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Estrategia estadounidense

Jorge Castro: "La importancia de Groenlandia para Trump tiene que ver con el calentamiento global"

El analista internacional sostuvo que Donald Trump encabeza un proceso de reestructuración del “sistema de poder en el mundo” y advirtió que el interés de Estados Unidos por Groenlandia está vinculado con la presencia de Rusia y China en el mar Ártico.

Jorge Castro, analista internacional
Jorge Castro, analista internacional | Twitter

Jorge Castro, analista internacional, aseguró que el interés de Donald Trump por Groenlandia no es un "capricho geopolítico" y "tiene que ver con el calentamiento global”. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el exsecretario de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación analizó el nuevo sistema mundial de potencias y el "pacto de cooperación" entre Estados Unidos y China.

Jorge Castro es abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires y destacado analista internacional. Fue secretario de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación a fines de los 90. Es docente en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad del Salvador y en FLACSO, entre otras. Además, es miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.

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Este año está lleno de atractivos para su temática internacional: elecciones en Estados Unidos, elecciones en Brasil, elecciones en Colombia, la extracción de Nicolás Maduro en Venezuela, el vicejefe de Gabinete de Donald Trump diciendo que Estados Unidos con Groenlandia es parte de su territorio. ¿Cómo está viendo todo lo que está pasando?

Lo más importante que está ocurriendo hoy en el mundo es el hecho de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido en el principal aliado de la nueva presidenta de Venezuela, que es Delcy Rodríguez. Esta a su vez cuenta con el respaldo de la totalidad del sistema gobernante durante el régimen chavista, y en primer lugar sus fuerzas armadas. Este es el punto de especial importancia a tomar en cuenta.

El reclamo fundamental de Trump al nuevo régimen venezolano de Delcy Rodríguez es la libre disposición de la totalidad del petróleo venezolano para venderlo al mundo y, de esa manera, lograr que haya una reactivación inmediata de la producción petrolera venezolana, con un ingresos que tienen en cuenta que la producción petrolera venezolana se realiza sobre la base de las reservas petrolíferas registradas más grandes del mundo, superior a las de Arabia Saudita, superior a las de Rusia, y que abarcan en este momento, según la Agencia Internacional de Energía, a más de 300.000 millones de barriles.

Esta es la situación actual en este momento crucial, después de que en Venezuela, por decisión del presidente Donald Trump, el expresidente Nicolás Maduro fuera secuestrado en una acción de guerra y absolutamente extraordinariamente eficaz, realizada por el Ejército norteamericano para ponerlo con posterioridad a disposición de la Justicia federal en Nueva York, situación en que se encuentra en el momento actual.

Si uno coloca esos 300.000 millones de barriles y los coloca a 50 dólares el barril, nos vamos a una cantidad estratosférica. ¿Venezuela podría ser una especie de nueva Arabia Saudita?

Es exactamente así, Jorge. Venezuela es un país inmensamente rico que por dos veces consecutivas ha sido lo que se denominaba en su momento la "Venezuela saudita". La primera vez esto ocurrió cuando gobernaba Carlos Andrés Pérez. La segunda sucedió cuando gobernó Hugo Chávez, y ahora claramente está el comienzo de lo que está ocurriendo en este momento: que la libre disposición del petróleo venezolano por el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, puede ocasionar precisamente una explosión de crecimiento en materia esencialmente energética, no solo en Venezuela, sino en el sistema global.

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En ese caso, ¿usted imagina que continuaría siendo administrada Venezuela a través del tutelaje de Estados Unidos, por Delcy Rodríguez, o qué parte del proceso implicaría además elecciones?

Trump ha señalado que Venezuela se encuentra en una etapa de transición que va a durar por lo menos dos o tres años, para recién entonces plantear la posibilidad de una convocatoria a elecciones presidenciales, situación que no ocurre en el momento actual. La prioridad para el gobierno de Estados Unidos, Donald Trump a la cabeza, es garantizar la estabilidad de Venezuela en el momento actual, mientras los Estados Unidos produce esta extraordinaria reactivación de la producción petrolera venezolana que ya está en marcha en el momento actual.

Tenga en cuenta que en el día de ayer el gobierno de Delcy Rodríguez ha aceptado entregar a los Estados Unidos, en la persona de Donald Trump, casi 50 millones de barriles de petróleo para que este disponga de manera inmediata de esta extraordinaria magnitud petrolera, los venda en el mercado mundial, lo cual va a ocurrir probablemente en las próximas dos semanas, y esto va a tal vez significar un ingreso inmediato de más de 3.500 millones de dólares.

¿Y cómo ve usted este reordenamiento del mapa mundial, de ordenamiento geopolítico, planteando Trump directamente “este es nuestro hemisferio”, incluyendo dentro de ese hemisferio el hemisferio americano a Groenlandia? ¿Cómo cree que sigue la política internacional de Trump reordenando el mundo?

Lo que está ocurriendo en este momento en el sistema mundial es que, en los últimos seis meses, Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, ha reestructurado el sistema de poder en el mundo, sobre todo en materia de comercio e inversiones. Esto a su vez está encabezado por el hecho estructural de que Estados Unidos es en este momento la fuente y el origen de la nueva revolución tecnológica de la inteligencia artificial y que en este momento de esplendor del capitalismo, precisamente por la aparición de esta nueva revolución tecnológica de la inteligencia artificial, que es la más importante de la historia del capitalismo desde la Revolución Industrial.

El gobierno de Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, ha llegado a un acuerdo con la República Popular China, que es la otra superpotencia mundial. Este acuerdo se ha transformado en un pacto de cooperación precisamente destinado a transformar las corrientes de comercio mundiales y colaborar con China para que resuelva su extraordinaria crisis interna, que está acompañada por la magnitud extraordinaria que también ha ocurrido en materia de exportaciones manufactureras.

Y Europa, en este punto, queda como una especie de moneda de cambio para sacar a Rusia de China. ¿Cómo imagina la relación de Estados Unidos con Rusia en relación con China y qué papel juega Europa allí?

El continente europeo experimenta una situación de crisis estructural y se encuentra cada vez más debilitado. Este es el punto más importante. Acá las dos tendencias fundamentales de la política mundial del siglo XXI son, por un lado, el fortalecimiento absolutamente inédito de la superpotencia norteamericana y, por el otro, la virtual desaparición, en términos geopolíticos, del significado y la presencia de Europa en el sistema mundial.

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Y en ese sentido podríamos decir entonces que quedan tres potencias fundamentales: Estados Unidos, Rusia y China.

Lo que queda es un nuevo sistema mundial, que ha sido reestructurado a fondo en los últimos seis meses, encabezado por los Estados Unidos, que a su vez es la primera superpotencia mundial y la cabeza de la nueva revolución tecnológica. Y junto con la República Popular China. Hay el dato central de la política mundial del siglo XXI en esta etapa histórica: es el acuerdo de largo plazo, de carácter estructural, que han llegado las dos superpotencias sobre la premisa de la primacía de los Estados Unidos, pero también con el acuerdo pleno de la República Popular China. China acepta la supremacía de Estados Unidos. Esto es un dato de la realidad.

¿Y qué papel juega Rusia desde el punto de vista militar, siendo una potencia económica pequeña o mediana, del tamaño de Brasil, pero desde el punto de vista militar infinitamente mayor?

Rusia en este momento está concentrada en un solo tema, que es el cierre del acuerdo con Estados Unidos para poner término a la guerra de Ucrania, cosa que puede ocurrir en cualquier momento en los próximos días, quizás en las próximas dos semanas. Rusia luego tiene un segundo desafío, a partir del término de la guerra de Ucrania, que es la asociación comercial con los Estados Unidos para reincorporarse a la economía mundial, cosa que no se encuentra situada en el momento actual.

Estos son los dos grandes problemas que enfrenta hoy Rusia: por un lado, el término de la guerra de Ucrania y, por el otro, el acuerdo con los Estados Unidos en la etapa posterior al fin de la guerra para incorporarse, a través asociada comercial y económicamente con los Estados Unidos al nuevo orden global en que precisamente ha fundado el gobierno norteamericano de Donald Trump en los últimos seis meses.

O sea, que sería que no solamente cierre el capítulo Rusia de su guerra y la incorporación de parte del territorio de Ucrania, sino que se le permite volver al comercio internacional sin las sanciones que se habían aplicado, ¿no?

No, las sanciones se negocian y se terminan precisamente como una parte constitutiva del acuerdo que lleva la finalización de la guerra de Ucrania, que es lo que se está negociando en el momento actual. Y las dos partes que negocian la finalización de la guerra de Ucrania no son Ucrania por un lado y Rusia por el otro, sino exclusivamente Rusia por un lado y los Estados Unidos por el otro.

¿Usted estima que es posible que se llegue al fin de la guerra con ese acuerdo en las próximas dos semanas, o sea, dentro de muy poco tiempo?

Usted sabe que el arte de los pronósticos es el camino de las historias fallidas. Exacto. Además hay el riesgo siempre, cuando pone una fecha uno, de ser acusado por todos los bien pensantes del sistema mundial, sobre todo en el campo académico, de ser optimista, que es uno de los peligros fundamentales en el plano académico de lo que puede constituir un pensamiento político.

¿Pero está cada vez más cerca?

Claramente. Hay que medir el proceso histórico no en términos cronológicos, sino en términos dedecisiones.

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Y al mismo tiempo se anuncia de que parecería que el acuerdo Unión Europea–Mercosur podría llegar a formalizarse.

Ese acuerdo está terminado, está absolutamente agotado. El punto fundamental acá es que el gobierno de Bruselas, la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, carece en absoluto de voluntad política. Y esto quiere decir que la iniciativa en materia de rechazo al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea está en manos de los que se oponen al acuerdo con el Mercosur, que son ante todo y fundamentalmente Francia, a lo que ahora se ha sumado Italia, y también Polonia e Irlanda. Estos son los términos en que se presenta esta situación y esto significa, en otras condiciones, que ha llegado el momento de que los países del Mercosur, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay se planteen ahora, después del virtual colapso del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un acuerdo claramente que está a la vista con la República Popular China.

¿Le asigna alguna verosimilitud o posibilidad fáctica al anuncio del vicejefe de Gabinete de Trump respecto de que Estados Unidos considera Groenlandia parte del territorio norteamericano?

La realidad siempre se impone. Acá lo que está en juego no son caprichos de Donald Trump, que un día le gusta apoderarse del canal de Panamá, otro día se le ocurre hacer algo con respecto al dominio de la isla de Groenlandia, sino que el problema está a la vista acá. La importancia de Groenlandia para Trump tiene que ver con el calentamiento global. El problema principal respecto a Groenlandia es el cambio climático, el calentamiento de la atmósfera, que está licuando los grandes hielos del mar Ártico, y esto torna navegables todas las grandes líneas de transporte naval en todo el mar Ártico en su conjunto, en todo el norte del hemisferio americano. En primer lugar, sobre todo frente a las costas de Alaska y de Canadá.

No se trata de un capricho geopolítico, sino de que frente a las costas de Groenlandia, en la zona norte, enfrentado al estado de Alaska, de Estados Unidos, y a las costas del hemisferio norte de Canadá, ya están navegando las flotas de Rusia y de China. Esto es lo que le torna imperioso a los Estados Unidos dominar la isla de Groenlandia, precisamente porque ahora lo que tiene por enfrente es un desafío de carácter geopolítico, que es cómo enfrentar, por el dominio del mar Ártico, a las flotas de Rusia y de la República Popular China. Porque la integración económica entre China y Estados Unidos, entre Rusia y Estados Unidos, no implica en modo alguno que no exista competencia entre las distintas potencias del mundo.

Es aquel famoso neologismo de “frenemies”: amigos y, al mismo tiempo, enemigos.

Claro, pero lo fundamental es que las contradicciones de nuestra época, sobre todo entre las dos superpotencias, China y Estados Unidos, se mantienen y se agudizan, pero no tienen un carácter antagónico. Y a esto hay que sumarle el hecho de que hoy la forma de competencia fundamental es a través de un proceso de integración económica.

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