29 oct 2020
OPINIóN |Columna
miércoles 23 septiembre, 2020

El odio y el miedo

Campañas de manipulación han ocurrido durante toda la historia pero en estos años hay algo diferente. El sistema informativo de la sociedad ha cambiado vertiginosamente en estos últimos 20/50 años.

Alejandro Peyrou y Martina Puchet*

Get Me Roger Stone, documental de Netflix. Foto: Netflix
miércoles 23 septiembre, 2020

El largometraje de 2017 de Netflix, 'Get Me Roger Stone', no es una película de amor ni de aventuras, ni nada por el estilo. Es un documental donde el consultor político estadounidense Roger Stone habla de sí mismo, de sus “reglas de piedra” y de sus éxitos como asesor electoral de Nixon, Reagan y Trump. Se jacta de su trayectoria, de su fama y de su consiguiente enriquecimiento.

Dice que la verdad importa poco en una campaña. Eso sí, tiene que ser creíble para los electores. En realidad, lo importante es que sea creíble para la mayor parte de la población, dice que la democracia es “el proceso de atraer a la mayoría”. ¿Cómo lo hacen? La gente –mayoritariamente– se moviliza por odio o por miedo, y lo que deben hacer los “lobbyistas”, es incrementar y conducir estos sentimientos según les convenga, brindando los espectáculos necesarios. Stone cree firmemente que la política no es más que “showbusiness”. Un circo de entretenimiento donde no hay límites de ningún tipo: la moralidad es sinónimo de debilidad y fracaso.

Obama es musulmán”, dijo Trump una vez en 2011, posiblemente por indicación de Stone, al mismo tiempo que denunciaba que la partida de nacimiento del entonces presidente era falsa. En la misma línea, este año puso en duda la nacionalidad de Kamala Harris (la actual candidata a Vicepresidenta de Joe Biden), y lo ha hecho en otras ocasiones con distintos miembros del Congreso. La relación entre la inmigración, las violaciones y el tráfico de drogas en USA, es otro ejemplo llegado al extremo de construir un paredón en la frontera con México. ¡Alentar el odio y el miedo!

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Campañas de manipulación han ocurrido durante toda la historia, y el siglo 20 tiene formidables ejemplos de manipulación. El último ejemplo internacional son las campañas de desinformación que desarrollaron los contendientes durante la guerra fría. En esa época la URSS desarrolló la teoría que el SIDA fue producto de una manipulación genética hecha por USA. Ahora, Trump habla del COVID-19 como la peste china.

Pero en estos años, hay algo diferente. El sistema informativo de la sociedad ha cambiado vertiginosamente en estos últimos 20/50 años. La radio, la TV, las redes sociales. Hace unos años el politólogo italiano Giovanni Sartori escribió un libro llamado 'Homo videns': el hombre conformado y formado por la TV. Por supuesto, la conciencia de una persona moldeada por la TV no era igual a la de aquellos que solo leían.

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En la visión de Sartori, con la TV, las personas tienden a manejarse más por emociones que por datos, ya que necesariamente, en una pantalla es más fácil transmitir sentimientos que ideas. También es más efectivo. El encargado de la campaña solo tiene que tener la precaución de que su público ya tenga en germen los prejuicios adecuados. Es importante tener en cuenta que las emociones son difíciles de cambiar ya una vez que están asentadas, el público se resiste a cambiarlas (Bekinschtein, P. (2019). Neurociencia para (nunca) cambiar de opinión. EDICIONES B). El sociólogo español Manuel Castells dijo una vez que “ya no vamos a los medios de comunicación a informarnos, sino a confirmar”. Dicho así, hay pocos elementos para poder salir del pensamiento que ya fue definido previamente. Uno lee un diario, o ve cierto canal de noticias, porque dice lo que uno quiere escuchar. Además, los algoritmos de las redes sociales hacen que veamos información sesgada de acuerdo a nuestros gustos. De manera que no solemos encontrarnos con datos que contradigan nuestra ideología y terminamos siendo usuarios con anteojeras. Consciente o inconscientemente, los medios de comunicación, incluidas las redes sociales, son los principales fomentadores de la información parcial. O directamente de la desinformación.

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Si tenemos un público que se maneja según sus emociones, y un grupo de poderosos dirigentes con éticas discutibles y vocación de manipuladores de emociones, podríamos estar en el peor de los mundos posibles. Excepto que sepamos construir una sociedad diferente. Si alentamos el espíritu crítico, ampliamos el universo de nuestras fuentes informativas y repudiamos las manipulaciones, tendremos la oportunidad de mejorar nuestra futura convivencia y democracia.

 

* Alejandro Peyrou. Diputado Nacional MC. / Martina Puchet. 


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