos con China lo que ha hecho fue reforzar a la región.
China no solo se consolidó en su región, sino que ahora amplió su relación estratégica a niveles, no solo hidrocarburíferos sino de comercio en sus propias monedas. Y lo está haciendo también con todo el sudeste asiático, con ASEAN, lo está haciendo con la comunidad africana.
Podemos ver no solo esta visita de Putin en las últimas semanas, sino la cantidad de líderes europeos que desfilaron hacia China. Porque otra de las paradojas que se dio es que Europa, que tenía como un miedo al expansionismo de Rusia, termina viendo a Trump, o sea, a la democracia liberal, queriéndole anexar Groenlandia.
Pero fíjense esta paradoja, cómo está cambiando el mundo y cómo también, en términos económicos, el país que promovía el liberalismo está haciendo desacople, y un país comunista está promoviendo la globalización. Estamos en un mundo donde se han invertido muchas de las lógicas. Pero, repito, me parece que el dato más fuerte de esta visita es que China, al nombrar la trampa de Tucídides, le dice: “Ya soy un par y yo no te necesito tanto; vos me necesitás más a mí”.
Esta interdependencia, estas empresas que vinieron, que quieren vender, porque China ya no es solo una potencia manufacturera e industrial: ya es un mercado. Son 400 millones de sectores medios, o sea, el doble de sectores medios de Estados Unidos. Y estas empresas lo que quieren es hacer negocios.
Entonces, acá está, me parece, este concepto de “estabilidad estratégica constructiva”, donde dice: “Bueno, si nosotros no nos ponemos a administrar esta competencia, esta rivalidad, podemos generar un mundo muy conflictivo”. Y por eso hace alusión a esta trampa de Tucídides. Puede pasar lo que pasó con Grecia: Esparta le gana la guerra a Atenas.
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