viernes 25 de junio de 2021
PERIODISMO PURO Entrevista
07-05-2021 22:16

Hugo Hopenhayn: "Joseph Stiglitz no tiene contribuciones importantes en macroeconomía"

Profesor de la UCLA, es uno de los economistas argentinos más leídos y respetados a nivel mundial. Señala que los problemas de Argentina en materia laboral se deben a la falta de flexibilidad del sistema. Considera que un seguro de desempleo es una estrategia mejor que indemnizaciones muy altas. Señala que el país debe encontrar alternativas económicas que tornen racional la inversión productiva. La recuperación pospandemia dependerá también de encontrar consensos para las reformas necesarias.

07-05-2021 22:16

—Fuiste uno de los 150 intelectuales y académicos que manifestaron su apoyo a la reelección de Mauricio Macri. ¿Por qué lo hiciste?

—Creí que era una buena apuesta. Argentina tenía que llevar adelante una serie de reformas de tipo fiscal. Creo en la justicia distributiva y en la inclusión social y tengo esa sensibilidad, pero pienso también que para poder mejorar todo eso el país tiene que ordenar un poco su economía y entrar en un sendero de crecimiento. Garantizar que todos crezcan hacia arriba. 

—El intelectual y ex funcionario de Cambiemos Iván Petrella dijo: “Muchos de los que apoyaron la fórmula fueron abiertamente críticos del gobierno de Cambiemos en distintas instancias estos años, pero sienten que la libertad de ser críticos y apoyar al mismo tiempo es toda una novedad después de 12 años de kirchnerismo”. ¿Tu apoyo tuvo que ver con eso?

—Algo de eso, sí. Pero también hubo mucho de apuesta. Conocía a mucha gente involucrada, por lo menos en el Banco Central. Tuve interacción intelectual con ellos. Fui profesor en la Universidad Di Tella, mientras estaba en parte en Estados Unidos y en parte en Argentina. Son muy serios. Había un buen equipo detrás. Las reformas que se querían hacer me parecían importantes; también que exista continuidad. Si se quiere poner al país en un sendero distinto, volver a una política más populista no es conducente para generar expectativas un poco más de largo plazo. Sin ordenamiento económico y crecimiento, las buenas intenciones no llegan a largo plazo.

“Las cargas laborales de Argentina afectan la actividad empresaria.”

—En una reunión del Mercosur, hubo un intercambio de opiniones entre el ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, y el de Argentina, Martín Guzmán. El funcionario brasileño, considerado un Chicago boy, se refirió a la “mano mágica” del mercado que terminaba ordenando todo. El argentino le dijo que esa mano no existía. ¿De qué lado de la polémica te situás?

—Muy buena la pregunta. Dijiste “mano mágica”. La pregunta sería si la otra mano es la tenebrosa. La mano mágica del mercado sería que un equilibrio competitivo generara resultados óptimos. Mi área de investigación es la organización industrial, uno de los pilares de lo que se conoce como la política antitrust. Creo mucho en la política antitrust, que es obviamente de naturaleza regulatoria. 

Hugo Hopenhayn, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
CONCENTRACIÓN. “La idea de que la economía de Estados Unidos es muy empresarial, y que hay un montón de startups, en parte es cierta. Pero cuando uno mide, hubo una caída en la entrada de nuevas firmas”. 

—¿Se necesita una intervención del Estado para eliminar abusos de las posiciones dominantes? 

—Exacto.

—¿La mano invisible no soluciona todo?

—Hay fallas en la mano invisible en situaciones de externalidades o cuando hay problemas de información que pueden llevar a fallas de mercado. Por ejemplo, en temas de seguro, a veces es importante forzar la inclusión. Si no, los problemas de selección adversa pueden llevar a que el mercado de seguros desaparezca. Hay una serie de condiciones o externalidades en las que la mano invisible no solucionará los problemas y es necesario un grado de intervención. Lo que se llama teoremas del bienestar es completamente silencioso sobre el tema de distribución del ingreso. Básicamente, dada una asignación de recursos, el equilibrio competitivo pareto es óptimo. Pero uno también puede tener una visión sobre qué es justo y no en términos de distribución del ingreso y asignación de la riqueza. 

“Un sendero correcto puede garantizar que todos crezcan hacia arriba.”

—Hay un texto tuyo sobre las implicaciones que tiene la concentración de entrepreneurships y el compartimiento del trabajo. ¿Cómo podríamos traducir para legos este texto tuyo?

—Hay una preocupación en varias economías, entre ellas la norteamericana, acerca de que en los últimos veinte años hubo un aumento importante en el nivel de concentración económica. Un ejemplo medido en la proporción de empleo que está en firmas grandes. Hubo aumento de la concentración, al tiempo que hubo una caída en la participación de los trabajadores en el ingreso. Como contrapartida de eso, hubo un aumento en los markups, que son como dos caras de la misma moneda. Al mismo tiempo hay otro fenómeno, y es que gran parte del dinamismo de una economía parte del hecho de que hay una gran reasignación de recursos entre distintas firmas. Firmas que abren, firmas que cierran, firmas que crecen, firmas que se achican en una proporción muy grande. En Estados Unidos, un 10% de firmas entra todos los años a la economía. Las tasas de entradas son muy altas y al mismo tiempo también hay muchísima reasignación. Parte de mi investigación va en esa dirección. Es un fenómeno muy saludable en el sentido de que los recursos se dirigen a aquellas actividades más valiosas. Gran parte de la capacidad de una economía de aprovechar su potencial es la posibilidad de que los recursos se muevan libremente para que se maximice en su valor la economía. Coincidentemente con este aumento de la concentración y caída de la participación del trabajo o el aumento de los markups, es que hubo una caída en las medidas de reasignación. La tasa de entrada de firmas, que en los años 80 era del orden del 12,5%, cayó alrededor del 6%. Se fue a la mitad. 

—Se llegó a la mitad.

—Ahora es alrededor del 6%. Esta idea de que la economía de Estados Unidos es muy empresarial, y que hay un montón de startups, en parte es cierta. Pero cuando uno mide, hubo una caída en la entrada de nuevas firmas. La pregunta es si está todo esto mal. Se puede plantear la hipótesis de que hay firmas que se volvieron muy poderosas, empiezan a crecer, se concentran, y eso hace mucho más difícil que nuevas firmas entren y compitan. El poder que tienen estas firmas también lleva a que los salarios sean más bajos. Puede haber factores que apunten en esa dirección. Hubo cambios tecnológicos. La era de la información, y la big data por parte de compañías estilo Amazon, hace pensar que algo de eso esté ocurriendo. Pero hay otro fenómeno muy curioso. Cuando uno mira y compara distintos países, estados, ciudades, y trata de medir la creación de nuevas empresas en esas regiones, un factor muy importante es el crecimiento de la población activa. Si un país tiene tasas de fertilidad muy altas, será una economía que necesitará crear nuevas empresas para satisfacer las necesidades. También para absorber recursos laborales nuevos que se incorporan en el mercado de trabajo. Eso genera una gran entrada de firmas en una economía. La tasa de entrada de firmas del 12% al 6% en Estados Unidos está íntimamente ligada al crecimiento de la población activa. Fue lo que cambió notablemente en Estados Unidos. En el pico de lo que se llamó el baby boom de Estados Unidos de los 80, la tasa de crecimiento de la población activa era del orden del 12,5%. Hoy la tasa de crecimiento se fue del 2,5% al 0,5%. Gran parte por un fenómeno, que también ha pasado en todos los países desarrollados, de que cayó muchísimo la tasa de fertilidad. Cuando uno tiene en cuenta eso, ve que genera una caída en la tasa de entrada de firmas. También envejece la población de firmas. Hubo un gran envejecimiento de la población de firmas en Estados Unidos. Si uno mide las empresas de más de diez años de antigüedad, o sea que entraron hace más de diez años, el porcentaje de empleo en esas firmas fue del 30% en Estados Unidos al 50% en este período. Como en toda sociedad, cuando uno mira los agregados, el de promediar distintos grupos de edad, resulta ser que las firmas más antiguas son mucho más grandes. Hay más concentración en esos grupos. A su vez, las firmas más grandes tienden a pagar una menor fracción de sus ingresos a los trabajadores. Son más capital intensivas en ese sentido. La contribución nuestra dice que obviamente hay una serie de factores, pero antes de atribuir todo a fuerzas negativas de la economía, se debe ver el rol de estas fuerzas originadas por la reducción de tasa de crecimiento de la población activa.

“El costo del despido es un impuesto a las empresas.”

—Si se compara la Argentina con Uruguay, se encuentra que Uruguay sigue teniendo la misma cantidad de habitantes que hace cuarenta o cincuenta años, alrededor de 3 millones de habitantes, mientras que Argentina duplicó su población. Nuestra tasa de fertilidad es la de un país subdesarrollado; es más alta que la de Estados Unidos. La inmigración hizo que Argentina tuviese mucho más habitantes. Sin embargo, da la sensación de que tenemos muchas menos empresas. Como vos contabas, parecería haber un círculo virtuoso entre el crecimiento de la población activa y el crecimiento de las empresas. La cantidad de empleo en blanco privado sigue siendo la misma: de alrededor de 7 millones de personas que había en 1970. Lo que creció en la Argentina, con el doble de la población, es el empleo estatal y el empleo en negro, o los desocupados.

—Hay otros factores, que tienen que ver con los incentivos. Lo que dije antes es manteniendo constantes los incentivos a la participación empresarial y el retorno. En Argentina hubo muchas políticas que afectaron el retorno de la actividad empresaria. Argentina debe ser de los países de cargas laborales más altas del mundo. Todo eso afecta los rendimientos. En general, las decisiones empresariales son de inversión, tomar un riesgo para invertir de acá a un retorno futuro. Mientras más incertidumbre haya sobre el retorno futuro, menor va a ser el incentivo para invertir.

Hugo Hopenhayn, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
TRABAJO TEMPORARIO. “En España se introdujo el trabajo temporario y hubo un aumento muy rápido del empleo, una reducción muy grande en la tasa de desempleo”.

—Diste en 2018 una conferencia para Fiel, las crónicas de ese encuentro hablan de “Extrapolando la teoría de la supervivencia de Darwin a la de las empresas”.  Dijiste que “los principios de la selección natural están relacionados con la coexistencia de variedades y la pelea por los recursos. Las políticas que interfieren en la reasignación de recursos interfieren en realidad en la eficiencia económica”. ¿Qué vínculo hay entre las leyes laborales y la decadencia económica que tiene la Argentina? 

—Muy buena pregunta. Puedo hablar de una manera general sobre el tema en base a mi propia investigación. Cuando uno mira la economía como si levantara el capó del auto y observara cómo funciona, hay una gran reasignación de recursos. Ese es un fenómeno natural. Las especies exitosas en la sobrevivencia darwiniana son las que sobreviven y empiezan a apropiarse de más recursos o pueden utilizar más los recursos. Ese es el paralelo con las teorías de Charles Darwin. Hay una serie de políticas que pueden afectar la movilidad de recursos entre firmas. No solo políticas; también instituciones. Una es la de los costos laborales de despido. Si se piensa en el costo de despido, más allá de las implicancias distributivas, porque quiere ser un mecanismo de protección; más allá de la intención, el costo de despido es un impuesto a la movilidad. Como todo impuesto, va a reducir esa actividad, no solo reducir los despidos, también la contrapartida será reducir la actividad de contrataciones nuevas. Los costos de despido son un factor muy importante en términos de una barrera a la reasignación de trabajo de ciertas actividades a otras. Podemos hablar sobre los problemas de bienestar asociados y cómo se puede dar otras formas de protección.

“Las reformas económicas necesitan de consensos políticos.”

—¿Qué opinión tenés del ministro Martín Guzmán y de Joseph Stiglitz, su mentor?

—No conozco a Guzmán, pero por sus declaraciones parece poner énfasis en la necesidad de un balance fiscal. Al menos no profesa que los déficits sean positivos, como otros lo han hecho en el pasado.  Las contribuciones de Stiglitz a la teoría económica son muy importantes en el campo de economía de la información. Pero nunca fue realmente un macroeconomista. En ese campo, no es una figura reconocida y no tiene ninguna contribución importante. Creo que se movió a ese campo con la idea de que la macro tiene más influencia mediática que la micro y supongo que también aprovechó la legitimidad del Premio Nobel para empujar una visión del mundo congruente con sus preferencias.

—¿Por ejemplo? 

—Hay otras formas de protección sobre las que trabajé. Por ejemplo, el diseño de seguros de desempleo, que protegen a alguien en el evento de perder su trabajo. Hay otras cosas institucionales. El funcionamiento del mercado financiero es muy importante. Porque una firma, para poder crecer, para poder alcanzar nivel, obviamente tiene que invertir. Si no tiene recursos para invertir, el mercado financiero debería proveer esos recursos. Si un país tiene un mercado financiero muy poco desarrollado, eso va a atentar contra la posibilidad de que los recursos se dirijan a las actividades de mayor valor. Los recursos irán hacia donde hay plata. Eso dificulta mucho las actividades nuevas.

Hugo Hopenhayn, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.

—Siguiendo la metáfora darwiniana, ¿cuáles serían las regulaciones evolucionistas más necesarias?

—En el sistema laboral debería haber más flexibilidad. También, un desarrollo de otros mecanismos alternativos de provisión de seguridad social, como seguro de desempleo. Para el mercado financiero, la verdad es que no tengo una buena solución. Para el mercado laboral propondría, por un lado, reducción de los costos salariales para, de alguna manera, inducir una mayor demanda de trabajo y, por otro lado, una reducción de los costos de despido. Sé que suena antipopular. Es importante proteger a la gente, pero ese mecanismo es muy costoso para la economía.

—¿Si en lugar de un sistema indemnizatorio costoso hubiera un sistema de seguro de desempleo, se terminaría generando más empleo y más protección a los empleados? Algún político dirá que será muy costosa la transición, ¿qué le contestás?

—Le respondería que en parte tiene razón. El efecto inmediato sería más fuerte sobre despidos que sobre creación de nuevo empleo. Uno puede suavizar el cambio o puede aplicar el cambio sobre contrataciones nuevas. Hay formas de hacer el cambio de una manera más gradual.

—Esto nos lleva al principio de la nota, a que fuiste uno de los 150 intelectuales que firmaron el apoyo a la reelección de Mauricio Macri. El problema que tuvo Cambiemos es que cuando se realizan reformas, inicialmente son más los costos que los beneficios. Esto vale tanto para una reforma laboral como para otras.

—Sí, es cierto. Lamentablemente, es un problema político. Lo importante es que una reforma sea creíble. Si se anuncia que habrá una reducción en los costos de despido significativa para los nuevos empleos que se generen, pero después hay un cambio de gobierno y vuelve a reinstituir los costos de despido altos, eso hace que no haya credibilidad en esa política. Así se caen las transformaciones. 

—¿Vivimos en un círculo vicioso en lugar de virtuoso? 

—Hay algo de eso. Debe consensuarse cierto tipo de cambios. En la Argentina se habló sobre esa necesidad. En la época de Carlos Menem se habló sobre reformas laborales que adquirieron una legitimidad importante. El corte del proceso hiperinflacionario llevó a una tasa de crecimiento muy alta. Muestra la necesidad de aprovechar la ola para ese tipo de cosas.

—Argentina tiene un sistema laboral más parecido al europeo. ¿Cuál es tu visión sobre él?

—Es cierto que Europa tiene un mercado laboral más parecido al de Argentina, con menos flexibilidad en las contrataciones y en los despidos. Hay estudios que atribuían parte de las diferencias de productividad entre Estados Unidos y economías de Europa a este factor. En Europa, y en Argentina también, se genera un sistema paralelo, que es el trabajo temporario. Estuve dos años en la Universidad de Pompeu Fabra, en España. Ahí empecé a hacer los trabajos con Juan Pablo Nicolini sobre seguros de desempleo. La tasa de desempleo en España estaba entonces en el orden del 23%. Gran parte de la discusión que había en ese momento la atribuía al hecho de que había pocos incentivos a la contratación. Se introdujo el trabajo temporario y hubo un aumento muy rápido del empleo, una reducción muy grande en la tasa de desempleo. Tener estos dos segmentos en la economía, uno de trabajo temporario y otro protegido, llevó a una gran volatilidad del empleo agregado. Con Sebastián Galiani tenemos un paper también sobre el empleo temporario en la Argentina, en donde observamos ese tipo de fenómenos.

—Recientemente, Roberto Lavagna hizo una propuesta para la generación de nuevos empleos que no fue muy oída. Un planteo más homeopático. Los sindicalistas argentinos, cada vez que una cámara empresaria dice que la doble indemnización produce que no se creen nuevos empleos, contesta: “Si el costo de despido es muy bajo, lo que va a suceder es que se van a crear nuevos empleos, pero de la mitad del salario de los existentes. Las empresas van a despedir a los empleados actuales y van a contratar otros por la mitad del salario, por la crisis que hay”. ¿Una reforma no se puede hacer en un momento de crisis? 

—Es cierto que las restricciones a la contratación generan una especie de rentas a los que están empleados, como cualquier restricción que pongas en la industria va a generar rentas a las firmas en esa industria. Quienes tienen esas rentas, representados por los sindicatos, se resistirán a esas pérdidas. Es un tema complejo porque, en principio, hay un problema que es de eficiencia económica, pero también hay un aspecto distributivo. Cada vez que uno hace políticas y reformas, hay ganadores y perdedores. Se debe resolver de otra manera. No soy naïf a ese nivel, pero creo que hay que pensar más profundamente en cuáles son los mecanismos de compensación que se pueden generar y cuáles son sus costos en términos sociales y de eficiencia económica. Hay que pensar seriamente en eso. Hay que abrir el debate. Lo peor es que no haya discusión al respecto.

—¿La pandemia modificará la creación de nuevas empresas?

—Se puede ver de muchas maneras. Por un lado, está el shock de la pandemia, que es transitorio. Lamentablemente, es más largo de lo que uno esperaba, pero no deja de ser transitorio. 

—Los tres lugares donde hay una recuperación en V corta son Estados Unidos, India y China. No así en Europa o en Latinoamérica, donde las regulaciones laborales son mayores. ¿Hay relación entre legislación laboral y recuperación rápida?

—En Estados Unidos no es solo un conjunto de sistemas laborables más flexibles, sino también muy bajos costos y muy pocas barreras a la creación de nuevas empresas, y la existencia de un mercado financiero de capitales que funciona muy bien en términos de proveer recursos a los empresarios nuevos.

Hugo Hopenhayn, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
INVERSIONES LÓGICAS. “Mientras más incertidumbre haya sobre el retorno futuro, menor va a ser el incentivo para invertir”.

—Pero no es así en China y en India.

—En China sucede todo lo contrario. En India no conozco muy bien el caso. Hay que ver lo que va a pasar en India porque ahora, con el rebrote, parece que la pandemia les vino un poco después. Tanto China como Estados Unidos tuvieron una reducción bastante drástica de la pandemia e incide en términos de la recuperación. ¿Qué determina si es una V o si es una U u otra figura? Hay fricciones. Ante la pregunta de por qué no vuelve todo a como estaba antes, muchas de las firmas que existían antes de la pandemia desaparecieron y veo negocios cerrados. Hay claramente una serie de empresas que desaparecieron. También hay gente que quedó desempleada. Las empresas en que estaban, porque sufrieron durante la pandemia y se descapitalizaron, no van a tener la capacidad de empezar inmediatamente a recontratar hasta que no recompongan su situación de activos. En Estados Unidos se dio mucho apoyo a las empresas para que pudieran mantener a su plantel, y eso facilitó que las firmas no se descapitalizaran. Esa ayuda contribuyó a que muchas de estas firmas sobrevivieran y que su situación de activos no estuviera tan mal y que pudieran recontratar a su gente. Depende mucho de la política de apoyo y soporte a las empresas que estaban. Después está el otro canal: qué pasa con las empresas que desaparecen y las nuevas que se tienen que crear. Por otra parte, en China no hubo cuarentena.

—¿Cómo modifican el mercado de trabajo la virtualidad y el teletrabajo? ¿Será un cambio permanente?

—Es un tema interesante. Hay varios ángulos para pensar en términos de potenciales cambios de largo plazo. Se puede interpretar como que la pandemia aceleró un proceso de adopción y desarrollo de una serie de tecnologías que de alguna manera venían en camino. Son fenómenos que se venían dando, pero que se aceleraron con la pandemia. Tendrán efecto de largo plazo. En términos de efecto sobre el mercado de trabajo, aparece un margen más de flexibilidad, que será útil. Contribuye a la productividad.

—¿Aumenta la productividad la reducción del tiempo de traslado, que muchas veces consumía un 20% o un 30% del tiempo laboral de la persona?

—Reducción de tiempo de transporte, sí; y se suma ahorro de infraestructura de oficinas. Trabajo desde mi oficina. Desde aquí di mis clases este último año. Hay mucha capacidad inutilizada en las economías que encontró un nuevo lugar. Fue el principio de Uber, que hay cierta capacidad de excedente que se puede utilizar en el caso ese de transporte. Puede tener efectos negativos por el lado de la demanda sobre algunas actividades o favorecer a las actividades que son más intensivas, donde el costo de trabajar a distancia es mucho menor. No sé si la gente volverá a ir al cine como antes o se acostumbró a ver cosas desde la casa.

—Para usar una metáfora actual, ¿se podría decir que a las empresas que ya venían mal, que tenían comorbilidades, la pandemia terminó de darles el tiro de gracia? 

—Sí. Hay un paper bastante conocido de Ricardo Caballero, que se llama en inglés “The Cleaning Effects of Recessions” (“El efecto de limpieza de las recesiones”). Hay una importante salida de firmas y después, cuando viene la reactivación, hay creación de nuevas firmas. En general, eran más ineficientes y podían sobrevivir porque las cosas estaban muy bien. Un shock importante como la pandemia puede llevar a ese fenómeno. A escala mundial, habrá una reactivación importante de los nuevos emprendimientos. 

—Joseph Schumpeter planteaba la idea de destrucción creativa. ¿La pandemia es un efecto Schumpeter a la enésima potencia?

—Parte de la idea de destrucción creativa viene de que el desarrollo de nuevas ideas desplaza las existentes. La pandemia definitivamente aceleró un proceso. Pero probablemente hubiera ocurrido de todos modos. Algo de lo que vos decís sucede, sin duda alguna.

—Thomas Piketty, en su libro “El capital del siglo XXI”, planteaba el tema de la herencia y la solución modificando el traspaso generacional del capital. En la Argentina es muy recordado un famoso discurso de Juan Perón en la Bolsa de Comercio Argentina, cuando plantea un equilibrio entre 50 y 50 de remuneración del capital y remuneración del trabajo. En los últimos años se vio que el capital fue más remunerado que el trabajo. ¿Cuál es la relación entre inequidad y trabajo?

—Es divertido lo que decís de 50 y 50. En Estados Unidos los números que se manejan en términos de retribución al trabajo y al capital son dos tercios de trabajo, un tercio de capital. Perón era más procapitalista que los Estados Unidos. Hubo un aumento muy grande en la disparidad de ingresos. La explicación más aceptada es que hubo un aumento muy grande en el retorno al capital humano, en particular a la educación, y que eso es responsable, en gran parte, del gap. También hay inequidades extremas. Hubo gente que hizo fortunas muy rápidamente, cosa que también ocurrió en el pasado. El cambio tecnológico favorece a aquellos que tienen mayor capital humano. Una de las maneras de corregir la desigualdad es crear igualdad de acceso a oportunidades de adquisición de capital humano. Y buen capital humano. 

—Una cosa es la remuneración de personas que tuvieron una educación superior y varios posgrados y otra son los megamillonarios, cuyo aumento en la participación en realidad es por el aumento del stock, no del flujo. 

—Hubo un aumento muy grande de la disparidad. La reducción de la participación en ingreso del trabajo fue del 66% al 60%. En Piketty hay una sensación de fatalismo, de que nos estamos yendo al abismo, que no está soportada por la evidencia empírica histórica. Parte de la explicación en Estados Unidos de la caída en la participación de los salarios es el hecho de que hoy en día, por el aumento en la concentración, hay más empleo en empresas grandes. Las empresas grandes tienen menor participación. Es un fenómeno simplemente de agregación estadística. 

—¿Hay algún riesgo en estas nuevas empresas tecnológicas de que se esté volviendo a la situación previa a la ley antitrust y creen, por ser nuevas, monopolios?

—Hay un fenómeno que es importante. Muchas de estas empresas tienen grandes externalidades. Por ejemplo, Uber. Tiene los dos lados del mercado. Forman un mercado, por un lado atrayendo a gente que quiere manejar y, por el lado de la demanda, a gente que necesita ser transportada. Construir esas redes es muy difícil. Hay economías de escala muy importantes en este tipo de actividades. Uno piensa que un monopolio natural se dará en donde hay grandes economías de escala. En la medida en que estas economías de información generen grandes economías de escala, es posible que así sea. Por otro lado, hay efectos en dirección opuesta. Antes, para que una firma pudiera tener acceso a información relevante o a programas para llevar adelante mejor sus operaciones y prever mejor dónde están sus mercados y explotar eso, debía tener una gran capacidad como para tener un equipo técnico y los equipos de computación, que eran carísimos. Hoy, si uno quiere crear una empresa, puede hacer advertisement en Facebook, conseguir información. Tiene muchos más recursos para estudiar el mercado. No está claro en términos de futuro si vamos camino al precipicio o es un cambio que tiene más dimensiones que deben observarse. Todavía no sabemos muy bien qué efectos tendrá. Hay casos de antitrust contra Facebook y contra Google. La preocupación antitrust se da cuando hay monopolio en ciertas actividades, si desarrollaron prácticas estratégicamente destinadas a impedir que otros competidores crecieran. Algo de eso se discutió últimamente.

 

Producción: Pablo Helman y Debora Waizbrot.

Hugo Hopenhayn, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.

 

“Macri debió confiar más en el equipo del Banco Central”

(Antes de la entrevista, Hugo Hopenhayn contestó por escrito sobre algunas cuestiones de actualidad. Aquí, sus respuestas).
 

Deuda: En algún momento hay que pagar la deuda. Esto se puede hacer con impuestos futuros o impuesto inflacionario. En el caso de deuda en pesos, los incentivos a hacerlo con impuesto inflacionario son mayores.

Impuesto a la riqueza: Hay varias formas de verlo. En términos de “seguro”, si uno interpreta que la pandemia es un shock más importante a los más pobres, podría justificarse. Tal vez mejor sería a los ingresos, pues mide quién estuvo más o menos afectado. En términos generales, el impuesto debería seguir los patrones de progresividad que tienen todos los impuestos. La progresividad tiene un costo en términos de incentivos, pero puede interpretarse como un mecanismo de seguro también.

Peligro de default: Supongo que el shock de la pandemia ha llevado a un aumento general en el endeudamiento público. Esto puede llevar a problemas de default futuros. Pero al mismo tiempo, parece haber una recuperación rápida del GDP (PBI). Por otra parte, es posible que la tasa de interés suba en el futuro debido a las dificultades de seguir endeudándose, y esto puede dificultar las posibilidades de repago y rollover.

Georgieva y el FMI: Es posible que se deban acomodar a la nueva situación de deuda fiscal y la posibilidad de mayores desbalances fiscales en el futuro.

Kirchner y el neodesarrollismo: Pienso que la inflación es resultado de la política monetaria. Ahora bien, obviamente la política monetaria es endógena y depende de la situación fiscal. Las teorías estructurales de la inflación (Olivera) tal vez puedan explicar tasas de inflación menores, pero no las altas observadas en la Argentina.

Macri y su equipo: De estar en su lugar, hubiera confiado más en el grupo del Banco Central y mantenido más independencia.

El peronismo y las reformas necesarias: Juzgando por el pasado, esta administración peronista no ha mostrado responsabilidad fiscal. Tal vez la historia hubiera sido distinta con Néstor Kirchner. No está claro cuáles son las reformas necesarias. El costo fiscal en Argentina es muy alto y atenta contra los incentivos a invertir. Pero probablemente mayor sea el efecto de la incertidumbre de política y el miedo a la “expropiación”. No es coincidencia que muchas de las empresas más dinámicas estén trasladando su lugar de residencia.

La “reputación” argentina: Es difícil saber exactamente cómo se forman las reputaciones. Tal vez un default hoy legitima más un default futuro. Pero en lo inmediato, el default reduce el nivel de endeudamiento y presumiblemente el riesgo de default en el corto plazo.

Restricciones al mercado cambiario: Generan todo tipo de distorsiones. Formas de devaluación/retenciones encubiertas. También la idea de que hay que anclar las expectativas, que si no están acompañadas de otros cambios de política es muy difícil lograr.

Por qué no hay tranquilidad en los mercados: Creo que es el reflejo de un problema de déficit fiscal que se mantiene, más allá del relief de la deuda, y de desconfianza sobre el futuro fiscal también.

Un dólar más débil y la Argentina: No veo muy claro que sea una oportunidad. Debilitamiento puede significar un encarecimiento de los bienes argentinos en dólares y menores exportaciones. Puede también significar un aumento de las tasas de interés en el mundo que haga más difícil el financiamiento externo. 

El subdesarrollo argentino y el desarrollo japonés: Japón se desarrolló con mucha inversión. Argentina ha desincentivado la inversión. No solo Kuznets considera a la Argentina como “basket case”. Un país que a principios del siglo pasado estaba bien dotado de recursos naturales y humanos, como para seguir creciendo… La inestabilidad, el uso del excedente agropecuario para sostener políticas y gastos sin una clara visión del futuro. El no pensar en los incentivos y volvernos más una sociedad de reparto.

¿Estamos en la peor crisis de la historia?: Como shock puntual, tal vez. Pero la recuperación parece mucho más rápida. Tal vez pase un poco como con el New Deal, que incentive políticas de carácter más populista que afecten el crecimiento futuro.

Modificación de los hábitos de consumo: No creo que cambien demasiado los hábitos de consumo. Lo que observo es que la gente está desesperada por volver a la vida social, restaurantes, etc. Algunas actividades pueden verse afectadas si la gente continúa con servicios vía Zoom o compras online. Los hábitos de producción/empleo probablemente cambien en algunas actividades. Pero es probable que otros cambios futuros tengan mayor impacto, como los self-driving cars.

Un nuevo New Deal: Creo que está en la agenda de muchos demócratas. Pero con la oposición republicana y parte de los demócratas que no apoyarían algo así, pienso que sería algo más moderado. Está por verse pronto.

El futuro de la globalización: Supongo que seguirá adelante. Hay presiones proteccionistas, pero tienen un costo alto a la larga.