COLUMNISTAS
Detras del quorum

Dividir y conquistar

Con el medio guiño de racionalidad sindical que le dio Moyano, Macri va por más aliados del PJ.

Dar pelea, Hugo Moyano.
| Dibujo: Pablo Temes

Es significativo que esta semana Hugo Moyano haya reconocido que había que sincerar la economía. El camionero lo dijo en la previa del llamado del gobierno nacional a discutir paritarias, lo cual es un signo de moderación y entendimiento. Al parecer, hasta el sindicalismo más combativo empezó a notar el brutal estancamiento del empleo privado de los últimos cinco años. Para recomponer una economía competitiva que atraiga inversiones y cree empleo hay que bajar la inflación; eso quiere decir que hay que bajar el nivel de emisión monetaria que inunda la economía de billetes que no tienen valor. Para esto hay que cerrar el déficit fiscal histórico (7% del PBI) que dejó la administración de Cristina Fernández de Kirchner.

El gobierno de Macri eligió el camino de buscar financiamiento externo (arreglando con los holdouts para así emitir bonos con una tasa de interés más barata) y ajustar el tamaño del Estado a un nivel racional y eficiente. Esto quiere decir que hay que reestructurar los niveles de empleo público y disminuir subsidios que estén financiando a personas que no los necesiten. Sobre el empleo público ya desarrollé mi opinión en mi columna anterior. Ahora bien, las medidas del ministro Juan José Aranguren que tienden a la actualización de las tarifas de la luz en la región metropolitana de Buenos Aires merecen ser analizadas sin la hipocresía que algunos comunicadores les imprimieron. Hace años que vengo escribiendo de la importancia de actualizar tarifas, orientar los subsidios a la demanda (a los usuarios, no a las empresas) e impulsar así la inversión en grandes obras de infraestructura. Cuando se subsidia a todo el mundo, tal como lo hizo el kirchnerismo, no se está compensando al pobre, se le está dando un beneficio al pudiente (sea de clase alta o media). El pobre paga la inflación producto del sobregasto para subsidiar a ricos. La inflación sin actualización de tarifas genera desinversión en la matriz energética y como consecuencia cortes de luz cada vez más abarcativos y frecuentes. Esto fue el resultado de la desastrosa política energética que dejó el kirchnerismo. Argentina históricamente exportaba energía a sus vecinos; hoy el 8% de la energía es importada de Brasil y Uruguay. El nervio más sensible es el bolsillo, pero los precios no sólo marcan el costo de un servicio, sino que son una señal para consumirlo responsablemente. Hay que ser adultos, no es posible que llenemos el tanque de 40 litros de un auto por $ 600 semanalmente y que la tarifa bimensual de luz sea de $ 25. No seamos ridículos.

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Ahora bien, ¿cuál es el andamiaje político en el que el Gobierno se va a apoyar para sostener sus políticas? No hay que perder de vista los dichos del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, al autodefinirse como “peronista republicano” en el comienzo de las sesiones legislativas ordinarias de su provincia. Debería tomarse nota de semejante oxímoron. El peronismo siempre fue democrático, pero históricamente tensó la cuerda con la división de poderes. Los dichos del gobernador marcan el signo de los tiempos. En este marco, mientras los politólogos se preocupan por saber cuándo se va a reunificar el peronismo, el hecho político de la semana es la ruptura del bloque del Frente para la Victoria (FpV) en la Cámara de Diputados. Este clivaje al interior del peronismo fue liderado por los gobernadores Juan Manuel Urtubey (Salta), Carlos Verna (La Pampa) y Sergio Casas (La Rioja); además de los sindicalistas Ricardo Pignanelli (Smata), Sergio Sassia (Unión Ferroviaria), Norberto Di Próspero (Asociación de Personal Legislativo), Omar Viviani y Raúl Olivares (taxistas). Los que anunciaron su salida del bloque son 12 con Diego Bossio a la cabeza y aspiran, como mínimo, ser 18 al sumar peronistas pampeanos y ex massistas. Todavía está en veremos quién es la primera minoría ya que si bien el interbloque de Cambiemos tiene 90 diputados y el FpV 83, estos últimos podrían sumar aliados para alcanzar 91 escaños. La primera minoría es clave para la conformación de las comisiones bicamerales y para ocupar asientos importantes como en el Consejo de la Magistratura y en directorios de entes públicos. El gobierno de Macri va a ir por más rupturas dentro del FpV ya que necesita alcanzar el número mágico de 129 que da el quórum. Gildo Insfrán (Formosa), Juan Manzur (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones) prefirieron esperar con prudencia unos meses para divorciarse definitivamente del kirchnerismo. El faltante de diputados se acorta si se tiene en cuenta el acercamiento que tuvo Macri con un grupo de ocho diputados liderado por Darío Giustozzi e integrado por ex massistas, un tucumano y legisladores puntanos que responden a los Rodríguez Saá. Massa sigue teniendo un peso relativo importante para la aprobación de leyes con su interbloque compuesto por 35 escaños de Buenos Aires y del delasotismo cordobés. Ahora bien, Massa quedó lejos de ser el fiel de la balanza con esta balcanización en la Cámara de Diputados. Sin embargo va a tratar de sobresalir como interlocutor neoperonista.

El Senado es toda una incógnita; hasta el momento no se avizora una ruptura dentro del bloque peronista como consecuencia de que Miguel Angel Pichetto guarda una buena relación con el PJ ortodoxo y con los gobernadores. El Gobierno está todavía lejos de lograr quórum en la Cámara alta, donde debe aprobar leyes y los pliegos de los futuros jueces de la Corte Suprema. En fin, dividir y conquistar parece ser el leitmotiv del Gobierno por estos días. Las paritarias son la próxima estación: nada más unido que el sindicalismo a la hora de discutir salarios y asignaciones familiares. Así como parece surgir un peronismo republicano ojalá aparezca un sindicalismo responsable.

*Politólogo
(Twitter: @martinkunik)