Pablo Moyano decidió terminar con el perfil bajo y vuelve a jugar fuerte. El dirigente camionero activó una doble ofensiva: por un lado, va a usar un cónclave sindical para denunciar al Gobierno por la crisis laboral; y por el otro, amenaza con cortar la distribución de bebidas si las grandes empresas no ceden ante sus reclamos salariales.
Esta reaparición rompe el silencio que mantenía tras el fuerte cortocircuito interno con su papá, Hugo Moyano. La vuelta oficial a las canchas será este martes a las 9.30 en la zona del Congreso. Ahí, el líder gremialista hará de anfitrión en la reunión directiva de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF), un encuentro que junta a unos 45 dirigentes de 25 países.

Acompañado por el referente ferroviario Julio Sosa, el vicepresidente mundial de la ITF va a apuntar todos sus cañones contra la Casa Rosada. En el temario del reclamo figuran un duro rechazo a la nueva reglamentación de la reforma laboral, críticas por el deterioro social y una denuncia formal por la persecución y las multas que la actual gestión le impuso al gremio de los trenes.
Pero la pelea de Moyano no se queda solo en la política. Al mismo tiempo, Camioneros abrió un frente de batalla durísimo contra pesos pesados de la industria como Coca-Cola y Quilmes. El centro del conflicto es que exigen igualdad total en los pagos de presentismo y adicionales, buscando que los choferes tercerizados cobren los mismos premios que los empleados directos de las marcas.
Como las reuniones fracasaron a fines de mayo, el sindicato metió presión y arrancó con un estricto trabajo a reglamento que frena y complica toda la logística. Fiel a su estilo, el dirigente fue al hueso para explicar la falta de acuerdo: "Se siguen haciendo los boludos y miran para otro lado", disparó, dejando en claro que si falta mercadería en la calle, las únicas culpables serán las empresas.
Los Moyano unidos para no perder Camioneros
Tensión en el súper: el impacto en los precios y las góndolas
Esta forma de protesta de los choferes ya empezó a armar un cuello de botella enorme en los centros de distribución. Al cumplir al pie de la letra con cada norma de seguridad y bajar al mínimo la velocidad del trabajo, las empresas calculan que entre un 20 y un 50 por ciento de la carga diaria da la vuelta a los galpones sin llegar a destino.
Esa falta de productos pega de lleno en el bolsillo de la gente y cambia las reglas de juego en el almacén del barrio. Cuando los comercios reciben menos stock del habitual, la reacción es automática: los dueños vuelan las promociones y remarcan los precios para intentar sostener sus ganancias frente a las heladeras vacías.
El panorama a corto plazo viene complicado, porque lo que encarece el transporte por la lentitud del reparto va a terminar trasladándose directamente a los precios mayoristas. Sin una nueva reunión a la vista, el sindicato ya avisó que va a ir a fondo con su plan de lucha, dejando al sector de las gaseosas y cervezas al borde de la parálisis total si las firmas no aflojan.
TC/ML