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OPINIóN / Reflexión
lunes 29 junio, 2020

En el país del parecer ser o sea del mundo del revés

Un análisis político y social de dichos, hechos e interpretaciones pandemia de por medio.

Sérgio Moro Foto: Cedoc Perfil

Como dijera hace muchos años Friedrich Nietzsche (1844-1900): “No hay hechos sino interpretaciones”. Y esto cuadra perfectamente para la invitación y la desinvitación a Sergio Moro a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Más allá de la acertada expresión de Jorge Fontevecchia, de la incapacidad argentina para comprender a Brasil, teniendo en cuenta que nosotros somos un país no pequeño pero ellos son un subcontinente muy diverso que limita con todas las naciones sudamericanas menos Chile, lo cierto es que siguiendo a Nietzsche, se lo podría haber invitado por ser el fiscal exitoso del Lava Jato, aunque el hecho de las escuchas logradas por The Intercept en el país hermano lo colocaran en una actitud por lo menos no ecuánime al insistir ante otros miembros del Poder Judicial en el enjuiciamiento y posterior prisión de Lula Da Silva que lo dejaría a este fuera de la contienda electoral y además el mismo Moro asumiendo como Ministro de Justicia del ultraderechista Bolsonaro, y renunciando apenas hace un mes luego de uno de los habituales desmanes oratorios del increíble mandatario del país vecino.

O sea que había interpretaciones varias para invitarlo y para no invitarlo. Pero como ocurre tantas veces en nuestro país, el país del dulce de leche, se hicieron las dos cosas al unísono, cosa que serviría para un eficaz video de Diego Capusotto o para que el inefable Landrú sostuviera que se lo había invitado, pero no mucho, o sea, parecía que se lo había invitado, pero no del todo.

Para peor pareciera que hay una Comisión Consultiva en la Facultad para este tipo de invitaciones, que pese a su pomposo nombre, no se la había consultado, con lo cual ante las previsibles protestas de dichos miembros; o sea, en el país del parecer ser, se lo desinvitó al sorprendido Moro, con la misma velocidad con que se lo había invitado.

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Sin embargo, luego,  la calificación de “país del parecer ser” parece que nos ha quedado corta porque pasamos indudablemente al mundo del revés que nuestra querida María Elena Walsh cantara tan impecablemente, porque en el Sur argentino o sea en el país del Fin del Mundo, como dijera Francisco, un fiscal ha venido a narrar que una violación en manada es simplemente un desahogo sexual, o sea, que en este mundo del revés como en la inolvidable “Rebelión en la granja”, de George Orwell: “Todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros”, mientras anteriormente otra fiscal del Sur había enviado a su domicilio, a alguien que estaba preso con condena firme por abuso infantil reiterado.

Y el inefable Pablo Bernasconi, nos recuerda estos tiempos de pandemia con estas palabras en La Nación: “Tanta oscuridad, no puedo dormir aquí. Tanto silencio, no puedo escribir aquí. Tanto aire, no puedo respirar aquí. Tanto tonto, no puedo pensar aquí. Insolentes despojos de la abundancia.”

Quizás se refiere Pablo al país del parecer ser, de principios del siglo XIX. El de las espigas de trigo y las carnes congeladas. El ex granero del mundo. El que cantara nada menos que Rubén Darío. El que no se sabía, en ese momento,  si iba a superar nada menos que al gigante del Norte: Los EEUU.

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Porque estamos viviendo los insolentes despojos de la abundancia. Y no sabemos, aquí y ahora, en qué se puede convertir nuestro 40% de pobreza de fines del 2019, ni nuestra incalificable deuda externa que alcanza nada menos que el 100% de nuestro PBI. Pero el que vuelve a aclarar nuestras ideas es el ex director de nuestra Biblioteca Nacional. Y también en La Nación, el que fuera lector de Borges: Alberto Manguel; cuando nos dice: al preguntarse y al preguntarnos desde el conflictivo EEUU: ¿Dónde están los intelectuales, las voces críticas de esta época?

Y comienza nada menos que con Rodolfo Walsh el inolvidable autor que denunciara en sus escritos los fusilamientos de José León Suarez en “Operación Masacre” y que en una carta abierta a la Junta Militar, durante el Proceso, jugara y perdiera su vida, al mostrar con su testimonio, que todo lo que estaba ocurriendo en el período nazi que comenzara en el 76,  era una afrenta a lo humano.

Manguel recuerda a Karl Marx con su “crítica práctica” y rescata la definición de Edward Said el intelectual palestino que residiera en NY, el filólogo que junto a nuestro Daniel Baremboin fundaran la Orquesta Divan árabe-israelí. Y dice Said: “el intelectual en el sentido que yo lo entiendo, no es un pacificador ni un constructor de consenso, sino alguien que compromete y arriesga todo su ser sobre la base de un sentido crítico constante, alguien que rechaza a cualquier precio las fórmulas fáciles, las ideas preconcebidas, las confirmaciones complacientes de las opiniones y actos de los poderosos y otras mentalidades convencionales”. Estas lúcidas palabras son también las que expresa dominicalmente Julio Petrarca desde el Diario Perfil, como persistente ombudsman del Lector.

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Pero otras voces se han ido sumando a estas voces de “crítica práctica”, por ejemplo Spike Lee, el gran director norteamericano que estrena en Netflix “Cinco Sangres”, un film sobre los soldados de color que vuelven a Vietnam después de la cruenta guerra y se pregunta en Perfil: “El virus, no se preocupa por quién sos y no podemos volver a lo que éramos antes…Pero nuestras distancias, nuestras grietas son muy grandes y debemos preguntarnos por qué y para quien. Si una enfermera y un científico arriesgan su vida por la mía ¿por qué el poder está en otro lado? Necesitamos en forma urgente una mejor sociedad”. ¿Por qué los médicos que se ocupan de la Paz ganan muchísimo menos que todos aquellos que se ocupan de la guerra?

Que no se ignore a los muertos flotando en el Río Bravo entre México y EEUU ni en las cercanías de Lampedusa, tratando de arribar de la África subsahariana. Ni se ignore a las villas miserias en nuestra Reina del Plata ni a las 1800 villas miserias en la Pcia. De Bs As. y finalmente que no se ignore nuestra casi incalculable deuda interna con un 52% de niñes pobres y casi seguramente, un escandaloso 50 % de pobreza. Que se recuerden las palabras de Robert Kennedy en Buenos Aires: “Nuestros problemas son los mismos de Uds. “La pobreza, la miseria y la ignorancia”.

Y como sintetiza el Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus en La Nación: “Lo primero y lo fundamental que la comunidad internacional y cada nación por su cuenta pueden hacer, es no querer volver, bajo ninguna circunstancia, al viejo mundo del calentamiento global, la concentración de la riqueza y el desempleo…”.

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¿Qué estamos esperando, que crezcan los mares e inunden nuestras ciudades. ¿o seguiremos con los combustibles fósiles destruyendo nuestro medio ambiente, con el calentamiento global y el porvenir de nuestros hijos y nietos?

Mientras Roger Cohen en el New York Times sintetiza todo esto, refiriéndose a la ignominiosa muerte de George Floyd en los EEUU: “Quítennos la rodilla de nuestro cuello y del cuello de la democracia”, a nivel local y global.

Y si Albert Camus nos recordaba en “La Peste” que ataca nuestros cuerpos pero desnuda nuestras almas. Hagámonos cargo con nuestros cuerpos y nuestras almas, de este cambio local y global y tratemos humilde y honestamente de convertirlo  en virtuoso, con una suave llama que mantengamos viva a pesar del viento en contra.

 


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