lunes 03 de octubre de 2022
OPINIóN Resolver temas argentinos

Acerca de un acuerdo

27-08-2022 01:13

En un sistema presidencialista, con elecciones cada cuatro años, con posibilidades de alternancia en el poder entre dos grandes formaciones, no hay viabilidad para una estrategia de largo plazo sin un “consenso” o acuerdo mínimo, sobre prioridades y resolución de problemas básicos.

El acuerdo es en sí mismo la manera de resolver el problema político, que es el disenso o el desacuerdo, como motor de la vida política.

El disenso como agente de captura electoral, “la responsabilidad del otro”, es el motor de un clima que instiga a violencia; y a la vez es la causa de la incapacidad de proponer soluciones a los problemas prioritarios.

La cultura del enfrentamiento al “otro” genera, como método de proselitismo, consignas de combate. “La política” deja de ser pedagogía y conversación acerca de “ideas” para identificar y resolver problemas, y pasa a ser una práctica de “diversión” en la crítica del “otro”.

Los planes de ayuda social deben ser transformados en incentivos al empleo

Es lo que observamos en la casi totalidad de los programas políticos que solo confirman la idea que de los adversarios tienen sus espectadores.

Procurar el consenso en la vida política argentina es misión de todo aquél que quiera ser protagonista del Bien Común: “la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común”. Pablo VI.

La semana pasada Pablo Moyano (expresó: “hay que denunciar a esta manga de delincuentes que son los empresarios”) y Malena Galmarini, (sugiriendo “aprovechamiento” de subsidios por parte de los habitantes de dos edificios de CABA, al pagar tarifas que ella fijaba) expresaron hasta dónde ha llegado, en la comunicación política, la identificación “del enemigo” y la inevitable apelación a la violencia que implica.

Pero, en la semana, Horacio Rodríguez Larreta y Sergio Massa coincidieron en la necesidad de buscar un Acuerdo “para gobernar”. El embajador de Estados Unidos, allí presente, los despabiló apuntando la lógica del tiempo.

Cuando un navío está en riesgo de hundirse, carece de sentido proponer que aquello que ya es urgente se materialice cuando sea demasiado tarde.

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La Argentina tiene un problema gigantesco que es lo que es, genéricamente, el Gasto Público que (incluyendo transferencias) orilla el 40% del PIB.

Y vive el drama social de la pobreza y del desempleo formal. Lo vincula al problema fiscal, la estrategia de pagos de transferencia sine die para paliar ese problema.  

De estos dos problemas (gasto público y situación social), en los últimos tiempos, se ha observado un cierto consenso.

No son todos los problemas. Pero son muy graves. Su no resolución y su agravamiento son una amenaza para la búsqueda de cualquier equilibrio.

Más gasto público en las condiciones financieras actuales y más crisis social, impedirán cualquier realización política: nos alejamos de la solución.

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Ambos temas son capitales y en ellos se puede avanzar en un acuerdo de la política.

En la reducción del Gasto Público hay decisiones con repercusión inmediata y otras de larga maduración. Solo serán realmente posibles y sustentables si parten de un consenso.

Un primer acuerdo es la “caja única” que propuso Silvina Batakis. Luego un compromiso de las autoridades nacionales, provinciales y municipales y las oposiciones, sobre la congelación de todo empleo público por los próximos diez años; y un programa de “reentrenamiento” para lograr transferencias a zonas de mayor productividad.

Un tercer paso es auditar la pertinencia de las jubilaciones por incapacidad; y revisar las jubilaciones sin aportes, de aquellas personas que no hayan podido demostrar trabajos realizados, y que posean un patrimonio y flujos de ingreso que hacen injustificada la ayuda social.

Los pagos de planes de ayuda social, a nivel nacional o provincial, deben ser transformados en incentivos al empleo, previo paso obligado de los beneficiarios por procesos de capacitación en los institutos nacionales, y deben ser coordinados con legislación y financiamiento que incentive la inversión reproductiva.

Esos acuerdos no son todo lo que es necesario. Tampoco es mucho.

Es un consenso “a ideológico” que puede contribuir a resolver problemas concretos, los que ninguna fuerza política llevará a cabo en soledad.  

Cuanto más se aleje la materialización de ese acuerdo entre oficialistas y opositores a nivel nacional, provincial y municipal, más cerca está el riesgo de perder las posibilidades de salir.

 *Economista.