escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsisDigital.com
El Quijote y Sancho
San José 1111.
Magnitud de la Justicia que conduce a los presidentes hacia el encierro.
Hubo ternura explícita en la imagen del triple abrazo del Panelista con Juan Bautista Mahiques, Jotabé, el ministro de Justicia que juraba, y Mariano Cúneo Libarona, El Aliviado, ministro que fervorosamente partía.
El ámbito formal de la Justicia plástica marca con claridad superior las feroces contradicciones del Gobierno de Consultores.
Trasciende que Cúneo se marcha de inmediato a los Estados Unidos con el propósito lícito de desenchufarse y dormir un par de horas corridas.
Pero Cúneo en realidad se raja con el encargo presidencial de estudiar la manera más eficaz de entrarle judicialmente a Claudio Tapia, El Quijote, conductor de la AFA.
Y la forma más conveniente de exterminar a Pablo Toviggino, Sancho.
En especial después de haber pasado el monumental papelón con la liberación del gendarme.
Ministros del área, como la señora Alejandra Monteoliva, Funcionaria del Mes, aguardaban la llegada del liberado en el aeropuerto.
El cabo Gallo volvía a la patria en un avión taxi alquilado por la AFA. Lo acompañaba el prestigioso presidente de Deportivo Armenio, un coloso apodado peyorativamente El Secanucas.
“Con el gendarme, la verdad, los cretinos nos cag…”.

Para colmo Jotabé es altamente sospechado de “tovigginismo”.
Y no solo porque don Carlos -figura paternal de la dinastía Mahiques- haya soplado las velas románticas de su aniversario en la quinta espaciosa, holgadamente amenizada, de los riquísimos colaboradores técnicos de Sancho.
Después del abrazo ejemplar, El Tovigginista Jotabé rebanó sin piedad la cabeza mediática del respetable Daniel Roque Vítolo. Lo decapitó como Inspector General de Justicia.
Vítolo solía lucirse con corbatas radiantes entre emisiones televisivas, durante la estoica cruzada que el Gobierno de Consultores encaraba contra los insólitos personajes de Miguel de Cervantes.
La secta del Lago Escondido
En la geometría libertaria se registró otro triunfo resonante de la señora Karina, La Protectora Prodigiosa. Junto a Los Primos Menem -Lule y Martín- vence otra vez a la franja enfática de Santiago Caputo, El Neo Giacomini, secundado incondicionalmente por los tuiteros impunes que proclaman la fenomenológica batalla cultural.
Para ocupar Justicia hacía falta un funcionario de diez puntos.
Pero debieron conformarse con lo mejor que había. Un seis.
Jotabé es funcionalmente criterioso y mantiene suficiente influencia en Comodoro Py.
A pesar del repliegue, Santiago Caputo cree que no perdió la interna libertaria
Se desempeñaba como jefe de los fiscales del Maxiquiosco del Artificio Autónomo, y es un entusiasta miembro de número de la Secta del Lago Escondido.
Cometió la chambonada infantil de aprovechar el viaje de egresados de garrón, organizado por los solidarios ditirámbicos de Clarín, repentinamente interesado como Grupo en investigar los encantos generosamente fascinantes de la naturaleza de Mister Lewis.
El Panelista necesitaba un 10 porque tiene que encaminar la subasta judicial.
Designar más de 200 jueces de marca, dos miembros de la Suprema Corte, procuradores.
Felicidad del Aliviado
Mientras tanto Cúneo se raja, agotado, harto pero feliz.
Catorce kilos de menos y con un rostro bello que denuncia varios años de más.
Cansado de los litigios pequeños que plantaban los chiquilines imposibles de Santiago, que sin gran concepción de la responsabilidad instalaba el ninguneo estructural de Cúneo.
El menoscabo colectivo hacia su “triste figura”.
Para que desde Comodoro Py se divulgue que el hombre fuertemente legitimado del ministerio era Sebastián Amerio, el segundo, Secretario de Justicia.
Un crédito de Santiaguito que se entrenaba en el Consejo de la Magistratura para ser el próximo ministro, sin hacerle caso a la regla elemental de la política que enuncia:
“El que saca no pone”.
Cuando Cúneo tomó conciencia del vaciamiento espiritual, amagó con la renuncia indeclinable.
Sin embargo, Karina le impidió rajarse.
“Al menos, Mariano, te quedás hasta marzo”.
La Protectora necesitaba el tiempo para resolver el indefinido combate geométrico con el otro vértice del Triángulo de Hierro (fundido), en poder aún de Santiago, al que justamente defendía el Panelista.
Convencido aún de la fábula positiva del outsider.
Cree aún que es presidente merced a los consejos sensatos del ideólogo sabio de la batalla cultural.
Final con el negador
Resulta efectivamente inútil que los adversarios de Santiago se concentren en trasladar al presidente los pecados significativos del grupúsculo.
En especial después de la deplorable trascendencia del episodio protagonizado por aquel funcionario menor de lengua fácil y rápida. Denunció la existencia del esquema recaudatorio sin siquiera imaginar que su interlocutor, el abogado, lo grababa.
“Tienen el desparpajo kirchnerista, presidente, son de lo peor, van derecho por las cajas”.

Entonces el Panelista se resiste a escuchar.
Prefiere optar por los beneficios culturales de la negación.
Un periodo de gracia que es, en efecto, de desgracia.
Los desgraciados le iban con cuentos de las travesuras de la banda adversaria.
Y cuando los sujetos de una trenza hablaban pestes de la otra, el Panelista melancólico volvía a mirar hacia abajo.
El negador unánime no quiere saber nada de episodios semejantes. Se siente incómodo en el refugio del piso para tratar de cambiar, abruptamente, de tema o de conversación.
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