COLUMNISTAS

Acto de posguerra

|

La compra de Nextel por el Grupo Clarín fue anticipada hace casi dos años por su plan de adecuación a la ley audiovisual, que presentó obligado tras el respaldo que dio la Corte Suprema de Justicia a esa norma, y en el que separaba las unidades periodísticas del multimedios (diarios y revistas, radios, Canal 13 y TN) de aquellas dedicadas al transporte de datos (Cablevisión y Fibertel). Ese plan –hoy suspendido- excedía los requerimientos legales y era el primer indicio desde 2008, es decir, desde que se desató la guerra con el gobierno, de que el conglomerado liderado por Héctor Magnetto comenzaba a mirar más allá de su atención prioritaria a la coyuntura. El panorama de posguerra diseñado en el cuartel general del grupo incluye su ramificación a la telefonía móvil.

La digitalización de redes que prestan simultáneamente servicios de transporte de señales audiovisuales y conexión a Internet ubican a Cablevisión, principalmente, como una empresa de telecomunicaciones. Su red, robusta para el contexto argentino, es fija. Es lógico que busque expandirse al segmento móvil, que en esencia distribuye datos, ya que los niveles de masificación de los móviles superan con creces los de las redes físicas, la facturación del sector es superior y la ley TIC “Argentina Digital” favorece a los operadores absteniéndose de fijar topes similares a los que dispone la ley audiovisual para los licenciatarios de radio y tv.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

El Grupo Clarín es anfibio. Desde la perspectiva económica, es un actor de telecomunicaciones; desde la perspectiva política, es un actor mediático. Desde que la televisión por cable se convirtió en su principal fuente de ingresos, hace más de 15 años, la línea editorial y periodística fue quedando supeditada a la estrategia de ampliar el volumen de los negocios en el más lucrativo sector de infraestructuras de conexión. En esa línea se inscribe la fusión Multicanal-Cablevisión autorizada por el ex presidente Néstor Kirchner en diciembre de 2007. Esta fusión es clave para comprender parte de la historia posterior, tanto del multimedios como de las políticas de comunicación de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Con la fusión de 2007 el Grupo Clarín consolidó más del 80 por ciento de sus ingresos en la actividad de transporte de señales y datos y constituyó el matrimonio por conveniencia entre Clarín y el fondo Fintech, de David Martínez (hoy también accionista de Telecom y acreedor de deuda externa argentina).

Con esta compra, Cablevisión aprovechará la convergencia tecnológica para vender servicios en casi todas las plataformas. Nextel, entonces, es la cabecera de playa del Grupo Clarín en las telecomunicaciones móviles, sector hoy dominado por tres gigantes con accionistas extranjeros (Movistar de Telefónica, Personal de Telecom y Claro de América Móvil).

La compra del 49% de Nextel involucró una inversión inicial de 165 millones de dólares, el futuro control de la compañía y el proyecto de potenciar una empresa que es chica tanto por su cantidad de clientes (3% del mercado de telefonía móvil en el país) como por las frecuencias que serían necesarias para expandir y optimizar sus servicios. Para ello el Grupo Clarín demandará que el Estado autorice la explotación de nuevas frecuencias y colabore en la inyección de competencia en un mercado hiperconcentrado que figura al tope de las quejas de los consumidores. Ironías de la competencia: mayor concurrencia, menor concentración de las telecomunicaciones y argentinidad al palo son los argumentos del Grupo Clarín en esta operación.

Ni el millonario desembolso hecho ni el proyectado desarrollo de Cablevisión-Nextel sucederían sin el consentimiento de los principales candidatos presidenciales. De modo que aunque el anuncio de la compra de Nextel produjo un nuevo cortocircuito entre el Grupo Clarín y el actual gobierno, esta vez relativo a la falta de autorización expresa de cambios en el accionariado de las operadoras que menciona la vigente ley de TIC “Argentina Digital”, en el fondo se trata del primer movimiento de la posguerra que realiza el Grupo Clarín y que compromete, de lleno, el próximo ejercicio presidencial.

 

*Especialista en medios.
@aracalacana