OPINIóN
Comunicación presidencial

Crisis económica: ¿Y la vocera dónde está?

Este rol se vuelve crucial ante momentos complejos, de conflicto, conflictividad y en los de última ratio o crisis.

Gabriela Cerruti
Gabriela Cerruti. | Télam

La democracia nos ha dado grandes ejemplos de voceros presidenciales en situaciones políticas y económicas delicadas. Desde aquellos que por su naturaleza política siendo ministros o jefe de Gabinete ejercían ese rol de hecho o de facto, todos los días a las 7 de la mañana, hasta los formales o nombrados que enarbolaban el título pero sin ejercer la función de modo público con los medios y periodistas.

Este rol se vuelve crucial ante momentos complejos, de conflicto, conflictividad y en los de última ratio o crisis. El fin de semana de la renuncia del exministro de Economía, Martín Guzmán, fue un fin de semana de potencial crisis de no haberse resuelto rápidamente el nuevo nombramiento. Pero en este transcurso, el rol de vocería presidencial fue totalmente tangencial a la importancia  de lo que estaba ocurriendo.

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¿Y que es lo importante que estaba ocurriendo? Si para algunos sectores políticos se avizoraba un escenario de oportunidades y cambio para la sociedad ocurría todo lo contrario, se sumergía en una percepción generalizada de incertidumbre para algunos, de parálisis para otros y de crisis finalmente para muchos.

Por esto, la vocería tiene como función en estas situaciones buscar generar mediante la comunicación institucional un sentido de coordinación, previsibilidad, disminuir disensos, bajar la angustia e incertidumbre, generar o recuperar confianza.

Conferencia de prensa de Gabriela Cerruti 20220623
Gabriela Cerruti, vocera presidencial.

Y esto no ocurrió, no sólo por que no fue quién comunicó la salida del ministro sino que tampoco ante la noticia generó un marco de sentido interpretativo  al respecto y con posterioridad, durante casi 30 horas, no comunicó indicio alguno de cómo se desarrollaba la potencial resolución de la nueva designación en el cargo de economía.

Es decir, lejos de administrar y gestionar la comunicación en un contexto que para muchos aún hoy es de crisis personal, existencial, empresarial, familiar, se materializó lo que CFK expresó sobre muchos funcionarios de la gestión: funcionarios que no funcionan. Eran esas horas las que hacen ver la importancia de un vocero y su necesidad mientras los principales actores se enfocan en la negociación política.

El vacío comunicacional del vocero es la inactividad de la política, aún cuando no fuera así puertas adentro, pero la sociedad no lo sabe y lo que siente y ve es todo lo contrario.

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Por esto, el vocero institucional, como comunicador del presidente y su agenda, debe dar lo que la gente pide: verdad, o al menos verosimilitud, y una versión de los hechos para orientarnos. Si esto no ocurre, todo lo anterior queda irresuelto en la opinión pública y publicada, sin orientación ni jerarquización de la información pública e ingresamos en una espiral de versiones contradictorias, erróneas, fake news, etc.

Entender, por todo lo anterior, su importancia ayuda a jerarquizar el puesto, reconocer y valorar su función y afirmar con justicia que la vocería presidencial es un puesto funcional importante per se, pero también, para la calidad de la democracia.

*Analista de Asuntos Públicos.

RdC / MCP