MODO FONTEVECCHIA
Comunicación digital

Diego Corbalán: "Milei es uno de los tantos presidentes anómalos"

“Cuando analizamos a Milei, también hay que analizar qué hay del otro lado del mostrador, y en frente no hay liderazgos políticos”, advirtió el consultor.

Diego Corbalan
Diego Corbalan | NA

Diego Corbalán analizó la estrategia en redes del Presidente y sostuvo que Milei, a diferencia de la mayoría de los dirigentes políticos, promueve una comunicación horizontal, no vertical: “No es Milei el que baja el discurso de los libertarios, sino que incentiva y propicia la charla”. “Hay una creencia de que las redes son un juego de chicos y verdaderamente son un juego de poder”, explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

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Lo que sucede es que el propio Milei logra consolidar una estrategia de comunicación digital que ya había aplicado en campaña. La idea que vengo machacando yo es que Milei tiene una comunicación muy distinta a la de la mayoría de los dirigentes en redes sociales.

A diferencia de Cristina, Macri, Alberto Fernández, Sergio Massa, Milei promueve una comunicación horizontal, no vertical, no es él el que baja el discurso de los libertarios, sino que incentiva y propicia, desde su lugar, la charla de los libertarios y sus funcionarios de gobierno.

En twitter, hoy X, por ejemplo, viene dando like y retuiteando cosas de sus colaboradores. Sale detrás del discurso de sus seguidores y es él el que replica, no el que habla necesariamente. Va replicando lo que dice Bullrich o Caputo, por ejemplo, que se ha convertido en un comunicador muy filoso en redes sociales.

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AG: Es muy curioso lo que sucede en estos días, quienes seguimos la comunicación del Gobierno estamos viendo constantemente a qué le pone like, retuitea, etc… 

Es que hay una suplantación, poco a poco, de los canales habituales de comunicación política, y las redes sociales van ocupando ese lugar. Creo que todavía hay una creencia de que las redes son un “juego de chicos”, y verdaderamente son un “juego de poder”, lo que no solo es una realidad en Argentina, sino que se da en el mundo. Hay que pensar que las redes, que son medios de comunicación, vehículos, porque nada se inventa en las redes, sino que se propaga. Incluso el concepto de odio, que está muy instalado. La odiosa es la sociedad, las redes, en todo caso, vehiculizan ese odio.

Sino caemos en el riesgo de caerle al mensajero y no al mensaje. Los medios, como grupos económicos, tendrán sus responsabilidades, pero en tanto y en cuanto vehiculizan un mensaje hay poco para decir ahí, y mucho menos para caerle al periodista. Hay periodistas que hacen política con sus artículos y sus informaciones, pero me parece que en esencia sigue siendo el vehículo de un mensaje.

AG: El famoso “no maten al mensajero”. Algunos analizan la comunicación de Milei diciendo que “sigue en modo campaña electoral y así no se puede construir en política”. ¿Hay algo de eso?

La respuesta a eso es mirar a Donald Trump cuando fue presidente, estaba en campaña permanente.

Yo te diría que si a Milei le funcionó bien esa estrategia en campaña, probablemente entienda que es una estrategia que tiene que seguir utilizando.

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Claudio Mardones: ¿Hasta dónde está instalada esta idea sacrificial que propugna Javier Milei de aguantar el ajuste para después disfrutar de los beneficios de la mejora económica? ¿Se ve algún cambio de humor en las redes sociales o aún no termina de expresarse?

Me remito al 2001 y a un análisis que trasciende un poquito las redes. En el mundo, los pobres pueden pasar hambre, pero el problema es cuando la clase media empieza a sufrir.

Mientras el pobre pasa hambre, no hay necesariamente movilizaciones reclamando comida. Es muy brutal el razonamiento, pero siendo muy simplista: las ideas políticas, los mandatos sociales y culturales, generalmente, por lo menos en Argentina, son cristalizadas por la clase media.

Cuando la clase media haga el “click”, si es que lo hace, ahí veremos el escenario complejo de humor político que empieza realmente, o eventualmente, a ponerle barreras concretas a las políticas de ajuste de Javier Milei.

En las marchas al Congreso por la Ley Ómnibus no estuvo la clase media en la calle, hubo una porción, pero lo que hubo, concretamente, fueron organizaciones políticas, algunas organizaciones sociales, y agitadores con la policía reprimiendo, y la clase media parada sobre la vereda. El día que la clase media decida pisar la calle desafiando el protocolo de Bullrich y protestar contra las políticas de ajuste de Javier Milei vamos a estar entrando en otro escenario.

Hablo de la clase media y lo vinculo con las redes sociales, porque es la que cristaliza el mensaje en las redes sociales. Es la clase media la que tiene mayoritariamente acceso, pero no a las redes sociales, porque en Argentina hay 35 millones de usuarios de redes sociales en Argentina, es decir, más del 80% de la población, pero quién publica y quién logra instalar un discurso, bueno, predominantemente los sectores de la clase media.

La clase media todavía se está debatiendo a favor o en contra del DNU y las políticas del Gobierno. Eso está en debate, y la clarificación en la transmisión del mensaje la están logrando por ahora estas tres figuras que mencionamos. También hicimos un análisis de los medios, porque ahí hay una diferencia con respecto a las redes sociales.

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AG: ¿Se ve algún viraje o cambio dentro de lo que se ve en la clase media reflejada en las redes sociales después del 56% que saca Milei en el balotaje?

Nosotros tenemos una visión un poco distinta de lo que ven las encuestas. En este sentido: vemos que Milei asumió con un humor social en las redes muy negativo y que no dejó de negativizarse luego de su asunción.

La negatividad en el volumen de charla sobre el Gobierno oscila entre el 60, 65% en redes sociales, con preeminencia de Twitter (X). Eso está heredado de Alberto Fernández, no varió demasiado. ¿Qué queremos decir con esto? Que el Gobierno ha heredado una crisis que, eventualmente, puede estar profundizando, pero no cambia el humor social de los argentinos que publican en redes sociales. Sigue habiendo, claramente, un hastío de la gente hacia la política. Hay una nueva manera de relacionarse con el poder porque hay un nuevo presidente, pero no ha cambiado demasiado eso. 

Para ponerlo en una imagen, está claro que Milei está manejando material explosivo permanentemente, porque el humor social no cambió demasiado entre el gobierno de Alberto Fernández y el de Milei.

Esa comunicación que yo les decía, lo que logra, es parecer uno más de los indignados, esa palabra que fue icónica en España y otros países. Desde ese lugar “petardea” permanentemente a sus opositores, como lo hizo recientemente con los gobernadores.

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CM: ¿Puede entrar en crisis ese cálculo del algoritmo? ¿Hasta dónde las redes pueden terminar de reflejar la situación si son las clases medias urbanas las que tienen tanto peso ahí, pero en el aumento del colectivo, los servicios públicos, el supermercado, empieza a aparecer la decepción, la bronca, la permanencia del malestar con la política? Me recuerda a la experiencia de Mauricio Macri, que tenía un equipo experto en redes y big data, pero para revertir la derrota en la primera vuelta tuvo que ir a lo clásico de la campaña, la caravana del “sí se puede”, el territorio, los actos, etc… 

Pienso que la clave del que no llega a fin de mes y no puede pagar el boleto del colectivo es si dice algo al respecto, si se queja o sigue haciendo su vida como puede. Eso es lo que podemos analizar en las redes, al que se queja. El silencioso, en todo caso, busca información.

Esa persona que no opina en redes pero está buscando información en los buscadores sigue mirando a Javier Milei, está esperando que el Presidente haga algo.

Todavía no hay un alter ego de Javier Milei. Hay que entender la política no en absoluto, sino en relativo. A Macri le va bien porque se convierte en Presidente, pero luego le empieza a ir mal porque se va construyendo una oposición que, de a poco, mostraba discurso, y después mostró candidato, eso fue lo que terminó pasando con Alberto Fernández. Hasta antes de serlo él era Cristina.

Ojo que, cuando analizamos a Milei, también hay que analizar qué hay del otro lado del mostrador de los libertarios. En breves palabras, podríamos decir, “ojo que enfrente no hay nada”, a Milei le puede ir muy mal en el gobierno, pero en frente de él no hay nada, no hay liderazgos políticos.

Probablemente el agite con los gobernadores termine alimentando y potenciando la figura de Kicillof, pero en términos de derrotas y de triunfos políticos hay que entender qué hay del otro lado. Nosotros entendemos que Milei no polariza con nadie porque no tiene rival, polariza con su propia agenda, y ese es un fenómeno que no le pasa ni a Cristina ni a Macri, y que en el mundo pasa poco, pero sí le pasa a algunos personajes, no iguales, pero con características similares, como Donald Trump. Mientras Biden, que es presidente, está lidiando con la figura de Trump, Trump no lidia con Biden. La polarización de Trump es con una agenda planteada en términos populistas de la gente, que es lo que aparece recurrentemente en la nube de palabras que analizamos.

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AG: A veces cuando analizamos a Milei nos olvidamos que apenas van dos meses de gobierno, y de una derrota dura del peronismo que, hasta que se reconfigure, puede pasar un tiempo más... 

Hay analistas políticos que marcan que lo peor de la crisis de la oposición está en la propia oposición. En estos supuestos “amigos” del Presidente, que le acercan votos, le hacen promesas, y él los termina expulsando de su preferencia diciéndole que le fueron a pedir cosas a cambio de dinero.

Ahí me parece que hay un análisis en términos relativos que marcan que el problema no es tanto Milei y lo que haga bien o mal, sino que no hay dique de contención. La política no es absoluta, es relativa como la vida misma, como en cualquier relación de pareja o de amistad, hay partes que componen esos vínculos, por lo menos así la entiendo yo.

Milei ni siquiera destroza a su oposición. Él emerge porque no había oposición a él. Es un Presidente de los tantos presidentes anómalos que ha tenido la Argentina desde el ‘83 hasta acá. El propio Alfonsín fue un presidente anómalo, una figura que se convierte en presidente sin haber sido ni siquiera gobernador de una provincia, o la figura de Néstor Kirchner, otro presidente anómalo que llega siendo segundo.

Para concluir en el concepto, estas anomalías de la democracia argentina imperfecta se terminan acelerando en el proceso, cuando incluso ya no solamente el yerro es político, sino cuando el yerro político se convierte en calamidad económica. Los 20 años de kirchnerismo, y los últimos diez, puntualmente, de debacle económica por culpa del kirchnerismo, el macrismo y también en parte por las políticas actuales de ajuste de Milei, es una derrota que explica el 19 de noviembre. 

El triunfo de Milei se explica más por demérito de sus opositores que por sus méritos, y él intenta capitalizar eso, vuelve a eso, para seguir analizando la estrategia de redes, intenta refugiarse en las estrategias que le funcionaron bien para obtener ese 56% del 19 de noviembre. Milei sigue aplicando la misma fórmula porque entiende que todavía le está dando resultado.

FM