La reforma política impulsada por el gobierno de Javier Milei ya empezó a mutar antes de su tratamiento formal en el Congreso. A pocos días de su presentación, los primeros posicionamientos públicos de aliados y opositores dejaron en claro que el proyecto original difícilmente avance sin cambios, especialmente en su punto más sensible: la eliminación total de las PASO.
La novedad de las últimas horas es que los bloques dialoguistas comenzaron a plantear alternativas intermedias. El PRO, cuyos legisladores dijeron a PERFIL semanas atrás estar en contra de eliminar las primarias, ahora evitan dar definiciones concretas sobre la derogación lisa y llana de las PASO, con Cristian Ritondo como articulador de las negociaciones entre los amarillos y violetas. Mientras, en la UCR ya apareció una propuesta concreta para reformarlas sin suprimirlas. El movimiento expone una realidad que el oficialismo reconoce puertas adentro: no tiene hoy los votos para aprobar el texto tal como fue enviado.
En ese marco, el debate ya no pasa solo por si las PASO deben seguir existiendo o no, sino por qué modelo de primarias podría reemplazar el esquema actual.
El PRO toma distancia de la eliminación total
El primer gesto de enfriamiento llegó desde el principal aliado parlamentario del Gobierno. El jefe del bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo, evitó respaldar la derogación plena y planteó públicamente que el sistema admite variantes intermedias.
“No tiene por qué ser blanco o negro, puede haber primarias y que no sean obligatorias, o puede haber primarias y que no participen aquellos que tienen lista única”, sostuvo en declaraciones a Radio Rivadavia. Ritondo también reveló que el oficialismo no consultó previamente al PRO sobre el contenido de la reforma. “No lo han discutido con nosotros”, cuestionó, y remarcó que el partido aún no fijó postura institucional.
La advertencia no es menor: el macrismo aparece como un aliado clave para cualquier mayoría legislativa, pero también como uno de los espacios que más depende de las primarias para ordenar candidaturas en distritos donde convive o compite con La Libertad Avanza.
Además, Ritondo planteó que ficha limpia podría discutirse por separado del paquete electoral, una postura que también comparten otros sectores dialoguistas y que complica la estrategia oficial de usar ese capítulo como incentivo para aprobar la reforma integral.
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La resistencia a la eliminación pura encontró rápidamente una alternativa formal dentro del Senado. El jefe del bloque radical, Eduardo Vischi, presentó un proyecto propio para transformar las PASO en primarias abiertas, simultáneas y optativas.
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La iniciativa mantiene el mecanismo, pero elimina su obligatoriedad tanto para electores como para partidos, habilita que las fuerzas sin competencia interna salteen esa instancia y propone ajustar la organización electoral a la participación real para reducir costos. “Debemos cuidar los recursos de todos”, argumentó Vischi al presentar la propuesta.

El proyecto radical se alinea parcialmente con el diagnóstico libertario sobre el desgaste del sistema actual, pero ofrece una salida distinta: reformar las PASO en lugar de eliminarlas. En la práctica, instala una vía de negociación legislativa intermedia que podría ganar volumen si el oficialismo acepta revisar su postura original.
El oficialismo admite que necesita negociar
Desde el propio oficialismo ya empezaron a bajar el tono de intransigencia inicial. El presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, reconoció en una entrevista con Parlamentario que el Gobierno no cuenta con mayoría propia para aprobar la reforma y que el texto está abierto a modificaciones.
“Nosotros solos con La Libertad Avanza no tenemos los votos para sacarlo, por eso hay que dialogar mucho”, afirmó. Y admitió que la iniciativa “perfectamente se podría haber tratado en tres o cuatro leyes”.
Lo cierto es que el gobierno ya reconoce que será una negociación que podría durar varias semanas y hasta meses, con la Copa del Mundo de Fútbol en el medio. Patricia Bullrich ya empezó a moverse dentro de la Cámara Alta para las primeras articulaciones con aliados.
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Abdala defendió la eliminación de las PASO bajo el argumento de que “las internas partidarias no deben pagarlas los argentinos”, pero al mismo tiempo dejó abierta la puerta a cambios en la negociación parlamentaria. “Veremos con el correr de los días cuál es la ley definitiva que se aprueba”, sostuvo.
Sus declaraciones reflejan el nuevo escenario: la Casa Rosada mantiene el objetivo político de derogar las primarias, pero ya asume que el texto final dependerá de las concesiones que esté dispuesta a aceptar.
El peronismo rechaza la discusión y busca correr el eje
Del otro lado, el peronismo mantiene su rechazo frontal. El jefe del interbloque justicialista en el Senado, José Mayans, calificó la reforma como “una cortina de humo” y acusó al Gobierno de intentar desviar la atención de la situación económica y social.
Para Unión por la Patria, la discusión electoral no solo es inoportuna sino funcional al intento oficialista de ordenar un sistema político fragmentado mientras evita debatir otros temas de agenda.
Ese rechazo deja al oficialismo con una conclusión cada vez más evidente: si quiere avanzar con la reforma, deberá construir mayorías casi exclusivamente con aliados y sectores dialoguistas. Y esos mismos espacios ya dejaron claro que no están dispuestos a acompañar el proyecto sin cambios.
Así, a menos de una semana de haber ingresado al Congreso, la reforma electoral de Milei ya dejó de ser un texto cerrado. Lo que empezó como una apuesta por eliminar las PASO y rediseñar de una sola vez el sistema político entró rápidamente en la lógica clásica del Parlamento: negociación, fragmentación y reescritura.
JD / EM