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UNIVERSIDADES / Formadores educativos
sábado 13 abril, 2019

Volver a jerarquizar la profesión docente y la autoridad pedagógica

Los maestros cumplen un rol fundamental en la educación, por lo que es necesario mejorar su formación, apuntalando la motivación de quienes aspiran al magisterio. El ejemplo de Finlandia.

Rodrigo S. Miguel

Prestigio. En la Argentina los docentes sufren cierto desgaste, mientras que en el sistema nórdico son valorados como la profesión en la que se basa el sistema social. Foto: cedoc

En nuestro país, la profesión docente chapotea desde hace tiempo en el descrédito, pero también es verdad que muchos de los problemas que se le achacan no tienen que ver necesariamente con ella. Hay un marcado deterioro de políticas que han puesto a los maestros en una posición insostenible. Y es sabido que ningún sistema educativo alcanza resultados de calidad si no ubica al maestro en un rol preponderante dentro de su estructura.

Hay mucho para corregir en ese sentido. Si deseamos recuperar el prestigio docente, los salarios de los maestros deben condecirse con la importancia social de su trabajo. Su formación debería ser mucho más sofisticada, y su relación con los alumnos debería repensarse: ya son indispensables la horizontalidad, el intercambio constante, la introducción de la noción de futuro en la enseñanza de habilidades. (...)

Caso finlandés. No estamos inventando nada. (...) Uno de los principales motivos por los que Finlandia tiene el mejor sistema educativo del mundo es el lugar que ha destinado a los docentes. Se trata de una combinación de elementos: el maestro finlandés es tan valorado por el sistema como exigido respecto de las responsabilidades que debe asumir en el aula y fuera de ella. (...)

En el país nórdico, el magisterio es una carrera de cinco años, mientras que en el mundo el promedio es de tres, y solo es admitido menos del 10% de los aspirantes. Para ser maestro se necesitan notas elevadas y una estricta prueba de selección. La formación docente es un filtro, no un aguantadero: para ser maestro se debe contar con un promedio de 9 sobre 10 en la escuela secundaria, y se toma en cuenta además una serie de actividades que demuestran alta sensibilidad social en el candidato (cursos,voluntariados, etc.). Las universidades no solo educan a los futuros educadores, sino que mantienen una serie de entrevistas durante la carrera para medir sus capacidades intangibles, sus niveles de empatía, su gestión del aula en situaciones determinadas. Por último, los mejores egresados del magisterio son destinados a la enseñanza infantil, ponderada por el sistema como la etapa decisiva para que el proceso educativo de cada estudiante sea el correcto.

El salario es considerable, pero no el más alto a nivel internacional. “La paga no es tan importante si comparamos con los sueldos de otros países”, declaró hace ya algunos años el especialista finlandés Jouni Välijärvi, doctor en filosofía e investigador de la Universidad de Jyväskylä. “En Suiza es casi el doble. La paga, por sí sola, no explica la popularidad de la profesión en Finlandia y es difícil de explicar por una sola razón. Si bien los sueldos no son muy altos, ser docente da buenas perspectivas en la sociedad. Muchos docentes trabajan en casas de edición u otras profesiones”. La cuestión radica, entonces, en motivaciones que tienen que ver con el prestigio, con la importancia que la sociedad otorga a la vocación docente. (...)

Estudio argentino. El caso argentino presenta dificultades propias. En “Apostar a la docencia”, otro documento de Cippec, en esta oportunidad realizado en conjunto con Unicef y la Embajada de Finlandia en Buenos Aires, Florencia Mezzadra y Cecilia Veleda se anclan en la docencia para explorar el estado actual y las tendencias del paisaje educativo nacional. Las preocupaciones de las investigadoras giran alrededor de cuatro ejes. El primero de ellos, la formación de los cimientos del sistema, opera sobre las evidentes falencias en la formación de los maestros. Hay problemas de base en el sistema formador. (...) En la actualidad se otorgan más recursos, y hubo cambios curriculares en los planes (por ejemplo, la extensión de la carrera a cuatro años frente a los abismales dos años y medio anteriores), pero Mezzadra y Veleda advierten que los nudos críticos incluso se han vuelto peores, especialmente en lo concerniente al sobredimensionamiento y la fragmentación del sistema. Sin instituciones fuertes, sin pactos colectivos entre el gobierno central y las provincias, sin inversión ni tiempo, será complejo destrabar esos cuellos de botella que impiden mejorar integralmente el sistema de formación.

En segundo lugar, según las autoras, resulta evidente que las distintas instancias relacionadas con el flujo de los docentes al interior de la estructura educativa –su atracción, oferta, selección, distribución, retención y ascenso– adolece de improvisación, lo cual tiene consecuencias muy destructivas. Sin una reglamentación equitativa, que premie a los maestros más comprometidos y creativos y estimule al resto del colectivo a mantenerse actualizado para mantener estándares de calidad en la enseñanza, los candidatos que se acerquen por vocación serán repelidos. Un sistema que expulsa a sus mejores aspirantes no puede sobrevivir. La lógica discrecional en la asignación de cargos es un cáncer que debe ser removido lo antes posible.

Las condiciones de trabajo ocupan el tercer lugar. (...) En palabras de Mezzadra y Veleda: “Los docentes sienten que su rol se desdibuja, al verse cada vez más involucrados en la atención de los problemas sociales, que aquejan la salud física y psíquica de los alumnos. La conflictividad en las aulas ha ido en aumento en buena parte de las escuelas, con particular fuerza en aquellas situadas en los contextos más vulnerables. Resulta cada vez más difícil lograr ambientes mínimamente armoniosos como para poder dar clase”. (...)

El último eje se conecta con (...) el apoyo sin concesiones a la enseñanza. La pérdida de eficacia de los dispositivos tradicionales se instala como una discusión que aún debemos darnos: ¿cómo usamos las nuevas tecnologías en las aulas y qué pueden hacer los docentes con ellas? Incorporar nuevos soportes y materiales es sin dudas un paso hacia delante, pero el maestro debe ser tenido en cuenta en esa integración. Internet nunca podrá reemplazar al maestro. (...)

En la actualidad, la profesión docente sufre un desgaste en su autoridad pedagógica y en la jerarquización de su rol social. Maestros y profesores mal formados, mal estimulados y mal remunerados deben hacerse cargo de demandas crecientes, para las cuales no tienen suficientes competencias.

Debemos plantearnos como misión motivar a los candidatos al magisterio, darles el lugar que su accionar fundamental y generoso merece. Nada se encarrilará solo con presupuestos.

*Autor de El poder de la educación, Editorial Dunken (fragmento).


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