El HMS Medway, el nuevo "ojo" británico en el Atlántico Sur —que este año reemplazó al HMS Forth—, trazó una ruta que encendió alertas: zarpó desde las Malvinas, navegó aguas bajo jurisdicción argentina y atracó en el Muelle Prat de Punta Arenas, ciudad chilena ubicada sobre el estrecho de Magallanes. A simple vista, parecería una escala técnica más.
Sin embargo, la controversia surgió porque el Reino Unido supuestamente había omitido la notificación previa prevista en el Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas, un mecanismo derivado de los Acuerdos de Madrid de 1990 que obliga a informar determinados movimientos para evitar incidentes o interpretaciones que aumenten la tensión.
Ante las versiones periodísticas que señalaban que el Reino Unido había omitido este aviso, fuentes del Ministerio de Defensa dieron explicaciones a PERFIL. La respuesta oficial fue tajante: bajarle el tono a la polémica. Según explicaron, la Armada Argentina detectó el desplazamiento del HMS Medway "en tiempo y forma" y señalaron que este tipo de navegaciones se comunican mediante los mecanismos previstos entre ambos países.

"Ese buque volvió de Punta Arenas y pasó esa misma ruta. Avisó al Estado Mayor Conjunto, a Defensa y a Cancillería. Todo está en regla", aseguraron a PERFIL, quien rápidamente calificó el revuelo mediático como "un poco inflado".

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En este escenario geopolítico, la escala en Punta Arenas volvió a mostrar el papel estratégico que cumple el extremo sur chileno dentro de la logística antártica y del Atlántico Sur. Aunque Chile sostuvo que se trató únicamente de una operación de abastecimiento, el uso de puertos regionales por parte de unidades británicas siempre genera atención en Argentina.
Sin más, en la década pasada, los países del Mercosur y la Unasur impulsaron políticas para restringir el apoyo logístico a embarcaciones militares británicas vinculadas con las Islas Malvinas. Ese consenso, sin embargo, se fue debilitando con los cambios políticos en la región.
Además, en 2022 el gobierno de Gabriel Boric desautorizó y canceló que el patrullero británico HMS Forth utilizara Punta Arenas como escala técnica. La nave se dirigía a la feria Exponaval en Valparaíso, y esta decisión fue interpretada en su momento como un gesto de respaldo diplomático a la posición de Argentina frente a la disputa por las Malvinas.

Cómo seguir la ruta del buque
La ubicación exacta del HMS Medway y sus movimientos recientes pueden ser verificados a través de plataformas de monitoreo marítimo como MarineTraffic. A través del sistema AIS (Automatic Identification System), es posible rastrear el posicionamiento en tiempo real de la embarcación y observar el detalle de su escala en el puerto de Punta Arenas.

El caso RRS Sir David Attenborough en Malvinas
La presencia de buques británicos en el Atlántico Sur ya había escalado niveles de tensión política durante el pasado mes de marzo, luego del ingreso del RRS Sir David Attenborough a las Islas Malvinas. Aquel buque, una joya tecnológica de la investigación científica, realizó un recorrido que comenzó en Punta Arenas (Chile) y continuó por Puerto Williams, para finalmente dirigirse al archipiélago en disputa, navegando aguas que Argentina reivindica como propias.
Aunque, el punto más crítico de aquella misión no residió exclusivamente en la ruta, sino en la identificación de la nave.
De acuerdo a los registros internacionales del sistema AIS, el buque figuró bajo el estandarte de Falkland Islands Overseas Territory. Para la diplomacia argentina, el uso de esta bandera en aguas nacionales constituyó una provocación, ya que representaba a una autoridad que el Estado considera ilegal y cuya existencia jurídica no reconoce.
Frente a la consulta sobre por qué estas embarcaciones pueden transitar sin ser interceptadas, la respuesta técnica se apoyó en la figura del "paso inocente", contemplada en el derecho internacional. Esta normativa establece que, siempre que la navegación sea continua y rápida, la embarcación no puede ser detenida ni su tránsito impedido.

Lejos de la controversia, el RRS Sir David Attenborough se trató de un buque de 129 metros de eslora, fruto de una inversión estatal británica de 200 millones de libras, diseñado para la investigación polar de vanguardia.
Con una autonomía de 19.000 millas náuticas y capacidad para 90 tripulantes, el navío demostró ser una herramienta clave para la proyección científica y logística del Reino Unido en la región. Su despliegue, que incluyó tecnología de punta como drones marítimos y aéreos, recordó la capacidad instalada que Gran Bretaña mantiene en el extremo austral.
