viernes 09 de diciembre de 2022
SOCIEDAD Gente que se busca entre sí

Cómo puede buscar a sus padres biológicos una persona adoptada

En Argentina existe la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. Sin embargo, también existen apropiaciones de hijos entregados o vendidos a una nueva familia, fuera de la ley. En esta densa red de gente que busca gente hay muchas historias y varias tienen finales felices. Por dónde empezar a buscar los ancestros biológicos.

Según el Fondo de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) hay más de 150 millones de niños a nivel mundial que viven en centros de acogida o adopción, pero necesitan un hogar. Muchos de ellos, sin embargo, cumplen los 18 años y deben abandonar ese lugar que les dio una contención.

En Argentina existe la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Pero en redes y en forma privada “se ofrecen” chicos o bebés a potenciales adoptantes. Los ofrecen terceros o las propias madres en gestación, cuando se trata de un embarazo no deseado, entre otros casos puntuales.

En los chicos que fueron adoptados, el paso del tiempo hace nacer un sentimiento que se agiganta: "¿Quiénes son mis padres biológicos? ¿Cómo encontrarlos?" No por falta de gratitud hacia la familia adoptante, sino por la imperiosa necesidad de regresar a la semilla, conocer la identidad, la historia personal desde la gestación. Crecer en familia es un derecho; rastrear los orígenes, también.

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Adopción: en el mundo hay 150 millones de chicos y adolescentes que esperan ser adoptados, según UNICEF.

Cómo buscar a los padres biológicos

Si una persona sabe que es adoptada, puede averiguar quiénes son –o fueron- sus padres biológicos solicitando la apertura de su legajo de adopción, solo a partir de la mayoría de edad.

Aunque no lo sepa inicialmente, su caso también podría ser una apropiación, algo bastante habitual en Argentina: en su partida de nacimiento figuran sus padres adoptantes como los biológicos. Se cree que hoy día, en el país, hay 3 millones de personas que fueron apropiadas por familias que los adoptaron, pero no a través de los mecanismos legales para hacerlo.

Si no se sabe por dónde empezar la búsqueda de los orígenes, un buen primer paso sería comprar un test “ancestral” de ADN, de venta libre (entre US$ 70 y US$ 100, según el laboratorio que lo fabrica), que incluso se vende por internet. En Argentina se comercializan tres marcas.

El test consiste en dejar en un tubo esterilizado, que viene en un kit, una prueba de saliva o, según la marca, se requiere tomar con un hisopo una muestra de células epiteliales dentro de la boca, raspando con el hisopo la cara interna de la mejilla. Al menos media hora antes, no se puede comer, fumar, beber, masticar chicle ni lavarse los dientes o enjuagarse la boca con algún producto de higiene, para no disfrazar el ADN de la muestra.

La prueba tomada se envía luego por correo a un laboratorio de Rosario, que se encarga de enviar las muestras a Estados Unidos, donde la analizarán.

ADN
Búsqueda de los padres biológicos: el Test de ADN es la ruta científica que despliega líneas genéticas en varias direcciones.

Búsqueda de padres con tests de ADN

La ancestralidad del kit de prueba se refiere a que los resultados permiten elaborar una familia de ADN extendida: muestra nombres y apellidos con posibles coincidencias genéticas; los países donde predominan esas marcas genéticas (por ejemplo, si un apersona tiene 30% de español, 40% de italiano y 30% de nativo americano); la línea ascendente paterna; la línea ascendente materna y otros apellidos genéticamente vinculadas a quien busca.

Con algunos kits de ancestralidad se puede incluso saber si el buscador tiene algún famoso en la familia o, más sorprendente aún, ciertos productos permiten saber cuánto ADN neandertal corre por sus células.

Esos datos quedarán archivados, porque el kit sólo se activa a través de un código de barras que direcciona hacia la creación de una cuenta de usuario con nombre, sexo y fecha de nacimiento.

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Adopción y Test de ADN.Una muestra de saliva o de mucosa epitelial puede medir 600.000 marcadores y rastrear hasta 7 generaciones hacia atrás.

El sitio también pregunta si se permite que otros lo encuentren por su nombre en futuras posibles coincidencias, o por el contrario se deniega, lo cual claro está, cerrará la puerta a dar con otros hipotéticos familiares.

Las compañías que elaboran los kits de ADN tienen bases de datos de las personas testeadas; algunas muy voluminosas, con 6,2 millones de personas.

El resultado del test se coteja con los datos archivados y eso arroja una lista de “matches” o coincidencias de ADN. Es decir, qué personas del propio archivo tienen algún grado de parentesco con la persona testeada. A partir de allí se puede iniciar una investigación basada en la genealogía genética.

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Mónica Rodríguez (centro) inició la búsqueda para conocer sus raíces; encontró a sus padres y también a dos hermanas, María Susana (izq.) y María Julia (der.). Tardó 30 años, pero tuvo un final feliz.

Orígenes y adopción

"A diferencia de los tests que se utilizan en Argentina para hacer cotejos y determinar, por ejemplo, si hay paternidad o relación de hermanos, esos tests de ancestralidad miden 600.000 marcadores, muchísimos más que los comunes”, explica Mónica Rodríguez, una psicóloga que sabía que era adoptada y quiso conocer su historia, una búsqueda que le demandó 30 años.

Según algunos involucrados en el tema, esos tests permiten reconstruir parentescos hasta 7 generaciones hacia atrás y es posible detectar relaciones como las de medio-hermanos (por parte de padre o madre) que con la tecnología aplicada para cotejos en laboratorios privados hoy no se podrían detectar.

Parece buscar una aguja en un pajar y ciertamente lo es. Lo que comenzó con una pregunta a ciegas a partir de datos poco certeros terminó en una investigación de fechas, lugares, migraciones, historias inconclusas e incluso en el manejo de términos científicos como “Centimorgans” para comprender hasta dónde llevan los cromosomas.

“Yo me contacté primero, por Facebook, con unas posibles primas que no me dieron cabida. Pero tuve mucha suerte porque poco después me crucé con Vanessa, otra posible prima, quien resultó ser la hija de un primo segundo. Ella me puso enseguida en contacto con su padre. Romualdo, el padre, me escuchó con mucha atención y aceptó hacerse el test de ADN ancestral que me permitió corroborar el parentesco con la familia C que, supe luego, era la de mi madre biológica”, rememora Mónica Rodríguez.

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La búsqueda de Mónica Rodríguez, adoptada, comenzó con un único dato: su madre biológica quería que la llamaran "Laura", una historia que reflejaron varios diarios de La Plata, para intentar unir esas dos puntas de vida.

Una búsqueda de 30 años

“Mi búsqueda comenzó en el año 1992 y culminó en junio de 2022. Con algunos impasses en el medio, para recuperar el aliento, tomar aire fresco y seguir adelante”, cuenta Mónica Rodríguez.

Ser mamá por primera vez, a los 28 años, despertó en ella el deseo de averiguar cómo había venido al mundo. Sólo tenía dos datos que le había dado su mamá: habían ido a buscarla a un hospital de La Plata; la madre biológica era muy jovencita y quería que llamaran Laura a su beba. Eso era todo. Luego logró sonsacarle el nombre del médico que la contactó con la partera.

“Lo fui a ver. Y él tardó varios meses en revelarme el nombre de esa partera, tuve que ir muchísimas veces a tocar el timbre de su casa. Me recibía una empleada y me dejaba esperando en un amplio living varios minutos hasta que él entraba. Me lo fue diciendo letra por letra, con las visitas sucesivas. En el ínterin, yo regresaba a mi casa, y buscaba apellidos con esas dos primeras letras, ingenuamente pensando que así lo ayudaría a refrescar su memoria (él me decía que empezaba con "Co", pero no se acordaba cómo seguía…). En uno de esos encuentros me dijo: “¡¿Para qué buscar, si usted tiene una buena vida?!”… rebobina Mónica.

“2001 fue el año de las excursiones a La Plata, ya que decidí aventurarme a la ciudad que según me habían dicho, me había visto nacer. No sabía bien qué, ni dónde, ni a quién buscar, pero iba todos los miércoles sola, acompañada por amigas y, en ocasiones, por compañerxs de búsqueda que fueron apareciendo en el camino, otra gente que buscaba sus orígenes como lo hacía yo…”, cuenta la protagonista.

Y Mónica revolvió cielo y tierra a tal punto que varios medios platenses se hicieron eco de su necesidad imperiosa de reconstruir la memoria familiar. Para los medios ella era “Laura”, porque le parecía que si su madre biológica escuchaba su historia, podría reconocerla.

Y un día, casi como Sherlock Holmes en busca de nuevas pistas, miró una vez más su partida de nacimiento y comprobó algo que había pasado desapercibido: sus padres adoptivos figuraban como si fueran sus padres biológicos. Había sido una de las tantas bebas apropiadas que pasan sin ley, registro oficial ni papeles, del vientre de su madre a una familia.

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Y la familia se agrandó.

Adopción no es apropiación

“Me llevó años entenderlo y aceptarlo, pasé por una complejísima operación psíquica por la cual, a pesar de mi desacuerdo con el modo de la ‘adopción’, en mi interior mi cariño y agradecimiento hacia ellos seguía intacto”, hilvana. Y el tiempo siguió pasando mientras escribía un monólogo para Teatro por la Identidad, armaba varios blogs, gestaba grupos en Facebook nucleando a protagonistas de adopciones “irregulares”.

Hasta que en 2017 se realizó el test de ADN ancestral, que le ahorró kilómetros de búsquedas que no conducían a ninguna parte. Con todo, pasaron 4 años, y 9 meses hasta develar la incógnita de su origen. Tuvo que pedir ayuda, porque descifrar un mapa genético no es sencillo, y el nombre de Clara Petrakos despierta en ella un enorme agradecimiento. Y de haberse criado con solo una hermana, logró sumar toda una nueva familia, la familia C., la de sus raíces más genuinas.

No solo supo quiénes habían sido sus padres biológicos sino encontró dos hermanas menores que ella, María Susana y María Julia, 100% hermanas, hijas de los mismos padres que a ella misma le dieron la vida, Lucrecia y Juan Carlos. Sólo faltaba “Laura”.

“Lo que yo buscaba, desde siempre, eran mis orígenes. Padres tuve, Isabel y Julio. En el contexto de sus humanas limitaciones, fueron amorosos y generosos. Les estaré por siempre jamás agradecida. Por albergarme, cuidarme y quererme”, insiste Mónica Rodríguez, hoy.

“A Lucrecia y Juan Carlos, mis padres biológicos y de origen, ya fallecidos, les digo gracias por haberme dado la vida, por siempre jamás. Y estoy tratando de entender, ayudada por mis hermanas, hasta donde se pueda, qué encrucijada de sus vidas derivó en mi entrega a las manos de otra familia al nacer”, resume antes de perderse en los hilvanes sin costura de los destiempos que habrán vivido.

“Hoy gracias a la constancia de Mónica, siempre acompañada por su familia, nos conocimos y estamos construyendo y afianzando nuestro vinculo de hermanas”, cuenta María Susana (54), a quien la aparición de Mónica (58) “desbarrancó” de su sitio de privilegio de “la hermana mayor”.

“Muchos interrogantes se abrieron, señales que a la luz de esta revelación informaban que sí, que había algo oculto sobre todo en mamá, callada... ocultaba sus sentimientos más profundos con su hermosa sonrisa y su simpatía, su disposición a escuchar, aconsejar, estar para los demás. Siempre sentí que algo la entristecía ¡no podía saber qué! Pero lo intuía…” recuenta María Julia (53), la hermana menor.

“Hay un lazo que se siente, que va más allá de la nueva historia que me tengo que contar a mí misma, y es la sensación de que ‘ya está’, algo faltaba pero ya sé qué es. Nuestro árbol se completó. Aceptar que tengo una hermana de la que no tenía conocimiento me movilizó. Al conocerla, la sentí hermana, y hoy miro al cielo y puedo decirles a Juan y a Lucre que ya estamos juntas. Descansen en paz, los amo y no los juzgo”, concluye.

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Todavía siguen conociendo primos, sobrinos y más familiares en común.

Dónde pedir ayuda para buscar a padres biológicos

Hay varios organismos públicos que ayudan a buscar a padres biológicos, pero hay que saber a cuál de ellos dirigirse.

Si la persona que busca su verdadera identidad nació entre julio de 1974 y diciembre de 1983 puede dirigirse a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), que se creé en 1992, a instancias de las Abuelas de Plaza de Mayo

En el CONADI, además de tomarse una muestra para el Banco Nacional de Datos Genéticos, comienza un rastreo: los datos fresquitos se cotejan con los de las familias que buscan nietos de personas detenidas y desaparecidas durante la última dictadura cívico militar argentina. Se sospeche o no que uno haya nacido en cautiverio, es importante acudir al CONADI, porque permite ampliar la base de datos para los estudios genéticos posteriores.

Si quien busca sus orígenes nació fuera del rango de fechas 1974-1983, tiene más lugares en donde pedir asesoramiento y ayuda:

  • Defensoría del Pueblo de la Nación.
  • Programa Nacional sobre el Derecho a la Identidad Biológica de la CONADI.
  • Si cree que nació en la provincia de Buenos Aires, la Dirección Provincial de Registro de Personas Desaparecidas
  • La Secretarías de Derechos Humanos de cualquier provincia.

Contar con una base de datos unificada ahorraría tiempo, esfuerzos y dinero, porque los organismos públicos no cobran por su gestión, pero los privados, sí.

En el rango de los primeros pasos a dar, no habría que desestimar el archivo digital de la humanidad que realizan los Mormones desde hace unas décadas (www.FamilySearch.org). Contiene registros internaciones de árboles genealógicos de todo el mundo y se pueden consultar por internet.

Adopciones y ONGs que ayudan a buscar

En Argentina, igual que en otros países, también hay ONGs y grupos de buscadores que asesoran sobre los pasos a seguir en los organismos oficiales.

Por ejemplo, la ONG Encontrarnos, fundada por Alejandra Goicoechea. Allí se dictan cursos gratuitos de interpretación básica de resultados de test de ADN. Trabajan con otros pares por una Ley Nacional de Adopción y por una Ley que tipifique el delito de venta de niños en Argentina. Para agilizar el trabajo de quienes quieren dar con sus padres biológicos sería esencial contar con un Registro Único de casos.

La fundadora de la ONG Encontrarnos nació en Buenos Aires, en 1960, y busca sus orígenes desde hace 42 años. Un test de ADN ancestral le permitió encontrar a su familia biológica paterna el año pasado. Sigue buscando activamente a su familia biológica materna.

Las búsquedas familiares pueden prolongarse más de lo deseado, pero el Test de ADN ancestral traza un mapa de enorme precisión

Las redes sociales también dieron impulso al tema y nuclean a quienes comparten intereses comunes, por ejemplo la ONG Nuestra Primera Página, otra ONG sin fines de lucro con personería jurídica en la provincia de Santa Fe, que preside Alejandra Gurovici.

Estos organismos funcionan también como un sostén emocional y psicológico necesario para quienes están dispuestos a buscar sus ancestros, los lleve adonde los lleve. Tienen expertos en informática, asesores legales, médicos genetistas, etc.

Por otra parte, contar en la búsqueda con el aval o el acompañamiento de algún organismo como CONADI, inspira confianza. Pongámonos en la piel de la persona que de pronto recibe un mensaje o un llamado de alguien que quiere saber si es su hijo o comparten el padre o la madre. Es evidente que la situación inspira desconfianza, negativas o rechazos. Al menos en principio, la primera reacción no es la de recibir con los brazos abiertos al nuevo integrante de la familia.

La noticia saca a la luz historias que permanecieron ocultas o confirma sospechas nunca comprobadas. Todo es cuestión de tiempo. Por otra parte, no es lo mismo presentarse ante un desconocido para decirle “puede ser que seamos familiares” teniendo solo un dato peregrino que aportar la información científica de la genealogía genética.